| Escrito por Rafael
Rius Sánchez
El aroma predominante era de aquellos
que abrían el apetito. Suculentos huevos, moteados
de dispares círculos anaranjados cortesía
de un sabroso choricito frito, mantenían aún
su ebullición sobre aquel plato de cerámica
cocida; dos hermosas salchichas bratwurst completaban
aquel delicioso manjar culinario que Hans acababa de
prepararse. Todo estaba en su punto, y no es que fuese
el mejor de los cocineros pero... para qué engañarse,
unos simples huevos fritos están al alcance de
hasta los más negados en el arte del cocinar.
Esperó un poco antes de acomodarse frente a la
mesa pues, como venía sucediéndole últimamente,
lo solitario de aquel plato le estremeció; una
jarra de cerveza ya a medias y un trozo de pan completaban
aquel panorama... Y no pudo por más que lamentarse.
Casi siete semanas hacía ya
que no se sabía nada de ella y cada vez que se
sentaba en aquella mesa se reactivaba su sensación
de ausencia... y eso era algo que, de manera inevitable,
le comprimía el corazón. ¿A razón
de qué? Se preguntaba constantemente, ¿por
qué tuvo que presentarse a ese maldito y estúpido
programa? Por más que se lo había advertido
no había servido de nada, ya le intentó
explicar que aquello de deidades era una locura, que
sin duda se trataba de una secta y que Lussa, aquella
charlatana que tanto fascinaba a todo el mundo, era
la recolectora de adeptos, la encargada de captar a
aquellos crédulos y hacer no sabía qué
cosas con ellos... Ilógicamente para él,
ella le llamó paranoico; le dijo que tenía
que creer, que en ellos se encontraba la salvación,
la felicidad, que ellos habían venido a enseñarnos
el camino de la ascensión a los cielos y que
si él no quería ir, sería su problema,
pero ella sí iría a ese casting. Tras
aquella discusión, y hasta ahora, la mesa sólo
había acogido un solo plato. Una explicación
ayudaría, pero nadie parecía tener interés
alguno en averiguar qué demonios ocurría
con los "agraciados", a dónde se llevaban
a esos privilegiados elegidos... Lejos seguro, pero
desde luego al Cielo no ¡Otra gilipollez igual!
La pasividad con que las autoridades afrontaban este
problema no se quedaba atrás y simplemente se
limitaban a vanas explicaciones alegando que todos los
permisos estaban en regla, que poseían autorización
para aquel tipo de concurso y que los elegidos eran
llevados al Cielo, tal y como la Diva Lussa prometía
en sus apariciones... Obviamente estas respuestas no
le satisfacía, ni a él, ni a otros pocos
que como él no comprendían lo que estaba
realmente ocurriendo.
Sus tristes recuerdos apagaron su ánimo
y dieron paso a la inapetencia, a la soledad y a la
amargura. Quitó el sonido del televisor en el
que sólo se mostraba la extraña imagen
de la Diva Lussa, como muchos habían aceptado
en llamarla. Deidad, diosa... Quizás, pero sólo
del engaño, de las pantallas y de la popularidad.
Había surgido de la nada diciendo que era un
dios, nuestro Dios encarnado en mujer, que venía
a liberarnos como Cristo lo hizo en el pasado; que crearía
una corte de ángeles con aquellos fieles elegidos
para encaminarnos desde los cielos, que nos salvaría
de nuestra propia destrucción... Puede que el
plato no llegase a romper el cristal del aparato, pero
los huevos fritos y el choricillo aceitoso resbalaron
por éste hasta llegar a caer en un sucio y, desde
hace tiempo, desatendido suelo.
Sus ojos rojos por el sinfín
de lágrimas derramadas, sus pelos revueltos por
aquellos nerviosos dedos y con su rostro congestionado
por el dolor, Hans pensó que lo mejor para pasar
aquella noche era una de aquellas mágicas pastillas
que guardaba en uno de los cajones de aquella vieja
alacena, aquella que tanto les gustó cuando Helen
y él decidieron comprarla en un anticuario. Sacó
fuerzas de flaqueza para llegar hasta aquel frasco de
tranquilizantes y se sorprendió observándolo
fijamente... Sería tan fácil, en vez de
una o dos pastillas, tomar varias, diez o doce deberían
de ser suficiente..., se sentiría tan ido que
seguro no llegaba a enterarse; pero no. Desconocía
dónde se encontraba Helen, y sabía que
le había advertido, cierto, pero ella sólo
era una inocente más engañada por aquellos
manipuladores disfrazados de dioses, ella no tenía
culpa de haberse visto arrastrada por su falso testimonio...
No, ella podía necesitar de su ayuda, podría
incluso encontrarse sufriendo, coaccionada, forzada;
no, ahora no sabía bien cómo, pero algún
día encontraría la manera de averiguar
qué había sido de ella y puede que, si
de veras existía un Dios y no aquellos charlatanes
disfrazados de deidades, entonces la recuperaría...
y eso no podría suceder si ahora se tomaba varias
de aquellas píldoras. Cogió sólo
un par y dejó el frasco de nuevo en la alacena.
Pese a lo cerca que había llegado a estar, por
hoy lo había superado. Tomó la ya vacía
jarra de cerveza y la rellenó con un poco de
agua, agua con espumarajos gracias a los restos, pero
qué más daba... Justo cuando se tragaba
las pastillas el timbre de la puerta sonó.
Hans sintió un escalofrío,
¿quién podía llamar a su casa a
esas horas de la noche? Y además con aquella
insistencia... ¡Helen! Pues claro que sí,
era ella que había regresado, sólo podía
ser ella. Corrió tan emocionado como apresurado
hasta la puerta y la abrió sin pensarlo dos veces.
Sus ojos se llenaron de alegría cuando la vio
allí, de pie, en el rellano de la entrada frente
a él. Su rostro era algo más demacrado
que la última vez que lo vio, pero seguía
igual de guapa y hermosa... Era ella, con aquel respingón
hociquito, aquellas alitas de ángel, aquellos...
cuernecitos... ¡Pero qué demonios era eso!
-Hola Hans, tenemos que hablar...
Fue lo único que a Joost le
dio tiempo a decir antes de que la mezcla de cerveza
y sedante hiciese perder el conocimiento de su amigo
y éste cayese redondo en el maltratado suelo.
***
La incomodidad que sentía en
su cabeza le hizo que poco a poco despertase de su sueño.
Aquellos tranquilizantes que tomaba eran demasiado fuertes
y aunque cumplían el cometido de hacerle dormir,
a menudo se levantaba con dolor de cabeza. Ahora, además,
la luz del amanecer entraba directamente por la ventana
incidiendo, como si lo hiciese a propósito y
con una monumental mala leche, directamente sobre sus
entreabiertos ojos. Se tapó la cara con una de
sus manos y con algo de esfuerzo se reincorporó
sobre la cama...; bostezó, un bostezo que se
prolongó con un crepitar de huesos mientras estiraba
los brazos hasta rozar el límite de la descoyuntación.
Aún en estado somnoliento, recordaba vagamente
las pesadillas con que había sido bombardeado
durante toda la noche. Recordó que había
soñado con Helen, aquello no fue una pesadilla;
recordó que después de seis interminables
semanas, regresaba a casa. Pero ese sueño se
convirtió en la peor de las pesadillas cuando
lo que debía haber sido un ser angelical, se
fue transformando en un monstruo, un demonio descendiente
del mismísimo Belcebú, con cuernos, pezuñas
y hasta una barbita en forma de perilla... Menos mal
que aquel horroroso ser ya había desaparecido.
Abrió de forma lenta los ojos en su total despertar
y lo que vieron hizo que de un salto dejara la cama
para quedar arrinconado entre dos paredes.
-¡Joder! -dijo cuando vio a Tanja
mientras éste le miraba con cara de sorprendido.
-Tranquilo Hans, no es peligroso, es
un amigo...
-¿Joost? ¿Qué
haces aquí? ¿Y qué es... eso?
-No es eso -contestó el chico-,
es ese, y se llama Tanja.
-Encantado -terció el handromita
intentando ser lo más respetuoso posible.
-¡Dios mío! ¡Pero
si es una aberración de cabra que habla y vuela!
¡Y además está vestida! -gritó
el hombre con total desesperación e incredulidad.
-Es una larga historia, pero se encuentra
aquí porque necesita de nuestra ayuda tanto como
nosotros necesitamos de la suya; él puede ayudarte...
Sabe lo que le ha pasado a Helen...
Hans no dijo nada. Miró fijamente
al chico mientras asimilaba lo que acababa de decir
y, al poco, pasó su observación a aquel
extraño ser que había aterrizado en su
vida. Poco a poco, su terror inicial fue desapareciendo,
enfriándose mientras su mente empezaba a trabajar.
¿Qué era ese ser? Lo ignoraba completamente.
Joost había dicho que era un amigo... ¿Amigo?
Si un bicho así no podía existir. En realidad
todo eso empezaba a darle lo mismo ya que algo de lo
que su amigo había dicho hacía que una
perdida esperanza renaciese en su interior.
-¿Qué es lo que has dicho?
-preguntó al chico.
-Que él sabe donde está
Helen..., tu Helen.
-¿Y cómo es eso posible?
¿Cómo esta cabra con alas lo puede saber?
-No soy una cabra con alas -se quejó
Tanja desplegando enérgicamente sus emplumadas
alas-, y desconozco quién es esa Helen de la
que habláis, pero lo que sí sé
es lo que les ocurre a todos los recolectados por los
ilidianos y, si ella es una de las "afortunadas",
es muy probable que se encuentre con el resto.
-Espera, espera... -dijo algo descolocado
Hans- ¿De qué me estás hablando?
¿Ilidianos? ¿Joost...?
-Deberías empezar por escuchar
lo que me ha contado, es alucinante... a la vez que
aterrador.
-Está bien, está bien...
Empecemos por el principio ¿De acuerdo? Bien...
¿Qué o quién eres tú?
-Mi nombre es Tanja. Pertenezco a los
handromitas, de un pequeño planeta llamado Shagran.
En él conviven dos especies que comparten el
dominio sobre las demás; una de ellas es la nuestra,
una especie mística, mentaloide y pacífica;
la otra son los Borlastritas, una sociedad algo más
belicosa y avanzada que la nuestra..., ambas especies
nos respetamos mutuamente ya que vivimos en una clara
simbiosis materia-espíritu. Yo era un simple
maestro de doctrinas, enseñaba nuestra historia
natural y lo que en esencia significa, en un una localidad
bastante apartada de los núcleos ampliamente
urbanizados... Entonces fuimos atacados por una partida
de cazadores ilidianos...
-¿Cazadores ilidianos...? -preguntó
Hans con cierto escepticismo por lo que estaba oyendo.
-En efecto. La sociedad ilidiana es
una sociedad coleccionista; ese, y no otro, es el sentimiento
más arraigado en su civilización... Lo
que más prefieren coleccionar son seres alienígenas,
razas diferentes, especies distintas, todo lo que tenga
vida y no pertenezca a Ilidia es susceptible de ser
coleccionado por la sociedad ilidiana... Nos capturan
primero para vendernos después en su planeta...
como mascotas. Casi cualquier raza de nuestra galaxia
tiene alguna representación en sus escaparates...
-¿Humanos también?
-Oh, sí... No son los preferidos,
pero son bastante vendibles.
-¿Y qué tiene que ver
eso con Helen?
-Tiene y mucho. ¿Cuánto
hace que vuestra amiga Helen desapareció?
-Algo más de seis semanas -contestó
Joost.
-Entonces es muy probable que se encuentre
ya en un escaparate ilidiano...
-¿Qué? ¿Qué
quieres decir con eso? ¿Qué tienen que
ver esos ilidianos tuyos con ella?
-Acaso no te preguntas cómo
es que estoy aquí, en tu planeta..., ellos me
trajeron, aquellos que se están haciendo pasar
por vuestros dioses, en realidad son ilidianos. Que
cuál es el secreto del gran conocimiento que
poseen de vuestro pueblo, de vuestras necesidades, de
vuestras debilidades, de todo aquello que pueden manipular
para que vuestra voluntad se vea entregada a su sometimiento...
Pues yo conozco la respuesta, y tiene nombre de humana.
-¡Helen! -vociferó con
impaciente esperanza el joven.
-No, Laura.
-¿Laura? -preguntó el
chico algo sorprendido-, ¿quién es Laura?
-Alguien a quien el destino reservado
para la Humanidad le llegó hace ya tiempo. Ella
fue... ¿Cómo lo expresáis vosotros?,
¿secuestrada?, ¿abducida?, arrancada al
igual que yo de su propio planeta, vuestro planeta,
y obligada desde entonces a ser una de las mascotas
ornamentales que tanto gustan a los ilidianos y que
tan denigrante te hacen sentir. Ambos coincidimos en
nuestra última tienda y enseguida noté
algo especial en ella. Mi niña era una chica
despierta, inteligente, de trato agradable y me atrevería
a decir que hasta hermosa según vuestros cánones
de belleza. No tardamos en trabar cierta amistad, aunque
creo sinceramente que fue como fruto de la necesidad
de comunicación y la falta de afecto que todos
sentíamos en esos lugares. Pero el destino era
más cruel de lo que podía nadie imaginar
ya que se guardaba una jugada en la manga. Pocos eran
los que conocían los planes del nuevo regente
de Ilidia y Laura era una candidata ideal que su mala
suerte la llevó a estar en el lugar más
inadecuado para ella el día de la coronación.
-¿Qué pasó ese
día? -preguntaba con curiosidad Joost.
-Sí, ¿qué pasó
con aquella muchacha? No haces más que hablar
en pasado de ella...
-Murió, o al menos una parte
de ella... Veréis, los planes de Javel, el nuevo
Rey de Ilidia, pasaban por poseer un conocimiento extraordinario
de las costumbres humanas, de sus creencias, de sus
predisposiciones a diferentes situaciones..., ese era
un conocimiento difícil de conseguir para alguien
que jamás ha pisado vuestro planeta. Pero la
solución le llegó de la mano de otra raza
alienígena, no tan dominante como ellos, pero
sí más bélica y tecnológicamente
desarrollada, los dragyanos...
-¿Dragyanos...?, vaya un nombre...
-Sí amigo Joost, vaya un nombre.
Pero hay que tener mucho cuidado con ellos, pues es
una raza traicionera que sólo atiende a sus propios
intereses. Están metidos en esto y es porque
esperan algo a cambio.
-Si son tan poderosos... ¿Por
qué prestarles su ayuda a los... ilidianos? -preguntó
Hans azuzado por la creciente curiosidad que empezaba
a sentir por la historia que Tanja les estaba contando.
-Pactos, coaliciones temporales entre
mundos enfrentados en pos de un beneficio mutuo...,
quién sabe. Lo que está claro es que una
de las cosas que buscan es saciar su sed de venganza.
-¿Venganza? -preguntó
Hans-, ¿venganza de qué?
-Venganza hacia vosotros, los humanos.
Los dragyanos son sólo una ramificación
resultante de millones de años de evolución
de una raza raíz. En consecuencia es fácil
entender que existen o existieron distintas ramificaciones
que durante todo ese tiempo han tenido mayor o menor
relevancia en la historia de este Universo. Entre ellas
siempre aparecen disputas, pero su concepto de unidad
ante un adversario exterior es tan solemne como increíble.
-¿Quieres decir que nosotros
somos considerados un enemigo exterior? Joder, pero
si no hemos hecho nada...
-Lo sé Hans, lo sé. Pero
ellos entienden que sí lo hicisteis, al menos
de forma indirecta. Por lo que sé, antes de que
los humanos se alzasen en supremacía como raza
dominante de este planeta, hubo otra, los rayptros,
que durante un tiempo se erigieron dueños y señores
de él. Estos rayptros, y los dragyanos, provenían
de la misma raza raíz. Pero a diferencia de estos
últimos jamás alcanzaron un nivel de desarrollo
tecnológico adecuado y a la larga eso les llevó
a perder su estatus de dominantes, con su consiguiente
e inevitable extinción, abriendo así el
camino para que vosotros, los humanos, surgierais como
dominantes... y por ello fuisteis culpados directamente
por lo ocurrido.
-Oye, oye..., lo que estás diciendo
es una somera estupidez.
-Así lo crees porque sois una
raza joven que aún no habéis alcanzado
siquiera los viajes interplanetarios en vuestro propio
sistema, pero en la galaxia existe una creencia extendida,
una especie de... axioma galáctico. Cuando una
especie desaparece y otra ocupa su lugar, es porque
los procesos evolutivos de esta última propician
el deterioro de la primera, por tanto a vosotros os
consideran los culpables de la extinción de sus
primos, los Rayptros.
-Mira... -empezó a decir Hans
con aire de desconcierto-, te voy a ser sincero. Es
cierto que no puedo explicar que una cabra voladora
me esté hablando mientras no para de lamerse
las plumas; también es cierto que aquellos que
se llaman dioses traman algo y que no son trigo limpio
y que tú, tan amablemente, me has explicado su
procedencia del todo convencido de lo que me dices;
está claro que ni tú, ni ellos, podéis
ser considerados normales. Joost te cree, y conste que
no se lo reprocho ya que es joven y se deja influenciar
fácilmente... pero yo no. Creo que todo lo que
me has contado es una sarta de tonterías incrédulas
y que te estás quedando con nosotros... ¡Joder!
Es la primera vez que una cabra con alas me cuenta algo...
¿De verdad no eres una aberración de esas
que hay en los circos?
-¡Hans! -gritó Joost,
ofendido por las palabras de éste- ¿Es
que no lo has oído? ¿Acaso no lo ves con
tus propios ojos? No pensabas que algo estaba ocurriendo
con OTC... entonces, ¿por qué ahora cierras
los ojos y no ves razón en las palabras de Tanja?
-Porque..., porque me horroriza pensar
en qué puede haber algo de verdad en lo que está
diciendo...
-Veo tu preocupación y tu miedo
-dijo apaciguador el handromita-, pero debes creerme,
tanto por ti como por el bien de las personas que quieres...
Es cierto todo lo que te estoy contando.
-Yo lo creo... No sé si es lo
acertado o no, pero hay algo en todo esto que hace que
crea en él.
-Está bien, está bien...
-asintió Hans con poco convencimiento-, y si
todo lo que cuentas es cierto... ¿Dónde
está Helen y qué podemos hacer para rescatarla?
-Tenemos la suerte de que en las primeras
semanas de asentamiento surgieran desigualdades entre
la metodología dragyana y los intereses ilidianos,
digamos que el trato recibido "estropeaba"
la mercancía. Así que en vez de teletransportar
directamente los recolectados a Dragya, se llevan a
Ilidia mediante transportes periódicos. Fletar
cargueros desde la Tierra es algo que aumenta los costes
y reduce ganancias en el esquema de Javel, por lo que
espera a que haya suficiente mercancía como para
llenar al máximo cada uno de esos transportes.
Mantener a todos los seleccionados, alimentarlos, cuidarlos,
vigilarlos... Eso era algo que podían eliminar
si los introducían en contenedores estacionarios...
-¿Contenedores estacionarios?
Eso no les afectará...
-Descuida, los ilidianos son los primeros
interesados en evitar deterioros innecesarios en los
recolectados ya que piensan ganar una fortuna con ellos.
-Pero yo he leído algo sobre
la criogenización y...
-¿Criogenización? -le
cortó secamente Tanja-, eso es una antigualla
de método comparado con el utilizado por los
ilidianos. Yo no soy un especialista en ese campo y
desconozco cómo actúa biológicamente
hablando, pero sé que les suministran una hormona
sintética que detiene todos los procesos del
organismo, absolutamente todos, de tal manera que permanecen
inmóvil durante todo el tiempo que se precise
y tan sólo son vulnerables a los siempre imprevisibles
elementos externos; por eso se deben encontrar en los
contenedores, para permanecer aislados de cualquier
situación que amenace sus cuerpos.
-¿Y después? -preguntó
el joven aún algo confundido por todo lo que
estaba oyendo.
-Eliminan la hormona y en pocos minutos
vuelve la actividad a sus sistemas biológicos.
-Ya..., y tú dices que sabes
dónde se encuentran esos contenedores, ¿no?
-A decir verdad no tengo ni idea de
su ubicación...
-¡Que no lo...! ¡Pues vaya
una ayuda! -se lamentó Hans con ofuscación.
-Pero -hizo Tanja una pequeña
pausa-, sé quién puede saberlo... Laura.
-Otra vez esa Laura... ¿Pero
no dices que está muerta?
-Sólo en parte. Mirad, no acabareis
de comprender lo que os quiero proponer si no conocéis
lo que le ocurrió a Laura, y el porqué
de que tal situación sea tan importante... como
beneficiosa. Un dragyano de nombre Kanirh compartió
el mismo destino que otras muchas de las razas alienígenas
que existen en nuestro Universo, se convirtió
en mascota ornamental cuando fue capturado por los ilidianos.
El cómo llegó hasta Javel y se ganó
su confianza es para mí aún un misterio,
pero le hizo creer que tanto él, como su pueblo,
tenían la solución perfecta para los problemas
a los que se tendría que enfrentar tras su coronación,
y todo pasaba por obtener a un humano... hembra si era
posible, ya que la receptora de la mente iba a ser precisamente
su futura compañera, Lussa.
-¿Receptora de la mente? ¿Te
refieres a...?
-Sí, me refiero precisamente
a eso. Lussa asimiló la mente de Laura para obtener
el pleno conocimiento que necesitaba.
-¡Pero eso no es posible! -infirió
Hans-, algo así... no se puede hacer ¿No?
-No para vuestro entendimiento y vuestro
desarrollo, pero créeme si te digo que ellos
pudieron al igual que pueden hacer otras cosas mucho
peores. No podéis ni imaginar lo poderosas que
ambas razas son por separadas... Así que si se
alían...
-Y entonces esa chica, Laura... ¿Qué
fue de ella? -cierta tristeza se podía sentir
en la pregunta del chico ya que conocía parte
de la respuesta que el handromita le iba a contestar.
-Un cuerpo sin mente es como una cáscara
que ha perdido su fruto..., es nada. Además,
el proceso de biotransferencia entre Laura y Lussa necesitaba
de una gran cantidad de energía, energía
que absorbía directamente de su organismo...
Sólo quedó un cuerpo consumido..., un
triste final...
-Pobre muchacha -se lamentó
Hans-. Pero si esa chica, Laura, está muerta,
aunque sólo sea en parte y que conste que eso
es algo que me está costando comprender... ¿Qué
es lo que convierte en beneficioso, para nosotros, su
particular drama?
-Laura, como persona física,
como humana, desapareció hace ya tiempo; su cuerpo
se consumió y lamentablemente ninguna moderna
tecnología me podrá devolver a mi niña.
Pero la esencia de todo lo que era, de su personalidad,
de sus conocimientos, de su fuerza, todo ello respaldado
por un inevitable y justo odio por lo que la hicieron,
permanece en el interior de esa ilidiana, en algún
oscuro lugar de su intrincado cerebro... Quizá
ahora entendáis la razón del gran conocimiento
que Lussa posee de vuestra especie...
-A ver si me aclaro -dijo Joost-. Laura
es como un chip de memoria dentro de un ordenador, en
el que el microprocesador, en este caso el cerebro de
Lussa, recurre a él siempre que desee obtener
alguna información concreta...
-Una buena analogía, pero en
nuestro caso se diferencia en algo importante; a Laura
no se la puede considerar un... ¿Cómo
llamarlo?, un elemento pasivo. Ella se encuentra latente,
en espera de ese impulso idóneo que le permita
pasar de simple memoria o elemento pasivo a elemento
activo e incluso al propio microprocesador del sistema.
Ella podría ser quien llegara a controlar la
mente de la propia Lussa..., o al menos eso es lo que
dice la teoría. El cerebro ilidiano es tan misterioso
como grande y reconozco que no puedo confirmar con una
certeza al cien por cien de que Laura llegase a predominar.
-Parece que empiezo a comprender lo
que quieres hacer -dijo el joven-. Piensas anular de
alguna manera el dominio que Lussa ejerce sobre la presencia
de Laura para que así sea ella quien tome el
control... Por eso hablas de que nos beneficiaría.
-Exacto. Yo mismo le enseñé
ancestrales técnicas de psicodefensa que sin
duda estará utilizando. Ahora mismo se encuentra
recluida en el interior de otro ser pero, aunque carezca
de contacto exterior, ella vive en su interior, despierta,
alimentándose de todas las experiencias vividas
por la Ilidiana, de todos sus conocimientos, de todas
sus emociones... y eso es precisamente lo que debemos
aprovechar.
-¿Sabes al menos cómo
conseguirlo?
-Sé, al menos, cómo intentarlo.
-Bueno, eso ya parece algo, ¿no?
-¿Que parece algo? Joder Joost,
¿en qué estás pensando? Si esa...
gente, es tan poderosa como este ser dice, con sólo
intentarlo no creo que baste.
-Esa joven, Helen... Laura sin duda
sabrá dónde encontrarla. Si nos damos
prisa en actuar y hacéis lo que yo os diga, puede
que aún tengáis una oportunidad de recuperarla...
Ya sé que no es mucho, y menos cuando os pido
que arriesguéis vuestras vidas por algo en lo
que no creéis de forma plena..., pero es lo único
que os puedo ofrecer...
-Ciertamente no parece mucho lo que
podamos hacer nosotros solos contra esta especie de
conspiración marciana -continuó Joost
en un tono de práctica súplica fraternal-,
pero creo que siempre es mejor intentar algo, por poco
que creamos en ello, a seguir desperdiciando la cena
en la maltratada pantalla de un televisor... Creo que
deberíamos oír lo que tiene pensado...
Es mi opinión -Hans miró a los ojos del
joven y pudo sentir el odio que le provocaba el reconocer
la razón en las palabras de su amigo.
-Está bien -dijo tras un incómodo
silencio que, aunque corto, se hizo una eternidad-,
vosotros ganáis... ¿Qué quieres
que hagamos?
-Algún día te alegrarás
de la decisión que ahora has tomado, ten fe en
ello... Por cierto, Joost me ha dicho que eres habilidoso
con la cacharrería electrónica, ¿es
cierto?
***
Javel inspiró profundamente
e intentó controlarse pese a que la paciencia
no se encontraba precisamente entre sus virtudes. No
era propio del Rey de Ilidia soportar los cambios temperamentales
que tan frecuentemente sufría Lussa, pero reconocía
encontrarse con las manos atadas ante este tema... ya
que ella era muy especial para él. Cierto era
que estos comenzaron al poco de llegar al aburrido y
sofocante planeta de aquel pequeño sistema, Tierra,
y que pocas eran las pruebas que aportaba Kanirh cuando
le aseguraba con rostro de entendido que el actual estado
de su esposa nada tenía que ver con posibles
secuelas fruto de la asimilación de aquella mente
humana. El dragyano defendía la postura de que
aquellos cambios temperamentales tenían su origen
en otro motivo, quizá algo físico, quizá
trastornos hormonales o, como más le gustaba
asegurar, como consecuencia de una larga, larguísima
exposición a las pésimas condiciones del
planeta. Ninguna de estas respuestas agradaba al preocupado
regente pues ni su propia esposa, cuya compleja constitución
resultaba bastante fuerte comparada con la mayoría
de las hembras de su especie, era incapaz de soportar
los rigores climáticos y físicos del planeta,
cómo iba a ofrecerlo como solución a los
problemas de superpoblación de su mundo. No,
aquello sólo sería una solución
a medias; tras un corto período de alabanzas,
alegrías y vítores todos ellos a su favor
y en su apoyo, sobrevendría la insatisfacción
y consiguiente hostilidad de su pueblo para con ellos
en general, y más particularmente contra él
por haber sido el artífice de tan magno plan.
No podía basarse en meras suposiciones, debía
conocer el verdadero motivo de las alteraciones que
sufría la otrora estable ilidiana, y por descontado
debía averiguarlo cuanto antes.
Miró a los ojos a su amada Lussa,
gesto que ella prefirió ignorar. Acababa de tener
un real berrinche en extremo escandaloso y su ira salpicaba
de lleno al propio Rey.
-¿Crees que ya te encuentras
en condiciones de hablar? -preguntó secamente
Javel-, ¿o acaso pretendes seguir lamentándote,
a costa de los nervios de los demás, de tu actual
situación en este planeta?
-¿Es que acaso no llevo razón?
-dijo ella sofocada-, si me lamento es porque tengo
necesidad de expresarlo, de compartir con los demás
todo lo que estoy pasando en esta pútrida roca,
de que vean la maldita esclava de tus intereses en que
me he convertido...
-Te recuerdo que no son mis intereses,
sino el interés del pueblo ilidiano...
-¡Tuyos y del maldito pueblo
ilidiano!
-¡Cálmate!
-¿Por qué debería
de hacerlo? ¿Acaso temes que me oigan y piensen
que su reina está trastornada? Ahora que caigo,
creo que lo que temes es que todos piensen que no tienes
el suficiente arrojo para callarme... ¿Es eso
por lo que quieres que me calme?
Javel reprimió un primario instinto
que le impulsaba a abofetearla. Sabía que podía
hacerlo porque para eso él era el Rey, nadie
se lo recriminaría; pero no quería eso
con su mujer, no con Lussa... Si se hubiera tratado
de alguna otra de sus concubinas no lo habría
dudado ni un instante, pero ella era especial, ella...
era quien manipulaba a todos aquellos humanos y por
ello no debía sufrir daño alguno.
-Mira -dijo él mientras inspiraba
hondo e intentaba inculcar un cierto tono apaciguador
en sus palabras-, has de comprender que sobre ti ha
recaído una tremenda responsabilidad, sé
que todo este asunto de la colonización se está
alargando más de lo deseado y que ello te afecta
más que a ningún otro dado el esfuerzo
que a diario debes hacer..., y que lo comprendas está
muy bien, sí... porque no hemos acabado, el momento
oportuno está aún por llegar.
-¿Y a qué esperamos?
-dijo casi con lágrimas; del más absoluto
histerismo había pasado casi de inmediato a una
actitud sumisa y de derrota- ¿Acaso no tenemos
ya suficientes humanos? Ya hemos conseguido a miles
de buenos especímenes... ¿Por qué
prolongar esta tortura?
-Querida, sabes tan bien como yo que
no son suficientes. Cuando los dragyanos arrasen toda
vida humana existente en este planeta, esta especie
se extinguirá en su práctica totalidad
y sólo quedarán los ejemplares que podamos
vender en Ilidia; el conocimiento de su extinción
dará un valor mayor a la mercancía...
Necesitamos riquezas para empezar con buen pie nuestro
reinado y si éstas se las arrebatamos por la
fuerza al pueblo, no importará las soluciones
a la hiperpoblación que les podamos ofrecer,
seremos tachados de dictadores y en poco tiempo querrán
derrocar nuestra Casa Real. Pero si... ¡Escúchame!
-dijo sujetando suavemente la cabeza de la ilidiana
entre sus manos mientras trataba de no perder sus ya
irritados nervios-, si ese dinero lo conseguimos del
propio pueblo de una forma sutil, que sean ellos los
que nos lo den pensando que compran una ganga cada vez
que adquieran a uno de esos humanos..., nuestros humanos...
Entonces seremos alabados y bendecidos por todo lo que
para ellos hemos conseguido; obtendremos el beneplácito
de nuestro pueblo por un lado y un enriquecimiento de
las arcas reales por el otro... Es así de simple
querida, por eso..., por eso aún no es el momento
de abandonar este mísero planeta.
Lussa quedó en babia tras escuchar
la contundente exposición hecha por su marido.
Ausente, se lamentaba interiormente de todo aquello
que estaba viviendo, de los sufrimientos que a diario
padecía y maldijo el momento en que accedió
a la propuesta de su entonces futuro cónyuge
y futuro Rey.
-De todas formas -continuó Javel-,
después del casting de hoy haré que uno
de nuestros especialistas te examine, sólo por
precaución...
-¿Un doctor...? Lo único
que me enferma es continuar en este maldito lugar.
-Razón de más por lo
que quiero que te examine, para que dictamine si lo
que te ocurre es efectivamente producto de una prolongada
presencia en este ambiente. De no ser así podríamos
darlo por sentado y descubrir demasiado tarde que nos
equivocamos en tu apreciación...
-¡No necesito ningún matasanos!
Lo que necesito es volver a Ilidia... Eso es todo...
-Sabes que es imposible.
-¡No quiero ver a ningún
doctor!
-¡Vendrá a verte después
del casting y no se hable más! -sentenció
enérgicamente Javel antes de levantarse de su
lado y dirigirse a la puerta de la estancia en la que
se encontraban-. Y ahora prepárate, quiero que
en el show de hoy resplandezcas como los soles de Ilidia.
Poco, o más bien nada, era lo
que en ese momento le podría suavizar el mal
humor que le sofocaba bajo su áspera piel, pues
tener discusiones con Lussa nunca había sido
de su agrado. Él la quería a su manera,
la admiraba y le reconocía el mérito de
lo que ella estaba logrando pero... últimamente
le levantaba demasiados quebraderos de cabeza y eso,
por desgracia, era algo que poco a poco iba minando
su relación. Si permanecían mucho más
tiempo en este planeta debería ir pensando en
buscarse a otra que la sustituyera.
Una hermosa estatua, construida en
mineral diamantino ilidiano y presidiendo la entrada
del majestuoso Palacio Real; ese parecía el justo
reconocimiento a la importante labor llevada a cabo
por Lussa, todos estarían de acuerdo y habría
una aceptación unánime. Javel se encontraba
pensando en el futuro, siempre lo hacía para
que nada le cogiera de improviso, y por eso le extrañó
el cruzarse con dos guardias de las Fuerzas Reales en
los pasillos de sus aposentos. Uno de ellos portaba
en su mano una tablilla de notificaciones reales; fue
el primero en hablar tras el reglamentario saludo.
-Mi Rey, Seguridad nos ha pasado este
informe prioritario; convendría que lo viera
ahora, es importante -se atrevió a aconsejar.
-¿Importante? -dijo mientras
de un brusco tirón le arrebataba la tablilla.
Le echó una rápida ojeada y su gesto de
ira fue tornándose en una incipiente sonrisa-
¿Cuándo le han capturado?
-Hace bastante poco. La notificación
es prácticamente inmediata.
-¿Y dicen que ha sido rondando
las esperas del casting?
-Eso es lo que parece, mi Rey.
-Maldito estúpido... ¿Qué
pretendía? ¿Acaso se pensaba que él
solo iba a desbaratar nuestros planes?... ¿Dónde
se encuentra ahora?
-En el tercer nivel inferior, vigilado
por varios guardias reales.
-¿Varios guardias reales? ¿Pero
de qué tenéis miedo? Ese miserable jamás
podría hacernos daño... Bien, comunicádselo
a Kanirh y que se presente allí inmediatamente,
pero que no haga nada hasta que yo llegue.
-De acuerdo, mi Rey.
Ambos guardias se despidieron y se
alejaron por el amplio pasillo. Javel sonrió
ahora sí de una forma abierta; poco se había
imaginado minutos antes que lo haría, pero esa
noticia le agradó. Sentía la necesidad
de ser cruel con alguien y aquel pequeño ser
se lo había puesto en bandeja. Pero antes de
bajar debía hablar con el equipo de especialistas
acerca de Lussa, ya tendría tiempo de averiguar
qué tontería pensaba hacer en el casting
aquel estúpido handromita.
***
-Hola Tanja -dijo la sibilante voz
del dragyano-, nos volvemos a ver.
Kanirh había bajado de inmediato
al enterarse de su captura; no porque lo hubiera dicho
Javel, eso era algo que le importaba más bien
poco, sino porque la noticia había agudizado
su olfato y se olía que esta vez el destino final
de aquel viejo conocido iba a ser diferente. No era
la primera escapada que llevaba a cabo desde que llegaron
a la Tierra y, o mucho se equivocaba, o Javel ya se
estaba cansando del handromita; en tal caso, lo que
le sucediera pasaba por sus escamosas manos.
Tanja se encontraba inmovilizado en
un pequeño contenedor energético. Estos
consistían en una simple plataforma inferior
y otra, algo mayor, colocada sobre la vertical de la
primera; cuando éste era activado, una gran fuerza
opresiva se repartía homogéneamente por
todo el cuerpo del individuo que en él se encontrase,
impidiéndole cualquier tipo de movimiento y sumiéndolo
en un estado que, si bien no revestía peligro,
sí acarreaba agónicas molestias de manera
constante. Kanirh había ordenado que se inhabilitara
la parte superior del campo para facilitar el libre
movimiento de cabeza del handromita y así permitirle
hablar.
-Te creía más inteligente.
Mira que volver a la cola de uno de esos estúpidos
casting... ¿Qué ha pasado? No me vendrás
ahora con eso de que no has encontrado a nadie que te
escuche, ¿verdad?
-Eres un dragyano -dijo Tanja con esfuerzo.
El campo de fuerza le oprimía el pecho y le hacía
respirar con dificultad-, en tu naturaleza está
el no comprender lo que... significa la palabra lealtad...
cuando se trata de amigos...
-¿Amigos? ¿Qué
amigos? -dijo con malintencionado sarcasmo- La única
amiga que tuviste murió hace ya tiempo ¿Recuerdas?
Fue para mí un gran placer realizar aquella tarea.
-La lealtad a la... que me refiero
va más allá de lo físico... Su
causa es ahora mi causa...
-¡Ja, ja... jaaa! -rió
estruendosamente Kanirh mientras finas hileras de salivajos
resbalaban por su boca como producto de tal hilaridad-,
creo que empiezo a comprenderte. Deseas ayudar a estos
terrestres ¿No es eso? Pues si así es
me acabas de demostrar lo estúpido que eres.
Sabes tan bien como yo que el destino de esta especie
ya ha sido escrito, nada ni nadie cambiará lo
que les va a pasar... Si acaso, puede simplemente que
lo retrase... o se adelante, quién sabe..., pero
cambiar... Eres un ingenuo si de verdad creías
que tenías alguna posibilidad.
-Al menos lo he intentado... Puedo
sentirme en paz espiritual con mi propio ser... No como
tú, que te vendes a estos malditos ilidianos...
¿Qué será lo siguiente? ¿Dragya?
-No pienses que tus palabras me hacen
daño; sé lo que me hago ¿y sabes?,
estoy bien conmigo mismo. Tú lo has dicho, soy
un maldito dragyano; así que recuérdalo
bien cuando te esté torturando porque... los
dragyanos no arrastramos ese lastre llamado compasión
-hizo una pausa en la que su bífida lengua se
encargó de disminuir las babas que producía
su salival boca- Has cometido tu última tentativa
porque ¿sabes? Javel está muy harto de
ti, de tu sucia y fea cara, de tus relamidas alas y
de esos pequeños e inútiles cuernecitos
móviles... Más de una vez me ha confesado
que le desesperaba verte revoloteando por su alrededor
y eso no era bueno, no acatabas la disciplina propia
que debe tener un esclavo..., una mascota ornamental.
Para él no significas nada y lo único
que te ha mantenido con vida era la posibilidad de usarte
si aquella terrestre daba problemas. Pero... ahora que
caigo... ¡Si no ha dado problemas! Claro que no
y sabes entonces qué significa eso, que cuando
te haya visto y se regodee de tu soberana estupidez,
pasarás a ser todo mío y podré
hacer contigo lo que me plazca...
-No tan deprisa Kanirh -la voz del
regente de Ilidia sonó con cierto eco en aquella
estancia-, porque antes deseo hacerle algunas preguntas.
-Por supuesto... Sólo trataba
de ponerlo algo nervioso.
-Me parece, bien aunque no creo que
haga falta mucho para eso -miró cara a cara al
inmovilizado Tanja- Pero... ¿Cómo puedes
ser tan necio? Siempre pensé que los handromitas
erais algo más inteligentes, incluso más
que los dragyanos, pero veo que me equivoqué.
Kanirh no pudo evitar sorprenderse
ante el comentario que había escuchado; lo que
había dicho su soberano no le había gustado
nada.
-Puede ser que te equivocaras -reprochó
Tanja mientras sus pupilas tornaban a un profundo tono
oscuro-, pero aunque algunas estupideces sean consideradas
errores, otras son la consumación de unos deberes
adquiridos... Para este otro tipo de actos hace falta
mucho valor... y mi sacrificio así lo demuestra...
-Exprésalo como quieras mi amigo
filósofo, pero dejemos una cosa bien clara -hizo
una pequeña pausa teatral- No te aguanto, como
mascota no eres nada valiosa..., pocos son los que darían
algo por un handromita pedante como tú. Además,
desde que fuiste adquirido no has hecho mas que traerme
problemas... y ya me he cansado, así que no tengo
ningún motivo para mantenerte con vida ¿entiendes
lo que quiero decir? Si contestas a un par de preguntas...
Bueno, puede que tu muerte no sea tan dolorosa, hasta
puede que me replantee darte otra oportunidad; eso sí,
lejos, muy lejos de mí. Pero claro, si guardas
tus secretos nuestro común amigo sabrá
encontrar la manera de arrancártelos. Eso sí
que te dolería y, desde luego, sí que
sería una de esas tonterías consideradas
un error -Tanja no dejaba de mirar a los ojos del ilidiano,
desafiante desde su más absoluta posición
de desventaja-. Empecemos entonces. Me han dicho que
te han cazado en una de las esperas del casting... Bien,
¿qué se supone que hacías allí?
-Los ilidianos tenéis fama de
astutos ¿No? Pues... dedúcelo tú
mismo... -Javel sonrió.
-Entiendo... No comprendes bien tu
situación, ¿verdad? -no necesitó
mucho para que una parte de su mente se fusionara con
el mecanismo de control del contenedor y elevara la
presión que se ejercía sobre el cuerpo
del handromita- ¿Qué crees que pasaría
si dejáramos que aumentase mucho más la
presión? ¿Kanirh...?
-Mira pequeñajo -dijo con su
sibilante voz mientras se acercaba a sólo unos
centímetros de su cara-, si aumentamos la presión
en el contenedor, tu cuerpo empezaría a empequeñecer
más aún de lo que lo eres ahora porque
todo tu interior saldría por las únicas
vías libres que le queda, y éstas son
todas las de tu fea cabezota. ¿Te imaginas tus
tripas, tus huesos, tus músculos recorriendo
todo tu cuerpo hasta encontrar la salida por el orificio
de tu boca? Pues piensa en ello y comprenderás
que no se trata de una muerte agradable, sobre todo
si invertimos dedicación en el proceso y tiempo,
en este mísero planeta, es lo que ahora nos sobra.
Tanja guardó esta vez silencio.
Sabía que lo pasaría mal en manos de ilidianos
y dragyanos, sobre todo ahora que querían algo
de él, pero sabía que debía ser
fuerte y resistirse al efecto persuasivo de las palabras
de Kanirh.
-Te lo preguntaré una vez más
-continuó Javel- ¿Qué pretendías
rondando la espera del casting de hoy? Vas a decírnoslo
o quieres que empecemos a "elevar tu interior".
-Estaba... -el aumento de la presión
hacía que hablara con mayor dificultad que al
principio-... estaba en la... cola... para llegar hasta...
la reina consorte...
-¡Vaya! Veo que accedes a colaborar...
Y dinos ¿por qué? ¿Para qué
querías acercarte a mi encantadora esposa? Soy
muy celoso, sabes... -dijo con gran dosis de sarcasmo.
-Intentaba... intentaba desenmascararla...
delante de todo... el mundo...
-¿Te refieres en medio del programa?
-Tanja no contestó a la pregunta de Kanirh. Si
poco le gustaban los ilidianos, menos aún los
dragyanos caras de reptiles, y de todos ellos aquel
ser se llevaba la palma- ¡Contesta!
-Sí..., pensaba hacerlo... en
medio del programa...
-Ya veo... ¿Y cómo pensabas
hacerlo? Mi guardia te ha encontrado un aparatito -inmediatamente
le entregaron al Rey uno de los dos dispositivos construidos
por Hans durante la noche anterior-, por cierto, es
horroroso ¿lo has fabricado tú? No, claro,
tú no puedes con esos rechonchos dedos en forma
de pezuñas y eso sólo significa una cosa,
que has recibido ayuda... ¿Qué hace esto
exactamente? -aún no parecía ser la tortura
demasiado fuerte como para desvelarle la verdadera finalidad
de aquel dispositivo- Te recuerdo que puedes sufrir
mucho si no colaboras -Tanja seguía permaneciendo
mudo ante su pregunta- Bien, si así es como lo
quieres. Mi equipo técnico no tardará
en averiguar su finalidad y tu heroico acto se volverá
inútil. Por desgracia pronto va a empezar el
programa de hoy, toca casting y no me lo quiero perder.
Mientras tanto dejaré que Kanirh haga alarde
de su persuasión contigo -miró al dragyano,
éste parecía feliz por lo que había
oído-. No acabes con él... Hasta que no
averigüemos qué tramaba, le quiero vivo.
Después ya veremos si te lo dejo o no.
Con estas palabras Javel dio media
vuelta y se marchó. Entonces la boca del dragyano
se deshizo en una sonrisa rebosante de hilos salivales.
-Bien, parece que al final nos vamos
a divertir juntos.
-No... no puedes matarme... ya lo has
oído...
-¿Matarte? Oh, no... Pero lo
que a Javel no le importa es tu estado o que parte de
tu cuerpo te falte siempre y cuando estés vivo...
¡Sacadle de ahí! -ordenó- y llevadlo
a mi laboratorio, allí tengo instrumental más
adecuado para prolongar su sufrimiento.
***
Grande era la excitación que
sentían todos los aspirantes. Pacientemente,
aguardaban las inmensas colas en espera de su momento
de gloria en el programa más visto a nivel global.
Para que sus sueños fueran completos debían
de ser seleccionados; pero para ello antes tenían
que superar un casting, el del aclamado Operación
Triunfo Celestial, el primer paso reconocido hacia la
gloria bendita. Hans los miraba y no alcanzaba a comprender
cómo aquellos seres... ¿Cómo había
dicho la cabra voladora que se llamaban? ¿Ilidianos?
Sí, eso era. Como aquellos ilidianos podían
llegar a controlar a todos aquellos hombres y mujeres
que no sólo allí estaban reunidos, sino
que desde sus casas, en las calles de la ciudad, desde
cualquier punto del país o del propio planeta,
se sentían atraídos ante tal farsa y eran
incapaces de ver la realidad. No como extraterrestres
con intenciones dominantes y ansias de aniquilación,
no... Sino simplemente ver que aquellos que incitaban
a la participación de O.T.C. no eran más
que unos impostores, falsos dioses que en ellos, pobres
ingenuos, habían encontrado su provecho y un
filón de oro.
Todo aquel bullicio le alteraba los
nervios. Sentirse tan cerca de aquellos seres extraterrestres,
de la propia Lussa en cuyo interior habitaba una mente
humana, siempre y cuando creyese todo lo que le había
dicho aquel extraño chivo alado, le producía
escalofríos, miedo, pánico... Saldría
corriendo y no pararía hasta cruzarse toda la
ciudad... Pero el plan de Tanja pasaba porque él
estuviera cerca de la ilidiana o, al menos, dentro de
la sala donde se llevase a cabo el casting. No sabía
con certeza qué esperaba conseguir el handromita
con aquel estúpido plan, estúpido porque
él era quien más arriesgaba al tener que
estar más cerca de la diva; Joost permanecería
en el exterior del recinto con un receptor portátil
de televisión, así podría controlar
si su disparatada acción provocaba algún
efecto resultante en la retransmisión del programa.
De acuerdo estaban en que la parte del chico no parecía
la más importante, pero aún era bastante
joven y por eso le fue asignada la menos arriesgada...,
aunque eso sí, tragarse todo el casting de O.T.C.
ya le debía de parecer bastante duro. Por su
parte, Tanja debía estar escondido entre la multitud
en espera del momento adecuado. Según él,
el control que Lussa ejerce sobre Laura se podía
debilitar mediante una frecuencia de una longitud de
onda precisa, la misma que se utilizó para subyugarla
cuando se produjo la biotransferencia de mente. Si se
encontraba en lo cierto y los dispositivos que le había
hecho construir durante gran parte de la noche funcionaban,
la barrera de control quedaría anulada y Tanja
se podría comunicar con la mente humana de Lussa
y así ella, utilizando sus técnicas de
psicodefensa, contrarrestaría tal dominio y se
crearía una brecha en éste. Pero... ¿Dónde
se encontraba el dichoso handromita? Vale que se mantuviese
escondido entre todas esas personas, pero si tenía
que activar el dispositivo a una señal suya y
no sabía dónde se encontraba... ¿Cómo
demonios iba a saber cuándo tenía que
activarlo? Hans se planteó esta pregunta y decidió
que en caso de no recibir la indicación esperada,
en cuanto estuviera a punto de tocarle actuar, y por
lo tanto suficientemente cerca de la ilidiana, lo activaría...
Entonces comprobaría cuánto de cierto
había en todo aquel cuento que le estaban haciendo
creer.
Entró en lo que parecía
un gran plató de televisión, uno inmenso;
tan magno como correspondía al programa. Observó
que una gran parte de ese espacio estaba ocupado por
los aspirantes a la corte celestial, que calculó
en más de trescientas personas, él incluido;
de todos ellos, sólo unos veinte o treinta solían
ser elegidos por casting aunque eso era relativo ya
que había días en que la jornada se cerraba
con no más de diez preseleccionados. Para el
éxito revolucionario que había tenido
el programa, poseía un escenario bastante simple,
con un aséptico atril en su lado izquierdo en
el que ya se podía ver a la popular Lussa que,
en su papel de divinidad conductora del show, sermoneaba
sin parar tanto a asistentes como a televidentes dándoles
la bienvenida y transmitiendo al público lo maravilloso
que sería para algunos pertenecer a la citada
corte y lo que ello significaba; un consabido discurso
que al inicio de cada programa, repetía momentos
antes de empezar el casting.
Cámaras, ayudantes de control,
regidores... Todo el plató se encontraba a rebosar
de personal de O.T.C., absolutamente todo. Algunas de
las cámaras se limitaban a enfocar a los aspirantes
en su mera función de captar el ambiente general,
otras se centraban en la persona sobre el escenario
mientras realizaba su actuación en un espacio
limitado por cuatro inmensas columnas cuyos colores
variaban desprendiendo reflejos de las más diversas
tonalidades. Un ambiente puramente televisivo con gente
abiertamente alegre e ilusionada y personas terriblemente
asustadas y nerviosas ante la mera sombra del fracaso
en la prueba... Y en medio de todo aquello, Hans. Lógicamente
él no llevaba ninguna actuación preparada
pues se negaba rotundamente a participar en aquella
absurda farsa, pero de pronto algo en lo que no había
caído se le pasó por su mente... ¿Y
si su dispositivo no funcionaba? Al menos como en principio
habían supuesto y no provocaba ninguna alteración
en aquel cerebro ilidiano. Sin Tanja cerca para apoyar
su insensato acto terrorista se vería solo y
atrapado entre todos aquellos seres y, por mucho que
pensara en retirarse del casting, había observado
que por poco y malo que los aspirantes hubieran hecho,
todos, absolutamente todos, pasaban por el escenario
e incluso alguno era afortunado y resultaba preseleccionado;
estaba claro que existían otros factores que
influían en la decisión de Lussa aparte
de tener una buena y hermosa voz.
***
Kanirh acarició la consola;
con sólo un gesto podía inferir un dolor
extremo hasta la muerte al pobre Tanja, pero supo controlarse.
Sabía que si se excedía en su cometido
Javel descargaría su ira contra él, al
menos al principio, pues aquel handromita le importaba
bastante poco. Pero hasta que no descubrieran la finalidad
de aquel dispositivo que escondido le encontraron, debía
medir sus deseos con el pobre infeliz. Acarició
unos sensores y se deleitó, como quien escucha
música en sus oídos, con el alarido de
dolor del pobre handromita.
-¿Duele? La verdad, no comprendo
tanta obstinación. Ya has sido descubierto, ahora
te encuentras aquí, atrapado, torturado, ya no
podrás traicionar a Lussa ante el público,
su público... Entonces, ¿por qué
sigues empeñado en sufrir? Qué es, una
especie de mentalidad masoquista handromita o la búsqueda
de la purificación, el perdón divino,
por medio del dolor... A mí me da igual, mientras
tú estás ahí pasándolo mal,
yo disfruto con lo que hago, acepto con placer tu dolor
sin ningún tipo de remordimiento... ¿A
ver...? -se miró la frente en una superficie
reflectante de forma teatral, como si buscara algo-
No, definitivamente nada... Así que tú
verás, por mi parte puedo seguir todo el tiempo
que haga falta y eso me lleva a otra pregunta... ¿Cuánto
eres capaz de aguantar antes de decirnos lo que queremos
saber?
-... Siempre me has... odiado... Disfrutas
con esto... ¿Verdad?...
-Por supuesto que disfruto; para mí
es como el comer, un placer.
-Pues ten cuidado... un exceso te puede
producir... una indigestión...
-¡Oh, vamos! No vas por buen
camino, así no creo que me hagas parar ¡Espera!
Tengo una idea -volvió a acariciar los sensores
y Tanja no pudo retener otro grito de enfermizo dolor.
Estaba sufriendo, sentía horrorizado el dolor
que aquel dragyano del demonio le estaba provocando;
pero era algo que sabía necesario y sólo
pedía a su dios que le diera fuerzas para aguantar
lo suficiente.
***
El aburrimiento que invadía
a Joost se hacía insostenible por momentos y
se reflejaba en los continuos bostezos que le era imposible
reprimir. Seguir la retransmisión del programa
diario de O.T.C. se le estaba haciendo cada vez más
cuesta arriba y a ello, para mal de males, había
que añadirle un intenso frío vespertino
que se le estaba metiendo hasta los huesos; algo que
le hacía plantearse el porqué él
tenía que estar en la calle mientras que Hans
y Tanja se encontraban bien calentitos en el interior
del sospechoso plató. Bien pensado, para lo que
estaba haciendo, podría hacer lo mismo en su
casa o en la del propio Hans, donde además se
estaba grabando todo el programa en vídeo; eso
sí, siempre y cuando su amigo lo hubiera programado
correctamente ya que, si bien se entendía con
todo aquello que tuviese circuitos, transistores y microchips,
no quitaba de que fuera algo despistado y más
teniendo en cuenta lo descentrado que últimamente
parecía estar.
El programa ya llevaba algo más
de una hora, y lo más grave que hasta ese momento
había sucedido era que, si nadie lo remediaba,
aún le quedaba al menos otras dos horas de tedioso
espectáculo. Tras la presentación de la
Diva Lussa y su extenso y repetitivo discurso inicial,
empezaron a desfilar los aspirantes por el señalado
escenario... De pena, esa era la opinión del
chaval, y no llegaba a comprender cómo podían
haber escogido a un tipo que, a su personal criterio,
era lo más soso bailando y no tenía precisamente
voz para el cante... Pero claro, la constitución
atlética en su metro noventa de estatura y su
rostro sonrosado, de verdes ojos bajo la larga y rizada
melena de color miel, le hacía un candidato perfecto
para un estereotipado coro celestial. Si el handromita
se encontraba en lo cierto, aquel casting era mejor
que un reconocimiento médico; guapos, fuertes
y sanos, los mejores ejemplares humanos como mascotas
ornamentales.
***
Hans intentó de manera infructuosa
localizar a su cómplice por encima de aquella
multitud de candidatos. Era normal, y lógico
por otra parte, que si su cornuda cabeza de chivo tenía
precio permaneciese bien escondido ante la supuesta
presencia de perseguidores... ¡Pero por el amor
de Dios, no tanto! Pronto le tocaría a él
y no tenía ni idea de cómo iba a reconocer
la señal del handromita si desconocía
el paradero de éste. Tan sólo una veintena
de ovejas le precedían antes de que él
llegase al matadero y su creciente nerviosismo se estaba
intensificando en sus angustiadas tripas... ¿Qué
hacer? ¿Cuándo pulsar el interruptor que
activaba el mecanismo? Y si el momento que él
elegía no era el más adecuado... ¿Dónde
se encontraba ese maldito pajarraco?
Llevaban poco más de medio casting
y ella ya no podía aguantar más. Su incomodidad
había sido creciente desde que dos horas antes
había acabado su discurso diario y fue entonces
cuando el dolor empezó; suave como una generalizada
molestia al principio, constante durante casi todo el
resto del tiempo, pero intensificándose en los
minutos finales. ¿Por qué ese dolor? Aunque
no había una razón lógica para
ello le asustó pensar en una posibilidad que
no quiso ni barajar. No, no podía ser eso...
Sería cualquier otra tontería, alguna
razón habría pero fuera lo que fuese no
le permitía concentrarse ese día. Tenía
claro que si su concentración no era plena, todo
el plan que estaban llevando a cabo desde hacía
meses se iría al infierno, y por lo tanto no
debían de correr ese riesgo. Aguantaría
a cuatro o cinco aspirantes más, pero si veía
que no cesaba el malestar, el resto deberían
repetir espera al día siguiente, pues ante todo
estaba su salud, la de los suyos y la del puñetero
plan de su esposo el Rey Javel.
La fuerte presión ejercida entre
sus dientes hizo que algunas esquirlas de estos saltaran
al no poder soportarla y es que, pese a que la dentadura
handromita era bastante compacta, el dolor que notaba
en su interior se hacía insoportable. Algunas
partes de su fuerte organismo se encontraban seriamente
deterioradas; aguantar la tensión que sus músculos
y huesos habían soportado no había impedido
que los primeros se desgarrasen y los segundos se fisuraran
en cuanto el dragyano activaba una vez tras otra su
máquina del dolor. Algunas hemorragias internas
se hacían visibles al exterior por el cambio
de tonalidad de la piel y su débil cuerpo parecía
indicarle que poco más podría aguantar
aquella tortura, que poco más podría soportar
aquel sufrimiento y que aquel intenso dolor que voluntariamente
había soportado... poco más poder podría
generar antes de caer en el desmayo. Tanja admitió
el aviso que le daba su cuerpo como el momento clave,
el indicado para contactar con su aliado.
"Hans"
-Tanja... ¿Pero...?
"Escúchame Hans, ahora
estoy en tu mente..., a través de ella puedes
oírme."
-No...
"No Hables, sólo piensa...,
pero hazlo deprisa."
-¿Pensar?... "Pensar..."
"
Así amigo, recuerdas lo que
te conté sobre que era un mentaloide, pues como
verás tengo mis recursos."
"Joder, esto es... fantástico...
¿De verdad me oyes?" "
Sí, no te preocupes. Ha llegado
el momento que habíamos esperado, debes activar
el dispositivo inhibidor... Yo haré el resto...
Hazlo ahora..."
"¿Ahora?"
"Sí, ya... Si tardas en
hacerlo no podré ayudarte..."
Hans tocó el dispositivo que
llevaba en su bolsillo, gemelo del que había
pertenecido al handromita, y pensó que no iba
a funcionar, que un trasto que él había
construido en sólo unas horas era incapaz de
interferir en el control mental que Lussa poseía
sobre Laura; aquello le parecía imposible pese
a los extraños cristales vibrantes que le había
proporcionado Tanja... Y de pronto se vio cometiendo
una estupidez ¿Para qué iba a utilizarlo
en medio de un programa de O.T.C.? No tenía sentido.
"Vamos Hans... ¿Qué
te ocurre? ¿A qué esperas?"
"No... entiendo..."
"Estás demasiado cerca
de Lussa y su poder de control está influyendo
sobre ti."
"¿Quién...?"
"Acciona ya el dispositivo, Hans...
¡Acciónalo maldita sea!"
Fue de forma instintiva, no premeditada;
su mano se cerró sobre el dispositivo ante la
insistencia de aquella voz que oía en su cabeza...
y entonces fue cuando se desató el caos.
Como si una bala hubiese destrozado
su dotado cerebro, la Diva Lussa se llevó las
manos a sus sienes en medio de un alarido de dolor y
de una increíblemente rápida torsión
de espalda; toda ella se contrajo inmediatamente después
mientras gritaba y se zarandeaba por todo el escenario
del plató, pero poco podía hacer ante
el demoledor ataque del handromita. Los restantes ilidianos
que se encontraban en el falso plató se estrechaban
sus cabezas entre sus manos intentando arrancar de ellas
aquella frecuencia que tanto dolor les producía.
El plató desapareció, se esfumó
dando paso a una inmensa nave industrial repleta de
modernos robots y extraños artilugios, entonces
todos pudieron ver la realidad por vez primera en muchos
meses. Aquellos trabajadores del O.T.C. que velaban
por la realización de un buen programa también
desaparecieron y dos especies bien diferenciadas de
seres tomaron su lugar; unos enjutos, altos y con un
volumen craneal asombroso, otros algo inferiores en
estatura, más corpulentos y de claros rasgos
reptiloides... Ilidianos y dragyanos, pudo reconocer
con pavor inmediatamente Hans. En lugar de las columnas
que limitaban el escenario apareció una extraña
máquina cuya principal pantalla, de unos ocho
metros cuadrados, escupía lecturas sobre el candidato
en curso; un claro esquema biológico, cientos
de símbolos ilegibles, docenas de variantes vectoriales
y algunos diagramas tridimensionales, proporcionaban
a Lussa todos los parámetros necesarios para
que pudiera realizar la elección. Las cámaras
de televisión también habían desaparecido
y en su lugar aparecieron varios dispositivos esféricos,
pura tecnología ilidiana adaptada para la retransmisión,
y otros dos, con forma ovoide, visualmente más
sofisticados.
Tras la sorpresa inicial, todos aquellos
firmes candidatos a la celestialidad de una corte empezaron
a cuestionarse qué hacían allí
y cómo habían llegado a aquel lugar, un
desconcierto generalizado al que no ayudó la
visión de los seres humanoides; los gritos empezaron
y el pánico de extendió en sólo
unos segundos. Hans recibió una fuerte impresión
al darse cuenta de que todo aquello que allí
estaba ocurriendo era culpa del dispositivo que ocultaba
en su mano, pero no tardó en reaccionar y recuperar
su cordura, ausente tan solo unos momentos, a tiempo
de estremecerse ante la visión de la horrible
realidad en la que se encontraba inmerso. Cerca de él
un joven, bien como un acto de valentía extrema
o influenciado por el pánico generalizado, se
lanzó contra un dragyano enzarzándose
en una terrible pelea cuerpo a cuerpo; la primera de
todas las posibles, la única en realidad, la
más corta y definitiva... pues de la garra del
reptiloide surgió un destello de intensa luz
que impactó de lleno en el frágil pecho
del osado muchacho carbonizándole en un escaso
segundo la mayor parte de su torso. El resto de su cuerpo
se desplomó ante los atónitos ojos de
los que cerca de él se encontraban, provocando
tal histeria colectiva que algunos dragyanos encontraron
en sus dos cañones ovoides la solución
a tal problema. A cada traicionero disparo contra la
multitud, de ocho a diez eran los humanos que les dejarían
de importunar y eso les encantaba, les hacía
sentir su propia sangre correr intensamente por sus
gruesas venas tanto tiempo atrás aletargadas,
el olor a aniquilación despertaba viejas deudas
adquiridas con sus antepasados y, para ellos, su particular
venganza comenzaría en aquel lugar, en aquel
ficticio plató de mentiras desentrañadas.
"Tanja... ¿Eres tú?"
"Claro mi niña... Cuánto
tiempo hacía que no oía tu angelical voz..."
"Qué está pasando?
Oigo a gente gritar, veo borrosas figuras correr, percibo
mi alrededor a través del cuerpo de Lussa...
Pero siento paz, una paz infinita... Nunca antes me
había pasado."
"Y no durará mucho, cielo...
Créeme."
"¿Por qué no? Es
agradable pero..., ¿qué es lo que está
ocurriendo? Hay mucho ruido."
"Es el sonido del abandono de
una mentir |