¿Puede haber algo más terrible
que ser distinto, no tener conciencia de ello
y además verse obligado a esconderlo?
Ese es el triste drama del pequeño Horton
Bluett, huérfano, adoptado más
por cuestión de imagen que por autentica
convicción por Armand Bluett, un politicastro
miserable de un pueblecito más miserable
aún. No es querido ni por el prohombre
ni por la esposa de éste, sino visto
más bien como un instrumento propagandístico.
Lógicamente la vida de Horty es muy desgraciada,
y cuando un día es descubierto comiendo
hormigas en el patio del colegio se desatan
las iras del infierno y, con apenas diez años
y una mano mutilada a causa de la brutalidad
del honorable Armand Bluett, huye de su casa
para encontrarse con su destino.
En esencia, los CRISTALES SOÑADORES
es la enésima reescritura del mito que
Spirand dio en llamar El Rey de todas las Cosas.
Efectivamente, Horty es un ser excepcional,
y él no lo sabe, deberá ser primero
protegido, formado en diversas artes y ciencias,
y finalmente iniciado en el desarrollo y uso
de sus potenciales.
Nada
falta en esta versión del mito; Havana,
su salvador, Zera, protectora Y maestra, Bunny,
la bienintencionada metepatas de turno, Solum,
el gigante siniestro, Pierre Monetre, alias el
Canibal, el malo y perverso taumaturgo del que
Horty ha de protegerse, Kay, la dama desvalida
a la que salvar, de nuevo Armand Bluett, como
pérfido sátiro, la feria llena de
monstruos y fenómenos como remedo de fortaleza
protectora pero a le vez convertida en cárcel
de la que hay que escapar.