Contacta con NGC3660
 

'Revelaciones' - Capítulo 3 Volver a 'El Continuo'

Escrito por Rafael Rius Sánchez

 

El aroma predominante era de aquellos que abrían el apetito. Suculentos huevos, moteados de dispares círculos anaranjados cortesía de un sabroso choricito frito, mantenían aún su ebullición sobre aquel plato de cerámica cocida; dos hermosas salchichas bratwurst completaban aquel delicioso manjar culinario que Hans acababa de prepararse. Todo estaba en su punto, y no es que fuese el mejor de los cocineros pero... para qué engañarse, unos simples huevos fritos están al alcance de hasta los más negados en el arte del cocinar. Esperó un poco antes de acomodarse frente a la mesa pues, como venía sucediéndole últimamente, lo solitario de aquel plato le estremeció; una jarra de cerveza ya a medias y un trozo de pan completaban aquel panorama... Y no pudo por más que lamentarse.

Casi siete semanas hacía ya que no se sabía nada de ella y cada vez que se sentaba en aquella mesa se reactivaba su sensación de ausencia... y eso era algo que, de manera inevitable, le comprimía el corazón. ¿A razón de qué? Se preguntaba constantemente, ¿por qué tuvo que presentarse a ese maldito y estúpido programa? Por más que se lo había advertido no había servido de nada, ya le intentó explicar que aquello de deidades era una locura, que sin duda se trataba de una secta y que Lussa, aquella charlatana que tanto fascinaba a todo el mundo, era la recolectora de adeptos, la encargada de captar a aquellos crédulos y hacer no sabía qué cosas con ellos... Ilógicamente para él, ella le llamó paranoico; le dijo que tenía que creer, que en ellos se encontraba la salvación, la felicidad, que ellos habían venido a enseñarnos el camino de la ascensión a los cielos y que si él no quería ir, sería su problema, pero ella sí iría a ese casting. Tras aquella discusión, y hasta ahora, la mesa sólo había acogido un solo plato. Una explicación ayudaría, pero nadie parecía tener interés alguno en averiguar qué demonios ocurría con los "agraciados", a dónde se llevaban a esos privilegiados elegidos... Lejos seguro, pero desde luego al Cielo no ¡Otra gilipollez igual! La pasividad con que las autoridades afrontaban este problema no se quedaba atrás y simplemente se limitaban a vanas explicaciones alegando que todos los permisos estaban en regla, que poseían autorización para aquel tipo de concurso y que los elegidos eran llevados al Cielo, tal y como la Diva Lussa prometía en sus apariciones... Obviamente estas respuestas no le satisfacía, ni a él, ni a otros pocos que como él no comprendían lo que estaba realmente ocurriendo.

Sus tristes recuerdos apagaron su ánimo y dieron paso a la inapetencia, a la soledad y a la amargura. Quitó el sonido del televisor en el que sólo se mostraba la extraña imagen de la Diva Lussa, como muchos habían aceptado en llamarla. Deidad, diosa... Quizás, pero sólo del engaño, de las pantallas y de la popularidad. Había surgido de la nada diciendo que era un dios, nuestro Dios encarnado en mujer, que venía a liberarnos como Cristo lo hizo en el pasado; que crearía una corte de ángeles con aquellos fieles elegidos para encaminarnos desde los cielos, que nos salvaría de nuestra propia destrucción... Puede que el plato no llegase a romper el cristal del aparato, pero los huevos fritos y el choricillo aceitoso resbalaron por éste hasta llegar a caer en un sucio y, desde hace tiempo, desatendido suelo.

Sus ojos rojos por el sinfín de lágrimas derramadas, sus pelos revueltos por aquellos nerviosos dedos y con su rostro congestionado por el dolor, Hans pensó que lo mejor para pasar aquella noche era una de aquellas mágicas pastillas que guardaba en uno de los cajones de aquella vieja alacena, aquella que tanto les gustó cuando Helen y él decidieron comprarla en un anticuario. Sacó fuerzas de flaqueza para llegar hasta aquel frasco de tranquilizantes y se sorprendió observándolo fijamente... Sería tan fácil, en vez de una o dos pastillas, tomar varias, diez o doce deberían de ser suficiente..., se sentiría tan ido que seguro no llegaba a enterarse; pero no. Desconocía dónde se encontraba Helen, y sabía que le había advertido, cierto, pero ella sólo era una inocente más engañada por aquellos manipuladores disfrazados de dioses, ella no tenía culpa de haberse visto arrastrada por su falso testimonio... No, ella podía necesitar de su ayuda, podría incluso encontrarse sufriendo, coaccionada, forzada; no, ahora no sabía bien cómo, pero algún día encontraría la manera de averiguar qué había sido de ella y puede que, si de veras existía un Dios y no aquellos charlatanes disfrazados de deidades, entonces la recuperaría... y eso no podría suceder si ahora se tomaba varias de aquellas píldoras. Cogió sólo un par y dejó el frasco de nuevo en la alacena. Pese a lo cerca que había llegado a estar, por hoy lo había superado. Tomó la ya vacía jarra de cerveza y la rellenó con un poco de agua, agua con espumarajos gracias a los restos, pero qué más daba... Justo cuando se tragaba las pastillas el timbre de la puerta sonó.

Hans sintió un escalofrío, ¿quién podía llamar a su casa a esas horas de la noche? Y además con aquella insistencia... ¡Helen! Pues claro que sí, era ella que había regresado, sólo podía ser ella. Corrió tan emocionado como apresurado hasta la puerta y la abrió sin pensarlo dos veces. Sus ojos se llenaron de alegría cuando la vio allí, de pie, en el rellano de la entrada frente a él. Su rostro era algo más demacrado que la última vez que lo vio, pero seguía igual de guapa y hermosa... Era ella, con aquel respingón hociquito, aquellas alitas de ángel, aquellos... cuernecitos... ¡Pero qué demonios era eso!

-Hola Hans, tenemos que hablar...

Fue lo único que a Joost le dio tiempo a decir antes de que la mezcla de cerveza y sedante hiciese perder el conocimiento de su amigo y éste cayese redondo en el maltratado suelo.

 

***

 

La incomodidad que sentía en su cabeza le hizo que poco a poco despertase de su sueño. Aquellos tranquilizantes que tomaba eran demasiado fuertes y aunque cumplían el cometido de hacerle dormir, a menudo se levantaba con dolor de cabeza. Ahora, además, la luz del amanecer entraba directamente por la ventana incidiendo, como si lo hiciese a propósito y con una monumental mala leche, directamente sobre sus entreabiertos ojos. Se tapó la cara con una de sus manos y con algo de esfuerzo se reincorporó sobre la cama...; bostezó, un bostezo que se prolongó con un crepitar de huesos mientras estiraba los brazos hasta rozar el límite de la descoyuntación. Aún en estado somnoliento, recordaba vagamente las pesadillas con que había sido bombardeado durante toda la noche. Recordó que había soñado con Helen, aquello no fue una pesadilla; recordó que después de seis interminables semanas, regresaba a casa. Pero ese sueño se convirtió en la peor de las pesadillas cuando lo que debía haber sido un ser angelical, se fue transformando en un monstruo, un demonio descendiente del mismísimo Belcebú, con cuernos, pezuñas y hasta una barbita en forma de perilla... Menos mal que aquel horroroso ser ya había desaparecido. Abrió de forma lenta los ojos en su total despertar y lo que vieron hizo que de un salto dejara la cama para quedar arrinconado entre dos paredes.

-¡Joder! -dijo cuando vio a Tanja mientras éste le miraba con cara de sorprendido.

-Tranquilo Hans, no es peligroso, es un amigo...

-¿Joost? ¿Qué haces aquí? ¿Y qué es... eso?

-No es eso -contestó el chico-, es ese, y se llama Tanja.

-Encantado -terció el handromita intentando ser lo más respetuoso posible.

-¡Dios mío! ¡Pero si es una aberración de cabra que habla y vuela! ¡Y además está vestida! -gritó el hombre con total desesperación e incredulidad.

-Es una larga historia, pero se encuentra aquí porque necesita de nuestra ayuda tanto como nosotros necesitamos de la suya; él puede ayudarte... Sabe lo que le ha pasado a Helen...

Hans no dijo nada. Miró fijamente al chico mientras asimilaba lo que acababa de decir y, al poco, pasó su observación a aquel extraño ser que había aterrizado en su vida. Poco a poco, su terror inicial fue desapareciendo, enfriándose mientras su mente empezaba a trabajar. ¿Qué era ese ser? Lo ignoraba completamente. Joost había dicho que era un amigo... ¿Amigo? Si un bicho así no podía existir. En realidad todo eso empezaba a darle lo mismo ya que algo de lo que su amigo había dicho hacía que una perdida esperanza renaciese en su interior.

-¿Qué es lo que has dicho? -preguntó al chico.

-Que él sabe donde está Helen..., tu Helen.

-¿Y cómo es eso posible? ¿Cómo esta cabra con alas lo puede saber?

-No soy una cabra con alas -se quejó Tanja desplegando enérgicamente sus emplumadas alas-, y desconozco quién es esa Helen de la que habláis, pero lo que sí sé es lo que les ocurre a todos los recolectados por los ilidianos y, si ella es una de las "afortunadas", es muy probable que se encuentre con el resto.

-Espera, espera... -dijo algo descolocado Hans- ¿De qué me estás hablando? ¿Ilidianos? ¿Joost...?

-Deberías empezar por escuchar lo que me ha contado, es alucinante... a la vez que aterrador.

-Está bien, está bien... Empecemos por el principio ¿De acuerdo? Bien... ¿Qué o quién eres tú?

-Mi nombre es Tanja. Pertenezco a los handromitas, de un pequeño planeta llamado Shagran. En él conviven dos especies que comparten el dominio sobre las demás; una de ellas es la nuestra, una especie mística, mentaloide y pacífica; la otra son los Borlastritas, una sociedad algo más belicosa y avanzada que la nuestra..., ambas especies nos respetamos mutuamente ya que vivimos en una clara simbiosis materia-espíritu. Yo era un simple maestro de doctrinas, enseñaba nuestra historia natural y lo que en esencia significa, en un una localidad bastante apartada de los núcleos ampliamente urbanizados... Entonces fuimos atacados por una partida de cazadores ilidianos...

-¿Cazadores ilidianos...? -preguntó Hans con cierto escepticismo por lo que estaba oyendo.

-En efecto. La sociedad ilidiana es una sociedad coleccionista; ese, y no otro, es el sentimiento más arraigado en su civilización... Lo que más prefieren coleccionar son seres alienígenas, razas diferentes, especies distintas, todo lo que tenga vida y no pertenezca a Ilidia es susceptible de ser coleccionado por la sociedad ilidiana... Nos capturan primero para vendernos después en su planeta... como mascotas. Casi cualquier raza de nuestra galaxia tiene alguna representación en sus escaparates...

-¿Humanos también?

-Oh, sí... No son los preferidos, pero son bastante vendibles.

-¿Y qué tiene que ver eso con Helen?

-Tiene y mucho. ¿Cuánto hace que vuestra amiga Helen desapareció?

-Algo más de seis semanas -contestó Joost.

-Entonces es muy probable que se encuentre ya en un escaparate ilidiano...

-¿Qué? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué tienen que ver esos ilidianos tuyos con ella?

-Acaso no te preguntas cómo es que estoy aquí, en tu planeta..., ellos me trajeron, aquellos que se están haciendo pasar por vuestros dioses, en realidad son ilidianos. Que cuál es el secreto del gran conocimiento que poseen de vuestro pueblo, de vuestras necesidades, de vuestras debilidades, de todo aquello que pueden manipular para que vuestra voluntad se vea entregada a su sometimiento... Pues yo conozco la respuesta, y tiene nombre de humana.

-¡Helen! -vociferó con impaciente esperanza el joven.

-No, Laura.

-¿Laura? -preguntó el chico algo sorprendido-, ¿quién es Laura?

-Alguien a quien el destino reservado para la Humanidad le llegó hace ya tiempo. Ella fue... ¿Cómo lo expresáis vosotros?, ¿secuestrada?, ¿abducida?, arrancada al igual que yo de su propio planeta, vuestro planeta, y obligada desde entonces a ser una de las mascotas ornamentales que tanto gustan a los ilidianos y que tan denigrante te hacen sentir. Ambos coincidimos en nuestra última tienda y enseguida noté algo especial en ella. Mi niña era una chica despierta, inteligente, de trato agradable y me atrevería a decir que hasta hermosa según vuestros cánones de belleza. No tardamos en trabar cierta amistad, aunque creo sinceramente que fue como fruto de la necesidad de comunicación y la falta de afecto que todos sentíamos en esos lugares. Pero el destino era más cruel de lo que podía nadie imaginar ya que se guardaba una jugada en la manga. Pocos eran los que conocían los planes del nuevo regente de Ilidia y Laura era una candidata ideal que su mala suerte la llevó a estar en el lugar más inadecuado para ella el día de la coronación.

-¿Qué pasó ese día? -preguntaba con curiosidad Joost.

-Sí, ¿qué pasó con aquella muchacha? No haces más que hablar en pasado de ella...

-Murió, o al menos una parte de ella... Veréis, los planes de Javel, el nuevo Rey de Ilidia, pasaban por poseer un conocimiento extraordinario de las costumbres humanas, de sus creencias, de sus predisposiciones a diferentes situaciones..., ese era un conocimiento difícil de conseguir para alguien que jamás ha pisado vuestro planeta. Pero la solución le llegó de la mano de otra raza alienígena, no tan dominante como ellos, pero sí más bélica y tecnológicamente desarrollada, los dragyanos...

-¿Dragyanos...?, vaya un nombre...

-Sí amigo Joost, vaya un nombre. Pero hay que tener mucho cuidado con ellos, pues es una raza traicionera que sólo atiende a sus propios intereses. Están metidos en esto y es porque esperan algo a cambio.

-Si son tan poderosos... ¿Por qué prestarles su ayuda a los... ilidianos? -preguntó Hans azuzado por la creciente curiosidad que empezaba a sentir por la historia que Tanja les estaba contando.

-Pactos, coaliciones temporales entre mundos enfrentados en pos de un beneficio mutuo..., quién sabe. Lo que está claro es que una de las cosas que buscan es saciar su sed de venganza.

-¿Venganza? -preguntó Hans-, ¿venganza de qué?

-Venganza hacia vosotros, los humanos. Los dragyanos son sólo una ramificación resultante de millones de años de evolución de una raza raíz. En consecuencia es fácil entender que existen o existieron distintas ramificaciones que durante todo ese tiempo han tenido mayor o menor relevancia en la historia de este Universo. Entre ellas siempre aparecen disputas, pero su concepto de unidad ante un adversario exterior es tan solemne como increíble.

-¿Quieres decir que nosotros somos considerados un enemigo exterior? Joder, pero si no hemos hecho nada...

-Lo sé Hans, lo sé. Pero ellos entienden que sí lo hicisteis, al menos de forma indirecta. Por lo que sé, antes de que los humanos se alzasen en supremacía como raza dominante de este planeta, hubo otra, los rayptros, que durante un tiempo se erigieron dueños y señores de él. Estos rayptros, y los dragyanos, provenían de la misma raza raíz. Pero a diferencia de estos últimos jamás alcanzaron un nivel de desarrollo tecnológico adecuado y a la larga eso les llevó a perder su estatus de dominantes, con su consiguiente e inevitable extinción, abriendo así el camino para que vosotros, los humanos, surgierais como dominantes... y por ello fuisteis culpados directamente por lo ocurrido.

-Oye, oye..., lo que estás diciendo es una somera estupidez.

-Así lo crees porque sois una raza joven que aún no habéis alcanzado siquiera los viajes interplanetarios en vuestro propio sistema, pero en la galaxia existe una creencia extendida, una especie de... axioma galáctico. Cuando una especie desaparece y otra ocupa su lugar, es porque los procesos evolutivos de esta última propician el deterioro de la primera, por tanto a vosotros os consideran los culpables de la extinción de sus primos, los Rayptros.

-Mira... -empezó a decir Hans con aire de desconcierto-, te voy a ser sincero. Es cierto que no puedo explicar que una cabra voladora me esté hablando mientras no para de lamerse las plumas; también es cierto que aquellos que se llaman dioses traman algo y que no son trigo limpio y que tú, tan amablemente, me has explicado su procedencia del todo convencido de lo que me dices; está claro que ni tú, ni ellos, podéis ser considerados normales. Joost te cree, y conste que no se lo reprocho ya que es joven y se deja influenciar fácilmente... pero yo no. Creo que todo lo que me has contado es una sarta de tonterías incrédulas y que te estás quedando con nosotros... ¡Joder! Es la primera vez que una cabra con alas me cuenta algo... ¿De verdad no eres una aberración de esas que hay en los circos?

-¡Hans! -gritó Joost, ofendido por las palabras de éste- ¿Es que no lo has oído? ¿Acaso no lo ves con tus propios ojos? No pensabas que algo estaba ocurriendo con OTC... entonces, ¿por qué ahora cierras los ojos y no ves razón en las palabras de Tanja?

-Porque..., porque me horroriza pensar en qué puede haber algo de verdad en lo que está diciendo...

-Veo tu preocupación y tu miedo -dijo apaciguador el handromita-, pero debes creerme, tanto por ti como por el bien de las personas que quieres... Es cierto todo lo que te estoy contando.

-Yo lo creo... No sé si es lo acertado o no, pero hay algo en todo esto que hace que crea en él.

-Está bien, está bien... -asintió Hans con poco convencimiento-, y si todo lo que cuentas es cierto... ¿Dónde está Helen y qué podemos hacer para rescatarla?

-Tenemos la suerte de que en las primeras semanas de asentamiento surgieran desigualdades entre la metodología dragyana y los intereses ilidianos, digamos que el trato recibido "estropeaba" la mercancía. Así que en vez de teletransportar directamente los recolectados a Dragya, se llevan a Ilidia mediante transportes periódicos. Fletar cargueros desde la Tierra es algo que aumenta los costes y reduce ganancias en el esquema de Javel, por lo que espera a que haya suficiente mercancía como para llenar al máximo cada uno de esos transportes. Mantener a todos los seleccionados, alimentarlos, cuidarlos, vigilarlos... Eso era algo que podían eliminar si los introducían en contenedores estacionarios...

-¿Contenedores estacionarios? Eso no les afectará...

-Descuida, los ilidianos son los primeros interesados en evitar deterioros innecesarios en los recolectados ya que piensan ganar una fortuna con ellos.

-Pero yo he leído algo sobre la criogenización y...

-¿Criogenización? -le cortó secamente Tanja-, eso es una antigualla de método comparado con el utilizado por los ilidianos. Yo no soy un especialista en ese campo y desconozco cómo actúa biológicamente hablando, pero sé que les suministran una hormona sintética que detiene todos los procesos del organismo, absolutamente todos, de tal manera que permanecen inmóvil durante todo el tiempo que se precise y tan sólo son vulnerables a los siempre imprevisibles elementos externos; por eso se deben encontrar en los contenedores, para permanecer aislados de cualquier situación que amenace sus cuerpos.

-¿Y después? -preguntó el joven aún algo confundido por todo lo que estaba oyendo.

-Eliminan la hormona y en pocos minutos vuelve la actividad a sus sistemas biológicos.

-Ya..., y tú dices que sabes dónde se encuentran esos contenedores, ¿no?

-A decir verdad no tengo ni idea de su ubicación...

-¡Que no lo...! ¡Pues vaya una ayuda! -se lamentó Hans con ofuscación.

-Pero -hizo Tanja una pequeña pausa-, sé quién puede saberlo... Laura.

-Otra vez esa Laura... ¿Pero no dices que está muerta?

-Sólo en parte. Mirad, no acabareis de comprender lo que os quiero proponer si no conocéis lo que le ocurrió a Laura, y el porqué de que tal situación sea tan importante... como beneficiosa. Un dragyano de nombre Kanirh compartió el mismo destino que otras muchas de las razas alienígenas que existen en nuestro Universo, se convirtió en mascota ornamental cuando fue capturado por los ilidianos. El cómo llegó hasta Javel y se ganó su confianza es para mí aún un misterio, pero le hizo creer que tanto él, como su pueblo, tenían la solución perfecta para los problemas a los que se tendría que enfrentar tras su coronación, y todo pasaba por obtener a un humano... hembra si era posible, ya que la receptora de la mente iba a ser precisamente su futura compañera, Lussa.

-¿Receptora de la mente? ¿Te refieres a...?

-Sí, me refiero precisamente a eso. Lussa asimiló la mente de Laura para obtener el pleno conocimiento que necesitaba.

-¡Pero eso no es posible! -infirió Hans-, algo así... no se puede hacer ¿No?

-No para vuestro entendimiento y vuestro desarrollo, pero créeme si te digo que ellos pudieron al igual que pueden hacer otras cosas mucho peores. No podéis ni imaginar lo poderosas que ambas razas son por separadas... Así que si se alían...

-Y entonces esa chica, Laura... ¿Qué fue de ella? -cierta tristeza se podía sentir en la pregunta del chico ya que conocía parte de la respuesta que el handromita le iba a contestar.

-Un cuerpo sin mente es como una cáscara que ha perdido su fruto..., es nada. Además, el proceso de biotransferencia entre Laura y Lussa necesitaba de una gran cantidad de energía, energía que absorbía directamente de su organismo... Sólo quedó un cuerpo consumido..., un triste final...

-Pobre muchacha -se lamentó Hans-. Pero si esa chica, Laura, está muerta, aunque sólo sea en parte y que conste que eso es algo que me está costando comprender... ¿Qué es lo que convierte en beneficioso, para nosotros, su particular drama?

-Laura, como persona física, como humana, desapareció hace ya tiempo; su cuerpo se consumió y lamentablemente ninguna moderna tecnología me podrá devolver a mi niña. Pero la esencia de todo lo que era, de su personalidad, de sus conocimientos, de su fuerza, todo ello respaldado por un inevitable y justo odio por lo que la hicieron, permanece en el interior de esa ilidiana, en algún oscuro lugar de su intrincado cerebro... Quizá ahora entendáis la razón del gran conocimiento que Lussa posee de vuestra especie...

-A ver si me aclaro -dijo Joost-. Laura es como un chip de memoria dentro de un ordenador, en el que el microprocesador, en este caso el cerebro de Lussa, recurre a él siempre que desee obtener alguna información concreta...

-Una buena analogía, pero en nuestro caso se diferencia en algo importante; a Laura no se la puede considerar un... ¿Cómo llamarlo?, un elemento pasivo. Ella se encuentra latente, en espera de ese impulso idóneo que le permita pasar de simple memoria o elemento pasivo a elemento activo e incluso al propio microprocesador del sistema. Ella podría ser quien llegara a controlar la mente de la propia Lussa..., o al menos eso es lo que dice la teoría. El cerebro ilidiano es tan misterioso como grande y reconozco que no puedo confirmar con una certeza al cien por cien de que Laura llegase a predominar.

-Parece que empiezo a comprender lo que quieres hacer -dijo el joven-. Piensas anular de alguna manera el dominio que Lussa ejerce sobre la presencia de Laura para que así sea ella quien tome el control... Por eso hablas de que nos beneficiaría.

-Exacto. Yo mismo le enseñé ancestrales técnicas de psicodefensa que sin duda estará utilizando. Ahora mismo se encuentra recluida en el interior de otro ser pero, aunque carezca de contacto exterior, ella vive en su interior, despierta, alimentándose de todas las experiencias vividas por la Ilidiana, de todos sus conocimientos, de todas sus emociones... y eso es precisamente lo que debemos aprovechar.

-¿Sabes al menos cómo conseguirlo?

-Sé, al menos, cómo intentarlo.

-Bueno, eso ya parece algo, ¿no?

-¿Que parece algo? Joder Joost, ¿en qué estás pensando? Si esa... gente, es tan poderosa como este ser dice, con sólo intentarlo no creo que baste.

-Esa joven, Helen... Laura sin duda sabrá dónde encontrarla. Si nos damos prisa en actuar y hacéis lo que yo os diga, puede que aún tengáis una oportunidad de recuperarla... Ya sé que no es mucho, y menos cuando os pido que arriesguéis vuestras vidas por algo en lo que no creéis de forma plena..., pero es lo único que os puedo ofrecer...

-Ciertamente no parece mucho lo que podamos hacer nosotros solos contra esta especie de conspiración marciana -continuó Joost en un tono de práctica súplica fraternal-, pero creo que siempre es mejor intentar algo, por poco que creamos en ello, a seguir desperdiciando la cena en la maltratada pantalla de un televisor... Creo que deberíamos oír lo que tiene pensado... Es mi opinión -Hans miró a los ojos del joven y pudo sentir el odio que le provocaba el reconocer la razón en las palabras de su amigo.

-Está bien -dijo tras un incómodo silencio que, aunque corto, se hizo una eternidad-, vosotros ganáis... ¿Qué quieres que hagamos?

-Algún día te alegrarás de la decisión que ahora has tomado, ten fe en ello... Por cierto, Joost me ha dicho que eres habilidoso con la cacharrería electrónica, ¿es cierto?

 

***

 

Javel inspiró profundamente e intentó controlarse pese a que la paciencia no se encontraba precisamente entre sus virtudes. No era propio del Rey de Ilidia soportar los cambios temperamentales que tan frecuentemente sufría Lussa, pero reconocía encontrarse con las manos atadas ante este tema... ya que ella era muy especial para él. Cierto era que estos comenzaron al poco de llegar al aburrido y sofocante planeta de aquel pequeño sistema, Tierra, y que pocas eran las pruebas que aportaba Kanirh cuando le aseguraba con rostro de entendido que el actual estado de su esposa nada tenía que ver con posibles secuelas fruto de la asimilación de aquella mente humana. El dragyano defendía la postura de que aquellos cambios temperamentales tenían su origen en otro motivo, quizá algo físico, quizá trastornos hormonales o, como más le gustaba asegurar, como consecuencia de una larga, larguísima exposición a las pésimas condiciones del planeta. Ninguna de estas respuestas agradaba al preocupado regente pues ni su propia esposa, cuya compleja constitución resultaba bastante fuerte comparada con la mayoría de las hembras de su especie, era incapaz de soportar los rigores climáticos y físicos del planeta, cómo iba a ofrecerlo como solución a los problemas de superpoblación de su mundo. No, aquello sólo sería una solución a medias; tras un corto período de alabanzas, alegrías y vítores todos ellos a su favor y en su apoyo, sobrevendría la insatisfacción y consiguiente hostilidad de su pueblo para con ellos en general, y más particularmente contra él por haber sido el artífice de tan magno plan. No podía basarse en meras suposiciones, debía conocer el verdadero motivo de las alteraciones que sufría la otrora estable ilidiana, y por descontado debía averiguarlo cuanto antes.

Miró a los ojos a su amada Lussa, gesto que ella prefirió ignorar. Acababa de tener un real berrinche en extremo escandaloso y su ira salpicaba de lleno al propio Rey.

-¿Crees que ya te encuentras en condiciones de hablar? -preguntó secamente Javel-, ¿o acaso pretendes seguir lamentándote, a costa de los nervios de los demás, de tu actual situación en este planeta?

-¿Es que acaso no llevo razón? -dijo ella sofocada-, si me lamento es porque tengo necesidad de expresarlo, de compartir con los demás todo lo que estoy pasando en esta pútrida roca, de que vean la maldita esclava de tus intereses en que me he convertido...

-Te recuerdo que no son mis intereses, sino el interés del pueblo ilidiano...

-¡Tuyos y del maldito pueblo ilidiano!

-¡Cálmate!

-¿Por qué debería de hacerlo? ¿Acaso temes que me oigan y piensen que su reina está trastornada? Ahora que caigo, creo que lo que temes es que todos piensen que no tienes el suficiente arrojo para callarme... ¿Es eso por lo que quieres que me calme?

Javel reprimió un primario instinto que le impulsaba a abofetearla. Sabía que podía hacerlo porque para eso él era el Rey, nadie se lo recriminaría; pero no quería eso con su mujer, no con Lussa... Si se hubiera tratado de alguna otra de sus concubinas no lo habría dudado ni un instante, pero ella era especial, ella... era quien manipulaba a todos aquellos humanos y por ello no debía sufrir daño alguno.

-Mira -dijo él mientras inspiraba hondo e intentaba inculcar un cierto tono apaciguador en sus palabras-, has de comprender que sobre ti ha recaído una tremenda responsabilidad, sé que todo este asunto de la colonización se está alargando más de lo deseado y que ello te afecta más que a ningún otro dado el esfuerzo que a diario debes hacer..., y que lo comprendas está muy bien, sí... porque no hemos acabado, el momento oportuno está aún por llegar.

-¿Y a qué esperamos? -dijo casi con lágrimas; del más absoluto histerismo había pasado casi de inmediato a una actitud sumisa y de derrota- ¿Acaso no tenemos ya suficientes humanos? Ya hemos conseguido a miles de buenos especímenes... ¿Por qué prolongar esta tortura?

-Querida, sabes tan bien como yo que no son suficientes. Cuando los dragyanos arrasen toda vida humana existente en este planeta, esta especie se extinguirá en su práctica totalidad y sólo quedarán los ejemplares que podamos vender en Ilidia; el conocimiento de su extinción dará un valor mayor a la mercancía... Necesitamos riquezas para empezar con buen pie nuestro reinado y si éstas se las arrebatamos por la fuerza al pueblo, no importará las soluciones a la hiperpoblación que les podamos ofrecer, seremos tachados de dictadores y en poco tiempo querrán derrocar nuestra Casa Real. Pero si... ¡Escúchame! -dijo sujetando suavemente la cabeza de la ilidiana entre sus manos mientras trataba de no perder sus ya irritados nervios-, si ese dinero lo conseguimos del propio pueblo de una forma sutil, que sean ellos los que nos lo den pensando que compran una ganga cada vez que adquieran a uno de esos humanos..., nuestros humanos... Entonces seremos alabados y bendecidos por todo lo que para ellos hemos conseguido; obtendremos el beneplácito de nuestro pueblo por un lado y un enriquecimiento de las arcas reales por el otro... Es así de simple querida, por eso..., por eso aún no es el momento de abandonar este mísero planeta.

Lussa quedó en babia tras escuchar la contundente exposición hecha por su marido. Ausente, se lamentaba interiormente de todo aquello que estaba viviendo, de los sufrimientos que a diario padecía y maldijo el momento en que accedió a la propuesta de su entonces futuro cónyuge y futuro Rey.

-De todas formas -continuó Javel-, después del casting de hoy haré que uno de nuestros especialistas te examine, sólo por precaución...

-¿Un doctor...? Lo único que me enferma es continuar en este maldito lugar.

-Razón de más por lo que quiero que te examine, para que dictamine si lo que te ocurre es efectivamente producto de una prolongada presencia en este ambiente. De no ser así podríamos darlo por sentado y descubrir demasiado tarde que nos equivocamos en tu apreciación...

-¡No necesito ningún matasanos! Lo que necesito es volver a Ilidia... Eso es todo...

-Sabes que es imposible.

-¡No quiero ver a ningún doctor!

-¡Vendrá a verte después del casting y no se hable más! -sentenció enérgicamente Javel antes de levantarse de su lado y dirigirse a la puerta de la estancia en la que se encontraban-. Y ahora prepárate, quiero que en el show de hoy resplandezcas como los soles de Ilidia.

Poco, o más bien nada, era lo que en ese momento le podría suavizar el mal humor que le sofocaba bajo su áspera piel, pues tener discusiones con Lussa nunca había sido de su agrado. Él la quería a su manera, la admiraba y le reconocía el mérito de lo que ella estaba logrando pero... últimamente le levantaba demasiados quebraderos de cabeza y eso, por desgracia, era algo que poco a poco iba minando su relación. Si permanecían mucho más tiempo en este planeta debería ir pensando en buscarse a otra que la sustituyera.

Una hermosa estatua, construida en mineral diamantino ilidiano y presidiendo la entrada del majestuoso Palacio Real; ese parecía el justo reconocimiento a la importante labor llevada a cabo por Lussa, todos estarían de acuerdo y habría una aceptación unánime. Javel se encontraba pensando en el futuro, siempre lo hacía para que nada le cogiera de improviso, y por eso le extrañó el cruzarse con dos guardias de las Fuerzas Reales en los pasillos de sus aposentos. Uno de ellos portaba en su mano una tablilla de notificaciones reales; fue el primero en hablar tras el reglamentario saludo.

-Mi Rey, Seguridad nos ha pasado este informe prioritario; convendría que lo viera ahora, es importante -se atrevió a aconsejar.

-¿Importante? -dijo mientras de un brusco tirón le arrebataba la tablilla. Le echó una rápida ojeada y su gesto de ira fue tornándose en una incipiente sonrisa- ¿Cuándo le han capturado?

-Hace bastante poco. La notificación es prácticamente inmediata.

-¿Y dicen que ha sido rondando las esperas del casting?

-Eso es lo que parece, mi Rey.

-Maldito estúpido... ¿Qué pretendía? ¿Acaso se pensaba que él solo iba a desbaratar nuestros planes?... ¿Dónde se encuentra ahora?

-En el tercer nivel inferior, vigilado por varios guardias reales.

-¿Varios guardias reales? ¿Pero de qué tenéis miedo? Ese miserable jamás podría hacernos daño... Bien, comunicádselo a Kanirh y que se presente allí inmediatamente, pero que no haga nada hasta que yo llegue.

-De acuerdo, mi Rey.

Ambos guardias se despidieron y se alejaron por el amplio pasillo. Javel sonrió ahora sí de una forma abierta; poco se había imaginado minutos antes que lo haría, pero esa noticia le agradó. Sentía la necesidad de ser cruel con alguien y aquel pequeño ser se lo había puesto en bandeja. Pero antes de bajar debía hablar con el equipo de especialistas acerca de Lussa, ya tendría tiempo de averiguar qué tontería pensaba hacer en el casting aquel estúpido handromita.

 

***

 

-Hola Tanja -dijo la sibilante voz del dragyano-, nos volvemos a ver.

Kanirh había bajado de inmediato al enterarse de su captura; no porque lo hubiera dicho Javel, eso era algo que le importaba más bien poco, sino porque la noticia había agudizado su olfato y se olía que esta vez el destino final de aquel viejo conocido iba a ser diferente. No era la primera escapada que llevaba a cabo desde que llegaron a la Tierra y, o mucho se equivocaba, o Javel ya se estaba cansando del handromita; en tal caso, lo que le sucediera pasaba por sus escamosas manos.

Tanja se encontraba inmovilizado en un pequeño contenedor energético. Estos consistían en una simple plataforma inferior y otra, algo mayor, colocada sobre la vertical de la primera; cuando éste era activado, una gran fuerza opresiva se repartía homogéneamente por todo el cuerpo del individuo que en él se encontrase, impidiéndole cualquier tipo de movimiento y sumiéndolo en un estado que, si bien no revestía peligro, sí acarreaba agónicas molestias de manera constante. Kanirh había ordenado que se inhabilitara la parte superior del campo para facilitar el libre movimiento de cabeza del handromita y así permitirle hablar.

-Te creía más inteligente. Mira que volver a la cola de uno de esos estúpidos casting... ¿Qué ha pasado? No me vendrás ahora con eso de que no has encontrado a nadie que te escuche, ¿verdad?

-Eres un dragyano -dijo Tanja con esfuerzo. El campo de fuerza le oprimía el pecho y le hacía respirar con dificultad-, en tu naturaleza está el no comprender lo que... significa la palabra lealtad... cuando se trata de amigos...

-¿Amigos? ¿Qué amigos? -dijo con malintencionado sarcasmo- La única amiga que tuviste murió hace ya tiempo ¿Recuerdas? Fue para mí un gran placer realizar aquella tarea.

-La lealtad a la... que me refiero va más allá de lo físico... Su causa es ahora mi causa...

-¡Ja, ja... jaaa! -rió estruendosamente Kanirh mientras finas hileras de salivajos resbalaban por su boca como producto de tal hilaridad-, creo que empiezo a comprenderte. Deseas ayudar a estos terrestres ¿No es eso? Pues si así es me acabas de demostrar lo estúpido que eres. Sabes tan bien como yo que el destino de esta especie ya ha sido escrito, nada ni nadie cambiará lo que les va a pasar... Si acaso, puede simplemente que lo retrase... o se adelante, quién sabe..., pero cambiar... Eres un ingenuo si de verdad creías que tenías alguna posibilidad.

-Al menos lo he intentado... Puedo sentirme en paz espiritual con mi propio ser... No como tú, que te vendes a estos malditos ilidianos... ¿Qué será lo siguiente? ¿Dragya?

-No pienses que tus palabras me hacen daño; sé lo que me hago ¿y sabes?, estoy bien conmigo mismo. Tú lo has dicho, soy un maldito dragyano; así que recuérdalo bien cuando te esté torturando porque... los dragyanos no arrastramos ese lastre llamado compasión -hizo una pausa en la que su bífida lengua se encargó de disminuir las babas que producía su salival boca- Has cometido tu última tentativa porque ¿sabes? Javel está muy harto de ti, de tu sucia y fea cara, de tus relamidas alas y de esos pequeños e inútiles cuernecitos móviles... Más de una vez me ha confesado que le desesperaba verte revoloteando por su alrededor y eso no era bueno, no acatabas la disciplina propia que debe tener un esclavo..., una mascota ornamental. Para él no significas nada y lo único que te ha mantenido con vida era la posibilidad de usarte si aquella terrestre daba problemas. Pero... ahora que caigo... ¡Si no ha dado problemas! Claro que no y sabes entonces qué significa eso, que cuando te haya visto y se regodee de tu soberana estupidez, pasarás a ser todo mío y podré hacer contigo lo que me plazca...

-No tan deprisa Kanirh -la voz del regente de Ilidia sonó con cierto eco en aquella estancia-, porque antes deseo hacerle algunas preguntas.

-Por supuesto... Sólo trataba de ponerlo algo nervioso.

-Me parece, bien aunque no creo que haga falta mucho para eso -miró cara a cara al inmovilizado Tanja- Pero... ¿Cómo puedes ser tan necio? Siempre pensé que los handromitas erais algo más inteligentes, incluso más que los dragyanos, pero veo que me equivoqué.

Kanirh no pudo evitar sorprenderse ante el comentario que había escuchado; lo que había dicho su soberano no le había gustado nada.

-Puede ser que te equivocaras -reprochó Tanja mientras sus pupilas tornaban a un profundo tono oscuro-, pero aunque algunas estupideces sean consideradas errores, otras son la consumación de unos deberes adquiridos... Para este otro tipo de actos hace falta mucho valor... y mi sacrificio así lo demuestra...

-Exprésalo como quieras mi amigo filósofo, pero dejemos una cosa bien clara -hizo una pequeña pausa teatral- No te aguanto, como mascota no eres nada valiosa..., pocos son los que darían algo por un handromita pedante como tú. Además, desde que fuiste adquirido no has hecho mas que traerme problemas... y ya me he cansado, así que no tengo ningún motivo para mantenerte con vida ¿entiendes lo que quiero decir? Si contestas a un par de preguntas... Bueno, puede que tu muerte no sea tan dolorosa, hasta puede que me replantee darte otra oportunidad; eso sí, lejos, muy lejos de mí. Pero claro, si guardas tus secretos nuestro común amigo sabrá encontrar la manera de arrancártelos. Eso sí que te dolería y, desde luego, sí que sería una de esas tonterías consideradas un error -Tanja no dejaba de mirar a los ojos del ilidiano, desafiante desde su más absoluta posición de desventaja-. Empecemos entonces. Me han dicho que te han cazado en una de las esperas del casting... Bien, ¿qué se supone que hacías allí?

-Los ilidianos tenéis fama de astutos ¿No? Pues... dedúcelo tú mismo... -Javel sonrió.

-Entiendo... No comprendes bien tu situación, ¿verdad? -no necesitó mucho para que una parte de su mente se fusionara con el mecanismo de control del contenedor y elevara la presión que se ejercía sobre el cuerpo del handromita- ¿Qué crees que pasaría si dejáramos que aumentase mucho más la presión? ¿Kanirh...?

-Mira pequeñajo -dijo con su sibilante voz mientras se acercaba a sólo unos centímetros de su cara-, si aumentamos la presión en el contenedor, tu cuerpo empezaría a empequeñecer más aún de lo que lo eres ahora porque todo tu interior saldría por las únicas vías libres que le queda, y éstas son todas las de tu fea cabezota. ¿Te imaginas tus tripas, tus huesos, tus músculos recorriendo todo tu cuerpo hasta encontrar la salida por el orificio de tu boca? Pues piensa en ello y comprenderás que no se trata de una muerte agradable, sobre todo si invertimos dedicación en el proceso y tiempo, en este mísero planeta, es lo que ahora nos sobra.

Tanja guardó esta vez silencio. Sabía que lo pasaría mal en manos de ilidianos y dragyanos, sobre todo ahora que querían algo de él, pero sabía que debía ser fuerte y resistirse al efecto persuasivo de las palabras de Kanirh.

-Te lo preguntaré una vez más -continuó Javel- ¿Qué pretendías rondando la espera del casting de hoy? Vas a decírnoslo o quieres que empecemos a "elevar tu interior".

-Estaba... -el aumento de la presión hacía que hablara con mayor dificultad que al principio-... estaba en la... cola... para llegar hasta... la reina consorte...

-¡Vaya! Veo que accedes a colaborar... Y dinos ¿por qué? ¿Para qué querías acercarte a mi encantadora esposa? Soy muy celoso, sabes... -dijo con gran dosis de sarcasmo.

-Intentaba... intentaba desenmascararla... delante de todo... el mundo...

-¿Te refieres en medio del programa? -Tanja no contestó a la pregunta de Kanirh. Si poco le gustaban los ilidianos, menos aún los dragyanos caras de reptiles, y de todos ellos aquel ser se llevaba la palma- ¡Contesta!

-Sí..., pensaba hacerlo... en medio del programa...

-Ya veo... ¿Y cómo pensabas hacerlo? Mi guardia te ha encontrado un aparatito -inmediatamente le entregaron al Rey uno de los dos dispositivos construidos por Hans durante la noche anterior-, por cierto, es horroroso ¿lo has fabricado tú? No, claro, tú no puedes con esos rechonchos dedos en forma de pezuñas y eso sólo significa una cosa, que has recibido ayuda... ¿Qué hace esto exactamente? -aún no parecía ser la tortura demasiado fuerte como para desvelarle la verdadera finalidad de aquel dispositivo- Te recuerdo que puedes sufrir mucho si no colaboras -Tanja seguía permaneciendo mudo ante su pregunta- Bien, si así es como lo quieres. Mi equipo técnico no tardará en averiguar su finalidad y tu heroico acto se volverá inútil. Por desgracia pronto va a empezar el programa de hoy, toca casting y no me lo quiero perder. Mientras tanto dejaré que Kanirh haga alarde de su persuasión contigo -miró al dragyano, éste parecía feliz por lo que había oído-. No acabes con él... Hasta que no averigüemos qué tramaba, le quiero vivo. Después ya veremos si te lo dejo o no.

Con estas palabras Javel dio media vuelta y se marchó. Entonces la boca del dragyano se deshizo en una sonrisa rebosante de hilos salivales.

-Bien, parece que al final nos vamos a divertir juntos.

-No... no puedes matarme... ya lo has oído...

-¿Matarte? Oh, no... Pero lo que a Javel no le importa es tu estado o que parte de tu cuerpo te falte siempre y cuando estés vivo... ¡Sacadle de ahí! -ordenó- y llevadlo a mi laboratorio, allí tengo instrumental más adecuado para prolongar su sufrimiento.

 

***

 

Grande era la excitación que sentían todos los aspirantes. Pacientemente, aguardaban las inmensas colas en espera de su momento de gloria en el programa más visto a nivel global. Para que sus sueños fueran completos debían de ser seleccionados; pero para ello antes tenían que superar un casting, el del aclamado Operación Triunfo Celestial, el primer paso reconocido hacia la gloria bendita. Hans los miraba y no alcanzaba a comprender cómo aquellos seres... ¿Cómo había dicho la cabra voladora que se llamaban? ¿Ilidianos? Sí, eso era. Como aquellos ilidianos podían llegar a controlar a todos aquellos hombres y mujeres que no sólo allí estaban reunidos, sino que desde sus casas, en las calles de la ciudad, desde cualquier punto del país o del propio planeta, se sentían atraídos ante tal farsa y eran incapaces de ver la realidad. No como extraterrestres con intenciones dominantes y ansias de aniquilación, no... Sino simplemente ver que aquellos que incitaban a la participación de O.T.C. no eran más que unos impostores, falsos dioses que en ellos, pobres ingenuos, habían encontrado su provecho y un filón de oro.

Todo aquel bullicio le alteraba los nervios. Sentirse tan cerca de aquellos seres extraterrestres, de la propia Lussa en cuyo interior habitaba una mente humana, siempre y cuando creyese todo lo que le había dicho aquel extraño chivo alado, le producía escalofríos, miedo, pánico... Saldría corriendo y no pararía hasta cruzarse toda la ciudad... Pero el plan de Tanja pasaba porque él estuviera cerca de la ilidiana o, al menos, dentro de la sala donde se llevase a cabo el casting. No sabía con certeza qué esperaba conseguir el handromita con aquel estúpido plan, estúpido porque él era quien más arriesgaba al tener que estar más cerca de la diva; Joost permanecería en el exterior del recinto con un receptor portátil de televisión, así podría controlar si su disparatada acción provocaba algún efecto resultante en la retransmisión del programa. De acuerdo estaban en que la parte del chico no parecía la más importante, pero aún era bastante joven y por eso le fue asignada la menos arriesgada..., aunque eso sí, tragarse todo el casting de O.T.C. ya le debía de parecer bastante duro. Por su parte, Tanja debía estar escondido entre la multitud en espera del momento adecuado. Según él, el control que Lussa ejerce sobre Laura se podía debilitar mediante una frecuencia de una longitud de onda precisa, la misma que se utilizó para subyugarla cuando se produjo la biotransferencia de mente. Si se encontraba en lo cierto y los dispositivos que le había hecho construir durante gran parte de la noche funcionaban, la barrera de control quedaría anulada y Tanja se podría comunicar con la mente humana de Lussa y así ella, utilizando sus técnicas de psicodefensa, contrarrestaría tal dominio y se crearía una brecha en éste. Pero... ¿Dónde se encontraba el dichoso handromita? Vale que se mantuviese escondido entre todas esas personas, pero si tenía que activar el dispositivo a una señal suya y no sabía dónde se encontraba... ¿Cómo demonios iba a saber cuándo tenía que activarlo? Hans se planteó esta pregunta y decidió que en caso de no recibir la indicación esperada, en cuanto estuviera a punto de tocarle actuar, y por lo tanto suficientemente cerca de la ilidiana, lo activaría... Entonces comprobaría cuánto de cierto había en todo aquel cuento que le estaban haciendo creer.

Entró en lo que parecía un gran plató de televisión, uno inmenso; tan magno como correspondía al programa. Observó que una gran parte de ese espacio estaba ocupado por los aspirantes a la corte celestial, que calculó en más de trescientas personas, él incluido; de todos ellos, sólo unos veinte o treinta solían ser elegidos por casting aunque eso era relativo ya que había días en que la jornada se cerraba con no más de diez preseleccionados. Para el éxito revolucionario que había tenido el programa, poseía un escenario bastante simple, con un aséptico atril en su lado izquierdo en el que ya se podía ver a la popular Lussa que, en su papel de divinidad conductora del show, sermoneaba sin parar tanto a asistentes como a televidentes dándoles la bienvenida y transmitiendo al público lo maravilloso que sería para algunos pertenecer a la citada corte y lo que ello significaba; un consabido discurso que al inicio de cada programa, repetía momentos antes de empezar el casting.

Cámaras, ayudantes de control, regidores... Todo el plató se encontraba a rebosar de personal de O.T.C., absolutamente todo. Algunas de las cámaras se limitaban a enfocar a los aspirantes en su mera función de captar el ambiente general, otras se centraban en la persona sobre el escenario mientras realizaba su actuación en un espacio limitado por cuatro inmensas columnas cuyos colores variaban desprendiendo reflejos de las más diversas tonalidades. Un ambiente puramente televisivo con gente abiertamente alegre e ilusionada y personas terriblemente asustadas y nerviosas ante la mera sombra del fracaso en la prueba... Y en medio de todo aquello, Hans. Lógicamente él no llevaba ninguna actuación preparada pues se negaba rotundamente a participar en aquella absurda farsa, pero de pronto algo en lo que no había caído se le pasó por su mente... ¿Y si su dispositivo no funcionaba? Al menos como en principio habían supuesto y no provocaba ninguna alteración en aquel cerebro ilidiano. Sin Tanja cerca para apoyar su insensato acto terrorista se vería solo y atrapado entre todos aquellos seres y, por mucho que pensara en retirarse del casting, había observado que por poco y malo que los aspirantes hubieran hecho, todos, absolutamente todos, pasaban por el escenario e incluso alguno era afortunado y resultaba preseleccionado; estaba claro que existían otros factores que influían en la decisión de Lussa aparte de tener una buena y hermosa voz.

 

***

 

Kanirh acarició la consola; con sólo un gesto podía inferir un dolor extremo hasta la muerte al pobre Tanja, pero supo controlarse. Sabía que si se excedía en su cometido Javel descargaría su ira contra él, al menos al principio, pues aquel handromita le importaba bastante poco. Pero hasta que no descubrieran la finalidad de aquel dispositivo que escondido le encontraron, debía medir sus deseos con el pobre infeliz. Acarició unos sensores y se deleitó, como quien escucha música en sus oídos, con el alarido de dolor del pobre handromita.

-¿Duele? La verdad, no comprendo tanta obstinación. Ya has sido descubierto, ahora te encuentras aquí, atrapado, torturado, ya no podrás traicionar a Lussa ante el público, su público... Entonces, ¿por qué sigues empeñado en sufrir? Qué es, una especie de mentalidad masoquista handromita o la búsqueda de la purificación, el perdón divino, por medio del dolor... A mí me da igual, mientras tú estás ahí pasándolo mal, yo disfruto con lo que hago, acepto con placer tu dolor sin ningún tipo de remordimiento... ¿A ver...? -se miró la frente en una superficie reflectante de forma teatral, como si buscara algo- No, definitivamente nada... Así que tú verás, por mi parte puedo seguir todo el tiempo que haga falta y eso me lleva a otra pregunta... ¿Cuánto eres capaz de aguantar antes de decirnos lo que queremos saber?

-... Siempre me has... odiado... Disfrutas con esto... ¿Verdad?...

-Por supuesto que disfruto; para mí es como el comer, un placer.

-Pues ten cuidado... un exceso te puede producir... una indigestión...

-¡Oh, vamos! No vas por buen camino, así no creo que me hagas parar ¡Espera! Tengo una idea -volvió a acariciar los sensores y Tanja no pudo retener otro grito de enfermizo dolor. Estaba sufriendo, sentía horrorizado el dolor que aquel dragyano del demonio le estaba provocando; pero era algo que sabía necesario y sólo pedía a su dios que le diera fuerzas para aguantar lo suficiente.

 

***

 

El aburrimiento que invadía a Joost se hacía insostenible por momentos y se reflejaba en los continuos bostezos que le era imposible reprimir. Seguir la retransmisión del programa diario de O.T.C. se le estaba haciendo cada vez más cuesta arriba y a ello, para mal de males, había que añadirle un intenso frío vespertino que se le estaba metiendo hasta los huesos; algo que le hacía plantearse el porqué él tenía que estar en la calle mientras que Hans y Tanja se encontraban bien calentitos en el interior del sospechoso plató. Bien pensado, para lo que estaba haciendo, podría hacer lo mismo en su casa o en la del propio Hans, donde además se estaba grabando todo el programa en vídeo; eso sí, siempre y cuando su amigo lo hubiera programado correctamente ya que, si bien se entendía con todo aquello que tuviese circuitos, transistores y microchips, no quitaba de que fuera algo despistado y más teniendo en cuenta lo descentrado que últimamente parecía estar.

El programa ya llevaba algo más de una hora, y lo más grave que hasta ese momento había sucedido era que, si nadie lo remediaba, aún le quedaba al menos otras dos horas de tedioso espectáculo. Tras la presentación de la Diva Lussa y su extenso y repetitivo discurso inicial, empezaron a desfilar los aspirantes por el señalado escenario... De pena, esa era la opinión del chaval, y no llegaba a comprender cómo podían haber escogido a un tipo que, a su personal criterio, era lo más soso bailando y no tenía precisamente voz para el cante... Pero claro, la constitución atlética en su metro noventa de estatura y su rostro sonrosado, de verdes ojos bajo la larga y rizada melena de color miel, le hacía un candidato perfecto para un estereotipado coro celestial. Si el handromita se encontraba en lo cierto, aquel casting era mejor que un reconocimiento médico; guapos, fuertes y sanos, los mejores ejemplares humanos como mascotas ornamentales.

 

***

 

Hans intentó de manera infructuosa localizar a su cómplice por encima de aquella multitud de candidatos. Era normal, y lógico por otra parte, que si su cornuda cabeza de chivo tenía precio permaneciese bien escondido ante la supuesta presencia de perseguidores... ¡Pero por el amor de Dios, no tanto! Pronto le tocaría a él y no tenía ni idea de cómo iba a reconocer la señal del handromita si desconocía el paradero de éste. Tan sólo una veintena de ovejas le precedían antes de que él llegase al matadero y su creciente nerviosismo se estaba intensificando en sus angustiadas tripas... ¿Qué hacer? ¿Cuándo pulsar el interruptor que activaba el mecanismo? Y si el momento que él elegía no era el más adecuado... ¿Dónde se encontraba ese maldito pajarraco?

Llevaban poco más de medio casting y ella ya no podía aguantar más. Su incomodidad había sido creciente desde que dos horas antes había acabado su discurso diario y fue entonces cuando el dolor empezó; suave como una generalizada molestia al principio, constante durante casi todo el resto del tiempo, pero intensificándose en los minutos finales. ¿Por qué ese dolor? Aunque no había una razón lógica para ello le asustó pensar en una posibilidad que no quiso ni barajar. No, no podía ser eso... Sería cualquier otra tontería, alguna razón habría pero fuera lo que fuese no le permitía concentrarse ese día. Tenía claro que si su concentración no era plena, todo el plan que estaban llevando a cabo desde hacía meses se iría al infierno, y por lo tanto no debían de correr ese riesgo. Aguantaría a cuatro o cinco aspirantes más, pero si veía que no cesaba el malestar, el resto deberían repetir espera al día siguiente, pues ante todo estaba su salud, la de los suyos y la del puñetero plan de su esposo el Rey Javel.

La fuerte presión ejercida entre sus dientes hizo que algunas esquirlas de estos saltaran al no poder soportarla y es que, pese a que la dentadura handromita era bastante compacta, el dolor que notaba en su interior se hacía insoportable. Algunas partes de su fuerte organismo se encontraban seriamente deterioradas; aguantar la tensión que sus músculos y huesos habían soportado no había impedido que los primeros se desgarrasen y los segundos se fisuraran en cuanto el dragyano activaba una vez tras otra su máquina del dolor. Algunas hemorragias internas se hacían visibles al exterior por el cambio de tonalidad de la piel y su débil cuerpo parecía indicarle que poco más podría aguantar aquella tortura, que poco más podría soportar aquel sufrimiento y que aquel intenso dolor que voluntariamente había soportado... poco más poder podría generar antes de caer en el desmayo. Tanja admitió el aviso que le daba su cuerpo como el momento clave, el indicado para contactar con su aliado.

"Hans"

-Tanja... ¿Pero...?

"Escúchame Hans, ahora estoy en tu mente..., a través de ella puedes oírme."

-No...

"No Hables, sólo piensa..., pero hazlo deprisa."

-¿Pensar?... "Pensar..." "

Así amigo, recuerdas lo que te conté sobre que era un mentaloide, pues como verás tengo mis recursos."

"Joder, esto es... fantástico... ¿De verdad me oyes?" "

Sí, no te preocupes. Ha llegado el momento que habíamos esperado, debes activar el dispositivo inhibidor... Yo haré el resto... Hazlo ahora..."

"¿Ahora?"

"Sí, ya... Si tardas en hacerlo no podré ayudarte..."

Hans tocó el dispositivo que llevaba en su bolsillo, gemelo del que había pertenecido al handromita, y pensó que no iba a funcionar, que un trasto que él había construido en sólo unas horas era incapaz de interferir en el control mental que Lussa poseía sobre Laura; aquello le parecía imposible pese a los extraños cristales vibrantes que le había proporcionado Tanja... Y de pronto se vio cometiendo una estupidez ¿Para qué iba a utilizarlo en medio de un programa de O.T.C.? No tenía sentido.

"Vamos Hans... ¿Qué te ocurre? ¿A qué esperas?"

"No... entiendo..."

"Estás demasiado cerca de Lussa y su poder de control está influyendo sobre ti."

"¿Quién...?"

"Acciona ya el dispositivo, Hans... ¡Acciónalo maldita sea!"

Fue de forma instintiva, no premeditada; su mano se cerró sobre el dispositivo ante la insistencia de aquella voz que oía en su cabeza... y entonces fue cuando se desató el caos.

Como si una bala hubiese destrozado su dotado cerebro, la Diva Lussa se llevó las manos a sus sienes en medio de un alarido de dolor y de una increíblemente rápida torsión de espalda; toda ella se contrajo inmediatamente después mientras gritaba y se zarandeaba por todo el escenario del plató, pero poco podía hacer ante el demoledor ataque del handromita. Los restantes ilidianos que se encontraban en el falso plató se estrechaban sus cabezas entre sus manos intentando arrancar de ellas aquella frecuencia que tanto dolor les producía. El plató desapareció, se esfumó dando paso a una inmensa nave industrial repleta de modernos robots y extraños artilugios, entonces todos pudieron ver la realidad por vez primera en muchos meses. Aquellos trabajadores del O.T.C. que velaban por la realización de un buen programa también desaparecieron y dos especies bien diferenciadas de seres tomaron su lugar; unos enjutos, altos y con un volumen craneal asombroso, otros algo inferiores en estatura, más corpulentos y de claros rasgos reptiloides... Ilidianos y dragyanos, pudo reconocer con pavor inmediatamente Hans. En lugar de las columnas que limitaban el escenario apareció una extraña máquina cuya principal pantalla, de unos ocho metros cuadrados, escupía lecturas sobre el candidato en curso; un claro esquema biológico, cientos de símbolos ilegibles, docenas de variantes vectoriales y algunos diagramas tridimensionales, proporcionaban a Lussa todos los parámetros necesarios para que pudiera realizar la elección. Las cámaras de televisión también habían desaparecido y en su lugar aparecieron varios dispositivos esféricos, pura tecnología ilidiana adaptada para la retransmisión, y otros dos, con forma ovoide, visualmente más sofisticados.

Tras la sorpresa inicial, todos aquellos firmes candidatos a la celestialidad de una corte empezaron a cuestionarse qué hacían allí y cómo habían llegado a aquel lugar, un desconcierto generalizado al que no ayudó la visión de los seres humanoides; los gritos empezaron y el pánico de extendió en sólo unos segundos. Hans recibió una fuerte impresión al darse cuenta de que todo aquello que allí estaba ocurriendo era culpa del dispositivo que ocultaba en su mano, pero no tardó en reaccionar y recuperar su cordura, ausente tan solo unos momentos, a tiempo de estremecerse ante la visión de la horrible realidad en la que se encontraba inmerso. Cerca de él un joven, bien como un acto de valentía extrema o influenciado por el pánico generalizado, se lanzó contra un dragyano enzarzándose en una terrible pelea cuerpo a cuerpo; la primera de todas las posibles, la única en realidad, la más corta y definitiva... pues de la garra del reptiloide surgió un destello de intensa luz que impactó de lleno en el frágil pecho del osado muchacho carbonizándole en un escaso segundo la mayor parte de su torso. El resto de su cuerpo se desplomó ante los atónitos ojos de los que cerca de él se encontraban, provocando tal histeria colectiva que algunos dragyanos encontraron en sus dos cañones ovoides la solución a tal problema. A cada traicionero disparo contra la multitud, de ocho a diez eran los humanos que les dejarían de importunar y eso les encantaba, les hacía sentir su propia sangre correr intensamente por sus gruesas venas tanto tiempo atrás aletargadas, el olor a aniquilación despertaba viejas deudas adquiridas con sus antepasados y, para ellos, su particular venganza comenzaría en aquel lugar, en aquel ficticio plató de mentiras desentrañadas.

"Tanja... ¿Eres tú?"

"Claro mi niña... Cuánto tiempo hacía que no oía tu angelical voz..."

"Qué está pasando? Oigo a gente gritar, veo borrosas figuras correr, percibo mi alrededor a través del cuerpo de Lussa... Pero siento paz, una paz infinita... Nunca antes me había pasado."

"Y no durará mucho, cielo... Créeme."

"¿Por qué no? Es agradable pero..., ¿qué es lo que está ocurriendo? Hay mucho ruido."

"Es el sonido del abandono de una mentir