Contacta con NGC3660
 

Descarga esta crítica en PDF
Los cristales soñadores Por: Francisco José Súñer Iglesias

¿Puede haber algo más terrible que ser distinto, no tener conciencia de ello y además verse obligado a esconderlo? Ese es el triste drama del pequeño Horton Bluett, huérfano, adoptado más por cuestión de imagen que por autentica convicción por Armand Bluett, un politicastro miserable de un pueblecito más miserable aún. No es querido ni por el prohombre ni por la esposa de éste, sino visto más bien como un instrumento propagandístico. Lógicamente la vida de Horty es muy desgraciada, y cuando un día es descubierto comiendo hormigas en el patio del colegio se desatan las iras del infierno y, con apenas diez años y una mano mutilada a causa de la brutalidad del honorable Armand Bluett, huye de su casa para encontrarse con su destino.

En esencia, los CRISTALES SOÑADORES es la enésima reescritura del mito que Spirand dio en llamar El Rey de todas las Cosas. Efectivamente, Horty es un ser excepcional, y él no lo sabe, deberá ser primero protegido, formado en diversas artes y ciencias, y finalmente iniciado en el desarrollo y uso de sus potenciales.

Nada falta en esta versión del mito; Havana, su salvador, Zera, protectora Y maestra, Bunny, la bienintencionada metepatas de turno, Solum, el gigante siniestro, Pierre Monetre, alias el Canibal, el malo y perverso taumaturgo del que Horty ha de protegerse, Kay, la dama desvalida a la que salvar, de nuevo Armand Bluett, como pérfido sátiro, la feria llena de monstruos y fenómenos como remedo de fortaleza protectora pero a le vez convertida en cárcel de la que hay que escapar.

Y los cristales...

Con todos estos elementos Sturgeon construye una historia clásica de iniciación, pero lo que podía haberse convertido en la enésima reescritura de las aventuras y desventuras del niño-mago de turno o del superhéroe paranormal se convierte en un inquietante relato de ciencia-ficción especulativa.

¿Deber ser todos los extra terrestres humanoides de ojos saltones, prominentes crestas superciliares y tentáculos manipuladores? ¿Vocalizarán lo bastante bien como para hacer funcionar el traductor universal de turno? ¿O mas bien serán entes de forma totalmente irreconocible, por lo vulgar, con los es imposible establecer contacto porque nos son tan extraños y ajenos que no es posible reconocernos mutuamente como seres vivos, pensantes o inteligentes?

Junto al drama de Horty, estupendamente construido, y que ya de por sé basta para llevar el peso de la novela, el gran acierto de esta novela es sugerir la posibilidad de que quizá no estemos solos en el universo, pero que eso no significa necesariamente que el posible encuentro con esos otros habitantes vaya a ser un hecho mensurable y consciente.

 

 

Este texto puede ser libremente reproducido sin autorización previa y en cualquier medio bajo estas condiciones;

    *Siempre debe incluirse este pie de página.

    *No puede modificarse, a excepción de correcciones ortográficas y tipográficas.

    *El autor no renuncia a ninguno de sus derechos legalmente establecidos y se reserva la posible reclamación de las compensaciones oportunas si el medio donde este texto sea reproducido reporta beneficios económicos a su editor.

    ©2004 Francisco José Súñer Iglesias Publicado originalmente en “El sitio de Ciencia Ficción

| Theodore Sturgeon | Editorial: Minotauro | Colección: Kronos | ISBN: 84-450-7501-2 | Edición: marzo 2004 | 6,95 €|

| Traducción: José Valdivieso | Año de publicación: 1950 | Título original: The Dreaming Jewels |
 
 © Copyright 'NGC 3660' en órbita desde el año 2000 ngc@ccapitalia.net