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Superficie Por: Pily B.

Y bien, este es uno de esos extraños casos en los que, a pesar de lo que crees que encontrarás a lo largo de toda una historia, terminas tragándote tus propios pensamientos. Normalmente, e imagino que la mayoría coincidirá conmigo, tras los primeros párrafos, o en su defecto el primer capítulo, uno sabe si el libro le gustará o no. Entre otras cosas, porque una vez terminado ese primer capítulo, se debería estar perfectamente enganchado (o casi).

Es cierto que los capítulos de Superficie, la mayoría, son extremadamente cortos (dado que a su vez están divididos en subcapítulos), por lo que en su caso decidí leer alguno más para poder dar mi veredicto. Tras los tres primeros o así, veía una historia que bebía de otras muchas que conocía; algunas llevadas a la gran pantalla. Narraba una situación inicial que se me antojaba demasiado extensa, y al mismo tiempo, más cinematográfica que otra cosa, por lo que no podía dejar de imaginarme todo aquello recreado en un guión, o en su defecto, ya en un corto, y ese era el único modo en el que todo me cuadraba. Pero en una novela…

Afortunadamente, mi veredicto no fue el final.

Superficie (primera novela autopublicada por Héctor Álvarez Sánchez), para empezar, presenta un escenario de locura. Un escenario de lo más visual, post-apocalíptico, de esos que llevan a la enajenación más extrema al ser humano. A la barbarie más inaudita… pero, repito, bajo mi punto de vista, y una vez relatado ese comienzo en el que el protagonista no sabe quién es ni dónde está; en el que este mismo no es dueño de su cuerpo y mucho menos de sus pensamientos, una vez descrito esto, insisto, y rodeado de un entorno que no deja de aportar más paranoia, más deshumanización también a esos personajes que van apareciendo y, como no, a la situación que se va generando, el desarrollo de la novela terminaba haciéndoseme un constante recordatorio de otras. Una novela que, salvo pequeñas pinceladas, parece pertenecer más al mundo de lo terrorífico que al de la ciencia ficción, ¡y a mí me habían prometido ciencia ficción!

Pero por otra parte, también desde el principio, me percaté de que el autor no era un recién llegado y tenía el talento suficiente como para configurar historias y hacerlo bien. Que no me sedujesen las circunstancias que venían dándoseme (solo me entretenían), no significaba que no me diera perfecta cuenta de las aptitudes de Héctor Álvarez a la hora de comunicar ese gran caos. Por lo tanto, continué buceando en esas páginas donde, poco a poco, la barbarie de la raza humana, esa que viene dada por el desconocimiento y la incapacidad, termina dando paso a otro tipo de barbarie; esa otra que llega cuando, a pesar de conocer poco el entorno y a uno mismo, el ser humano empieza a odiar y necesita hacer uso de ese odio.

Por todo esto, pensé que tal vez lo que ocurría es que yo esperaba ciencia ficción, o en su defecto, una historia que, después de leer varias novelas seguidas (sin descansar), me aportara algo más de originalidad de lo que Superficie me estaba aportando. Así que continué leyendo, confiando en un final apoteósico, uno de esos que te dejan descolocado y dándole vueltas a toda la trama.

… Y así fue. Ese final llegó. Pero lo hizo antes, justo cuando llegados al inicio del caos, las cosas empiezan a tener sentido; un sentido que de nuevo no es todo lo original que esperaba, pero que me envuelve y atrapa mi atención. Un sentido que va internándose cada vez más en lo prometido, en el género de la ciencia ficción, de esa ciencia ficción que todos conocemos (imagino que algunos dirán que la más auténtica), la que describe experimentos fallidos. Esa ciencia ficción que evidencia lo patético de la raza humana. Esa ciencia ficción rebosante de negativismo y, por parte del autor, mala baba.

Ese giro, esa explicación del caos, esa forma que tiene Héctor Álvarez de llenar de sentimientos (a algunos casi en el último momento), a sus personajes, cargándoles de un plumazo del peso de saber que todo depende de ellos, fue la que me llevó a tragarme mis primeros pensamientos; a revocar mi veredicto inicial y cerrar la contraportada, finiquitando su lectura, con una nueva y grata sensación.

Superficie, está claro, ha sido una buena opción. La autopublicación de este autor, evidencia que no es más que un primer fogeo por su parte. Fogueo que, esperemos, termine en una atronadora entrada en la edición semi o profesinal; en la producción de nuevas obras que vuelvan a dejar nuestro criterio patas arriba.

Al menos yo lo espero.

 

publicado en diciembre de 2007

| Héctor Álvarez | Colección Hipocampo | Ediciones Parnaso | 156 págs. | Sep. 2007 | ISBN(13): 978-84-96662-23-0 |
 
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