| Escrito por Rafael
Rius Sánchez
Un instante de paz, un momento de calma,
un concepto que él anhelaba desde que días
atrás se habían precipitado aquellos asombrosos
acontecimientos. Cierto era que una fortaleza que consideraba
sobrehumana se había apoderado tanto de su cuerpo
como de su espíritu, pero era consciente de que
aquello sólo maquillaba una triste realidad,
pues lo único que había cambiado era que
el listón del sufrimiento que ahora podía
soportar se encontraba más elevado. Sobrellevaba
mejor la muerte y la destrucción, soportaba más
el dolor emocional antes de verse afectado, antes de
que la rabia desatada desde el instante en que tuvo
el dudoso privilegio de despertar a la verdadera realidad
de su existencia se viese minada por el incesante horror
que él estaba ayudando a concebir. Pero no se
debía engañar, tenía que reconocer
que aún permanecía inmune a aquel caos;
para alguien que siempre había respetado la vida,
la certeza de admitir en lo que se había convertido
era algo que le horrorizaba.
En verdad, el hecho de que aquellos
seres que enviaba a un hipotético infierno no
fuesen humanos, sino alienígenas con pretensiones
genocidas, era algo que minimizaba las consecuencias
de sus actos en la poderosa coraza psicológica
con la que le habían dotado. Pero todo aquello
se había sucedido de una manera extraordinariamente
rápida y sólo había una cosa que
le incomodaba, una angustia que desde su interior surgía
y que ninguna fuerza podía doblegar, y era el
no haber podido saborear ni un momento de paz; un paréntesis
entre tanta lucha durante el cual pudiese digerir y
asimilar todo lo que le estaba sucediendo… Un
instante para él y sus pensamientos.
Pero en este momento aquel instante
aún quedaba lejos.
Mantuvo la fría serenidad de
la que venía haciendo gala y, sin pestañear,
escrutó con su gélida mirada los suspicaces
ojos del general Peaceful.
-¿Ha comprendido bien la importancia
de su cometido?
El General le sostuvo la mirada incapaz
de amilanarse ante aquel desconocido, aunque lo cierto
era que se encontraba tan confuso como sorprendido.
Tan sólo unas horas antes siguió con asombrosa
fascinación lo que había acontecido sobre
el Atlántico Sur, una épica batalla donde
fantásticos ingenios voladores, veloces como
los relámpagos en el cielo, poderosos como el
rugir de la más abominable tormenta, medían
sus fuerzas entre ambos continentes de tal manera que
se había sentido más fascinado que preocupado
con las imágenes que los satélites espías
y de comunicaciones habían conseguido emitir.
¿Tecnología humana? Imposible… ¿Alienígena?
No cabía duda… ¿Facciones alienígenas
contrarias limando asperezas en La Tierra? Eso era lo
que parecía, pero quizá sólo se
tratase de un hecho aislado; impresionante, bestial,
sangriento, pero algo ajeno a la Humanidad. También
podía creer a aquel extraño y acLas últimas
horas las había pasado en una claustrofóbica
sala en videoconferencia con Washington y los responsables
de la Agencia Estadounidense para la Defensa. Pese a
su opinión, el desconocimiento de lo que estaba
ocurriendo alimentó los quebraderos de cabeza
y, lo desconcertante de los hechos, provocó un
desacuerdo de opiniones que no llevó a ningún
tipo de decisión; la línea a seguir no
parecía estar definida. De vuelta a su despacho,
mortificado por un incesante dolor de cabeza, fue sorprendido
por aquel hombre y sus misteriosos compañeros;
una extraña comitiva borlastrita de una quincena
de individuos que nadie parecía haber reparado
en su llegada.
-Es asombroso, increíble…
¿Pero quién me asegura que todo lo que
me ha contado es cierto?
-Aún sigue con vida, ¿no?
Los dragyanos desean vuestra aniquilación, un
genocidio absoluto, destrucción total. Si no
les hubiésemos frenado en su primera incursión
ahora este complejo Centro de Operaciones no existiría
-hizo una pausa-. Le vuelvo a preguntar y por favor,
no conteste con otra pregunta estúpida…
¿Ha comprendido la importancia de su cometido?
Desde que entró en el despachó
y Sin Nombre empezase a hablar, el General había
permanecido de pie, junto a la puerta. Pero ahora era
su turno, así que se dirigió a su escritorio,
rebuscó sin prisas en uno de sus cajones hasta
encontrar un puro de al menos un palmo de longitud y
lo encendió tomándose su tiempo, saboreando
su sabor, apreciando su aroma. Se acomodó en
su butaca propinándole una profunda bocanada
a su habano y se dispuso a hablar. Aquella teatralidad
no había sido gratuita ya que le había
servido para estudiar tanto a los borlastritas como
al que parecía su líder, y aceptó
con cierto desagrado la carencia de impaciencia y desesperación
en ellos; se mantenían fríos y, sobre
todo el humano, calculador.
-Veamos si lo he entendido bien, y
le aseguro que no tengo motivos para dudar de mi capacidad
de comprensión. Me está asegurando que
algunos de esos seres de piel de lagarto viven con apariencia
humana aquí, en La Tierra, y que son personalidades
de éxito que ocupan altos cargos tanto en política,
como en economía mundial e incluso en religiones…
En otras disposiciones también pero principalmente
en esas tres, curiosamente poderes que rigen nuestra
sociedad, ¿no es así?
-Desde hace más tiempo del que
pueda imaginarse.
-No se crea, puedo tener mucha imaginación
-dio otra profunda calada al puro-. Y dice que hasta
ahora no hemos podido verles porque poseen… ¿Cómo
ha dicho? Una glándula sintética que segrega
alucinógenos radicales específicos que
a todos los efectos nos hacen verles como humanos, ¿es
eso? -realizó otra pausa esperando la ratificación
de éste, pero lo único que recibió
fue la misma fría mirada que caracterizaban los
ojos de Sin Nombre, así que decidió continuar
con su disertación- Pero ahora, que la gran amenaza
alienígena entra en escena y es revelada a cualquiera
que vea la televisión, me ofrece un método
para destapar a esos…, llamémosles seres
reptiloides, y podamos así colaborar en la salvación
de la Humanidad. Para ello necesita que seleccione a
cincuenta de mis mejores hombres, valientes y de confianza,
que no teman a una muerte que asegura les llegará
durante o al final de su misión. A cada uno se
le implantará otra glándula que habrán
sintetizado ahora ustedes y que contrarrestará
los efectos del alucinógeno dragyano, y así
podrán hacer de justicieros por todo el mundo
quitando de en medio a personas que en realidad son
alienígenas escamosos, ¿cierto?
-Veo que lo ha entendido perfectamente.
Ahora me interesa saber si de verdad comprende la magnitud
de lo que está sucediendo y está decidido
a implicarse.
-Señor mío -dio otra
profunda calada y expelió el humo directo a la
cara de Sin Nombre-, sinceramente ya no sé en
qué creer. Siempre he tenido los pies en el suelo
y ahora me habla de abducciones alienígenas,
de mundos habitados, de vendettas cósmicas y
convivencias con extraterrestres… Historias harto
difíciles de digerir para alguien tan tradicional
como yo. ¿Quién no me asegura que tras
acabar con esos reptiles no seréis vosotros quienes
quieran conquistarnos?
-Sus dudas son razonables, pero cuanto
más tardemos en buscar una solución al
problema, más peligro corre la raza humana de
ser extinguida. Seleccione a esos hombres para que mis
ingenieros puedan injertarles las glándulas,
sólo de esa forma podré ayudarles a sobrevivir
aquí, en La Tierra. Tengo que frenar el ataque
desde el espacio y no puedo ocuparme de esos dragyanos
diseminados que lideran con sus engaños las débiles
mentes de vuestra sociedad. Haga de La Tierra su campo
de batalla si quiere, pero luche a mi modo si desea
la victoria.
-Pese a lo que yo pueda pensar de todo
este… conflicto, comprenderá que no puedo
ordenar a soldados americanos que vayan por todo el
mundo asesinando a personas sólo por el hecho
de que ellos afirmen que son alienígenas. Necesitarán
la autorización expresa de la A.E.D., por eso
entenderá que debo informar a mis superiores
de este encuentro y de lo que aquí se ha dicho.
-¡Inaceptable! ¿Informaría
acaso al Diablo de una cruzada santa contra él?
No debe informar a nadie de esto, con la única
excepción de los cincuenta elegidos; las razones
serán obvias en cuanto la limpieza comience.
Ahora es usted el máximo dirigente en La Tierra
para las fuerzas borlastritas; sabemos que es un buen
General y que hará lo adecuado. Pronto un equipo
de bioingenieros escoltados por doce cyborgs se presentarán
ante usted. Tengo un mundo que defender y no puedo permitirme
lujos de tiempo. Recapacite si quiere sobre todo lo
que está pasando, pero para entonces será
mejor que disponga ya de esos cincuenta hombres.
No hubo destellos de luz, ni fantasmales
corrientes de aire, ni un incómodo tiempo ralentizado,
o al menos eso le pareció al general Peaceful;
simplemente desaparecieron. Ahora le llegaba el momento
de tomar difíciles decisiones, tendría
mucho en qué pensar además de preguntarse
sobre el extraño poder que aquellos seres controlaban,
cuestionar lo que le habían dicho y determinar
cuál era el correcto camino a seguir a partir
de aquel inesperado punto de inflexión. Saboreó
durante algunos minutos el placer del humo en su boca
y solicitó los historiales de algunos hombres
a su cargo; decidiese lo que decidiese, no deseaba que
los acontecimientos le cogiesen desprevenido.
Despertó. Había vuelto
de su primera proyección mental bajo la atenta
supervisión de su maestro; toda una experiencia
mística que, aunque enriquecedora, resultaba
tremendamente agotadora. En realidad no había
habido escolta borlastrita, y pese a lo que aquel general
pudiese creer, tampoco había habido presencia
corpórea; solo había sido víctima
de la fusión de dos mentes proyectándose
en un lugar concreto.
-Dudaste -incriminó el Maestro.
-No, no dudé. Sólo fue
mi interior rogando por un poco de tiempo para poder
asimilar. Me has dado mucho y mucho he tenido que hacer…
Pese a tanto cambio, debes reconocer que aún
sigo siendo humano.
-Y mejor será que no lo olvides.
Es cierto que te he exigido mucho, pero son pocos los
que como tú tenéis la suerte genética
de las tres razas; la humana natural de nacimiento y
las heredadas de tus antecesores, la borlastrita y la
handromita… Sí, en aquella primera nave
de reconocimiento que hace millones de años acabó
con su metal en este suelo, también había
una comitiva de maestros handromitas en plena búsqueda
y aprendizaje de la mística del universo... Misma
cepa genética, biología homóloga…
Uno nunca sabe cómo pueden reaccionar los sentimientos
en tensas circunstancias; tú eres el resultado
evolutivo de aquel amor interracial. El poder que notas
crecer en tu interior no es obra mía, es tuyo,
siempre lo ha sido. Mi deber contigo es ayudarte a que
aflore.
-¿Y dónde se encuentra
el límite?
-Lo ignoramos, pero sí conocemos
vuestro potencial; el de los que son como tú,
el de los que poseen antecesores borlastritas, el de
los descendientes de los handromitas y el de los que
son simplemente humanos que, por cierto, es bastante
más elevado de lo que utilizan. Pero el límite…
Nunca hasta ahora habíamos despertado a alguien
como tú.
-¿Hay muchos más como
yo? -Tanja, en su aspecto de maestro Linier, le miró
con cierto dolor en sus ojos pero no le contestó-.
Bueno, supongo que eso es algo que no me conviene conocer.
No te preocupes, no creo que me afecte el no saberlo.
-Celebro oírlo. Por cierto,
hablando de afectar, no le has advertido al General
sobre los desagradables efectos secundarios que sufrirán
quienes se injerten la glándula…
-Sí lo hice, aunque eso sí,
de manera algo indirecta. Tardarán en aparecer
las primeras mutaciones y para entonces ya habrán
cumplido con su misión; muchos habrán
caído, y de los que hayan sobrevivido nos tendremos
que encargar personalmente; pero eso es algo que ahora
no me preocupa.
-Te preocupan otras cosas de mayor
índole, como atacar a la flota dragyana en el
espacio.
-Veo que estar fusionados mentalmente
tiene sus ventajas -sonrió. La verdad es que
no bromeaba mucho desde que el handromita había
llegado a su vida-. Aquí les cogimos por sorpresa
y sé que allí arriba, en la oscura frialdad
del espacio, un medio tan desconocido por mí,
existe una gran flota que podría convertir nuestro
desproporcionado ataque en algo suicida; pero aun así
sigo pensando que es el momento de atacar… Un
ataque incisivo a su buque insignia mientras aún
se lamen las heridas de la última batalla.
-No te mientas, os estarán esperando…
-El contingente ilidiano no tardará
en llegar; si mermamos el poder dragyano cuando lleguen
podrán ser fácilmente aplastados.
-¿Crees en lo que dices?
-Con toda mi nueva alma.
-No sé… -Tanja no lo veía
tan claro como su discípulo; pero su mirada,
carente de toda frialdad y llena de súplica,
le hizo ceder-. De acuerdo entonces, pero dejaremos
un retén de un tercio de la flota aquí
y solicitaremos a Shagran un nuevo contingente de apoyo;
entre tú y yo, no acabo de fiarme de esos ilidianos
-ambos sonrieron con complicidad.
-Maestro Linier -calló un instante,
como si recapacitara sobre lo que iba a decir-, tengo
la sensación de que el final del conflicto está
próximo.
-Te equivocas de nuevo, estos conflictos
carecen de final. Una vez La Tierra ha entrado en el
juego, ya nada será igual para ninguna de las
cinco razas incriminadas, nada en absoluto.
***
Se suponía que tendría
que hacer frío, o al menos eso era lo que siempre
había pensado que debía hacer en una mazmorra.
Nunca antes había estado en ninguna pero era
obvio que ese concepto, en una nave de carga alienígena,
era muy distinto al medieval idealizado desde su juventud.
Aquí no olía de forma pestilente, mención
aparte del desagradable hedor que desprendían
aquellos lagartos y que se había establecido
de forma definitiva en su nariz. La temperatura era
más bien elevada y el aspecto de las celdas era
el de simples habitaciones asépticas, algo que
agradecía; eso sí, confiaba en no sentir
la llamada de la naturaleza pues carecían de
instrumento alguno para tales efectos. Todas las paredes
se presentaban traslúcidas pero el frontal que
daba a la galería poseía un ligero tono
verdoso que indicaba que el campo de fuerza se encontraba
activo y que, por consejo de la ilidiana, harían
bien en no acercarse a él. Lussa, que ahora había
tomado presencia, centraba su conversación con
un Javel que no paraba de recibir reproches mientras
era recriminado con una actitud cargada de rencor e
ira, algo que al monarca no parecía afectarle
en demasía.
-¡Eres un ingrato y un egoísta!
Sólo atiendes a tus intereses y has abusado de
tu posición como marido y soberano de Ilidia
para someterme a tu ambiciosa voluntad, de nada te importaba
yo ni la forma en que me sentía…
-Te equivocas, me importabas y mucho.
Tu bienestar era crucial en nuestros planes.
-¿Ves a lo que me refiero? Sólo
te interesabas por mi salud porque beneficiaba tus planes…
¿Y entonces ahora qué? Ese maravilloso
plan tuyo se ha ido a la mierda, ¿no? ¿Ahora
ya no te importo?
-Claro que sí Lussa… Porque
eres Lussa ahora, ¿verdad?
-¡No me cambies de tema!
-Mira amorcito, sabes tan bien como
yo que mi preocupación hacia ti va más
allá de mis planes… Te quiero.
-¿Y por qué me suena
tan falso?... Sabes, algunos humanos pueden llegar a
ser mejores que tú.
-¿Los humanos? Pero cómo
puedes decir eso si son sólo simples mascotas
con una ínfima inteligencia.
-Pero tienen sentimientos -sentenció
la ilidiana-, algo que parece te has dejado en Ilidia.
-Pero esos sentimientos los hacen débiles.
Mírate tú, sólo de vez en cuando
la humana consigue dominarte, seguro que si te concentras
un poco evitas que pase de nuevo.
-Veo que no lo entiendes… Ahora
soy la dominante porque ella me lo permite.
-¿Ves? ¡Además
son estúpidos!
-¡Calla idiota! ¿No ves
que se encuentra dentro de mi mente?, ¿de mi
cuerpo? Bebe de nuestra sabiduría, se nutre de
nuestras experiencias, conoce mis deseos, siente el
dolor y la frustración que yo siento… En
cierta forma, nos comunicamos.
-Sí, ya lo veo, y creo que la
escuchas demasiado.
-Quizá debiera hacerlo más
a menudo, pues me ha hecho ver algo fantástico
que puede ayudarnos a salir de aquí.
-¿Y qué es lo que esa
entrometida sabelotodo te ha hecho ver? -preguntó
el ilidiano con aire desafiante.
-Algo que te va a encantar -dijo ella
sonriendo-. ¿Te acuerdas del malestar que sentía
en La Tierra? Ya conozco el porqué… Los
cambios de humor, los mareos, la inseguridad, ahora
todo lo veo claro… pero tú sigues sin captarlo,
¿verdad?
-El clima te afectaba -dijo sarcástico-.
Parecías más fuerte, pero trasladarte
a otro planeta delató tu verdadera debilidad.
-No, no fue eso. Eres estúpido
de veras, pero no te preocupes que muy pronto lo entenderás…,
de hecho ya deberías estar sintiendo los primeros
síntomas.
-¿Síntomas? ¿Cómo
sabes que no me encuentro…? -Javel miró
a Lussa y su expresión cambió por completo;
acababa de darse cuenta de lo que estaba sucediendo-
¡No! ¡No es posible! Pero… ¿Por
qué ahora? ¡Ni siquiera me has dado tiempo
para la autosugestión!
-Cierto amor mío, así
al menos sufrirás de golpe una mínima
parte de lo que yo he sufrido durante semanas.
Javel se encorvó abrazándose
las tripas. Empezó a retorcerse de dolor, se
revolcó por el suelo, gritó de manera
ensordecedora mientras se desgarraba el ropaje a la
vez que maldecía, entre fuertes alaridos y espumarajos
de bilis, las siete celdas que le separaban de su mujer…,
de su querida y amada mujer.
Hans y Joost observaban aquel frenético
espectáculo con una desagradable curiosidad y
repugnancia, expectantes ambos por conocer qué
demonios le estaba ocurriendo al ilidiano.
-¡Bien hecho maridito! -gritó
con sarcasmo Lussa mientras Javel caía desmayado
en su celda- Gracias por tu desinteresado sacrificio,
tu gesto nos ayudará a conseguir la libertad.
Ante los atónitos ojos de los
humanos que intentaban no emular a Javel, toda aquella
masa viscosa se elevó por el aire y fue lanzado
hacia el campo de fuerza que, en vez de repelerlo, lo
absorbió velozmente dejando un denso resto de
polvo ilidiano flotando en medio de la galería.
***
Se había acostumbrado demasiado
a la cómoda vida que como tripulante de la nave
insignia dragyana venía disfrutando, y ahora,
mientras se arrastraba por aquél mugriento conducto,
maldecía mentalmente la situación a la
que se había visto obligado a llegar. En un buque
como aquél se podía contar mil y un lugares
donde permanecer oculto sin ser descubierto en mucho
tiempo; un gran laberinto compuesto de tantos pasajes,
habitáculos y conducciones que posiblemente ningún
tripulante del Fhikurd Ghamn fuese conocedor de toda
su existencia. Rezando por no olvidar el diagrama mental
que seguía como indicación, Bentiel se
deslizaba por aquel perdido submundo. Llevaba varios
años de servicio a las órdenes del general
Kardhajor y aún recordaba lo orgulloso que se
sintió la vez que ocupó un puesto de importancia
en el Puente de Guerra del mayor buque espacial que
había liderado flota dragyana alguna; pero aquel
orgullo fue bombardeado lentamente por la desidia y
corrompido por la monotonía. El tiempo y la falta
de conflictos enmohecía su espíritu guerrero
y, tal vez por eso, por lo ruin de su raza o por el
egoísmo que encerraba su propia personalidad,
ahora se veía en esa situación.
Consiguió llegar hasta una cámara
bastante amplia, donde la oscuridad era viciada por
los reflejos azules de tres paneles de trabajo; aquella,
si sus cálculos no le fallaban, debía
ser la sala que estaba buscando. Tanteó las paredes
con premura pues sabía que había perdido
demasiado tiempo y deseaba volver a su puesto cuanto
antes. Pasó varios minutos sin encontrar el comunicador,
empezó a impacientarse y cierta desesperación
le invadió provocándole tal nerviosismo
que en seguida se vio aderezado con un incipiente temor.
De no encontrarlo significaría fallarle a Kurhon
y había mucho en juego como para que éste
fuese benévolo con él. Escuchó
un sutil murmullo que le hizo hervir su fría
sangre de lagarto. Nadie podía haberlo seguido
en aquel laberíntico lugar, nadie.
-¿Acaso es esto lo que buscas?
Bentiel reconoció la voz al
instante. Se giró lentamente, parecía
querer disimular su asombro y su temor. Ante él
se encontraba una docena de guerreros dragyanos y, delante
de ellos, imponente entre las sombras y el fulgor celeste,
el comandante Kurhon, segundo al mando de la flota y
capitán de la Fharliarht Garhg; su mano sostenía
el pequeño comunicador que estaba buscando.
-¿Qué… Qué
hace aquí? -se atrevió a preguntar tras
el temor inicial- No deberían estar aún
aquí, aún no es el momento.
-¿Y cuál es el momento Bentiel? Quizá
puedas iluminarnos con el plan que has tramado.
-¡Yo no he tramado ningún
plan! -se quejó entre salivajos- Me he arrastrado
hasta este mugriento lugar para poder avisar -hubo un
silencio y comprendió que esperaban la información
que él tenía para ellos-. El Emperador
ha ordenado explícitamente la retirada de la
flota de este asqueroso planeta… No desea el conflicto,
no desea la venganza; con su cobarde decisión
confirma nuestras sospechas…, no nos apoyará
en nuestra cruzada contra los carnes blandas. Es más,
ha ordenado perseguir y capturar a Kanhir al precio
que sea. En breve dejaremos esta órbita y nuestra
oportunidad quedará de nuevo perdida en el tiempo.
-Comprendo. ¿Hay algo más
que te quede por contar?
-¿Qué más quiere
que le cuente? Hemos fracasado antes de empezar…
Es una vergüenza para nuestro pueblo.
-En eso estoy contigo -hizo una pequeña
pausa-. De acuerdo, has hecho bien tu trabajo y por
eso hay algo que te quiero decir. Llevas años
a las órdenes de Kardhajor, te has ganado su
confianza, él ha creído en ti… y
ahora le pagas así. Si hay algo que no soporto
es la traición. No me malinterpretes, la traición
no está mal siempre y cuando no sea a mí
a quien se traicione… y tú no me suscitas
la confianza necesaria como para tenerte a mi lado.
Como si las palabras del Comandante
lo hubiesen ordenado, un cable energético se
abalanzó sobre Bentiel desde algún rincón
en la oscuridad; éste lo reconoció enseguida
como una de las armas preferidas utilizadas por los
asesinos cazarrecompensas dragyanos. Esquivó
el primer envite, pero el cable se fragmentó
de inmediato y cada sección se prolongó
hasta su longitud inicial, enroscándose implacablemente
por todo su cuerpo; pese a que consiguió zafarse
de un par de ellos, no tardó en quedar inmovilizado.
-Necesito que me hagas un último
favor -le susurró Kurhon mientras se le acercaba-,
te va de paso así que no creo que te cueste mucho.
Dile a nuestros antepasados que necesito su apoyo espiritual,
su fuerza, su poder -gritó-… para vengarles
en esta contienda. Sé que cuento con tu apoyo
-dijo en tono sarcástico-, ¿me demostrarás
tu fidelidad haciendo esto por mí? Lástima
que para ello tengas que morir.
Las distintas secciones del cable empezaron
a radiar tal energía que cortó el cuerpo
de Bentiel conforme se fueron estrechando; un cuerpo
que ni siquiera pudo gritar por el dolor que padecía,
un cuerpo que no pudo mostrar el odio que sentía…,
un cuerpo que representaba la primera víctima
de aquella traición dragyana.
Los distintos cables dejaron de irradiar
y volvieron a unirse, adoptando su normal longitud,
para luego desaparecer en la misma oscuridad de la que
había surgido. El Comandante agarró la
lacerada cabeza y se la pasó a uno de sus guerreros.
-Cuando acabemos con Kardhajor quiero
su cabeza, junto a ésta, insertadas en el Báculo
de Mando; así todos podrán ver lo que
les pasa a aquellos que la más mínima
sombra de traición ronda por su cabeza. Y ahora
preparaos, tenemos un puente que tomar… y una
traición que culminar.
Todo el grupo preactivó sus
desplazadores esclavos, unos sofisticados ingenios de
tecnología dragyana que estos se vieron obligados
a construir como respuesta a la teletransportación
natural en otras razas del Universo. Estos dispositivos
esclavos dependían de un desplazador principal
que, por supuesto, era manejado por Kurhon. Preactivaron
igualmente el desplazador de un extraño contenedor
que habían transportado también desde
la Fharliarht Garhg, prepararon sus armas para el asalto
y después introdujo las coordenadas del Puente
de Guerra del Fhikurd Ghamn en el desplazador principal.
-Ya sabéis, primero inutilizad
al Zhadian y al escolta, después a la tripulación
que se resista… Al General me lo dejáis
a mí.
***
La amplitud del puente no iba en proporción
con las bastas dimensiones del buque, aún así,
había cabida para al menos una treintena de tripulantes,
sin contar a los cuatro dragyanos que en ese momento
observaban una impresionante vista del tercer planeta
de aquel inmundo sistema; el general Kardhajor, su inseparable
psicoasesor y los no menos inseparables escoltas imperiales,
uno de ellos Zhadian, o lo que era lo mismo, un frío
reptil asesino con genes transfigurables, otro magnífico
logro de la bioingeniería química dragyana.
-Ésta debería haber sido
la lucha que nuestro pueblo necesita -se lamentaba el
General-. Ahora todos se reirán de los dragyanos,
pensarán que rehuimos el combate, que nos retiramos
por el simple hecho de haber perdido unas pocas naves
contra las fuerzas borlastritas -salivó-, es
lamentable.
-Pero las órdenes del Emperador
han sido concisas, todos aquí las hemos oído.
No debe torturarse de esa manera; no es su culpa, es
su obligación.
-¿Obligación? Mi deber
como Almirante de esta flota es llevarla a la victoria
sin importar la naturaleza del enemigo al que nos enfrentemos.
Esa es mi obligación y no otra… Una retirada
ahora que ya hemos empezado nuestro ataque sabe a amarga
derrota.
-De todas formas… -se detuvo
el psicoasesor.
-¿De todas formas qué…?
-Algo va mal, un dragyano acaba de
ser asesinado en la nave.
-¿Asesinado…? Vaya una
novedad. Entre tripulación y mantenimiento en
esta nave hay más de seiscientos efectivos y
además transportamos diez mil unidades de asalto…
Que uno de ellos haya muerto no me quitará el
sueño, pasa con demasiada frecuencia.
-Pero no se trata de cualquiera…
Parece alguien cercano a usted… -intentó
concentrarse con más empeño- Un tripulante
del propio puente.
-¿De mi puente? Sabes que esta
tripulación es elegida personalmente por mí.
Si pierdo a alguno de ellos es algo que me irrita, siempre
que no sea yo el que acabe con él. Entérate
de quién se trata y localízame a los culpables,
pagarán con sus vidas tal agravio.
-Como ordenes mi… Señor,
me temo que hay algo más, noto una perturbación
ambiental en el puente…
La preocupación del psicoasesor
tuvo su justificación cuando de la nada apareció
el comando liderado por Kurhon que, de inmediato, abrió
fuego carbonizándole el torso; el otro escolta
imperial también fue carbonizado al momento,
al igual que algunos miembros de la tripulación
que de forma refleja intentaron hacerse los héroes
con no muy buena fortuna. El Zhadian sufrió dos
impactos directos en el pecho, pero gracias a su genética
transfigurable no sólo resistió el ataque
sino que absorbió su energía y la direccionó
desde el pecho hasta su mano para después descargar
toda su letal carga sobre uno de los atacantes. Kardhajor,
tras un breve instante en que el desconcierto nubló
su respuesta, desenfundó las Telépatas,
unas pequeñas pistolas autocoordinadas de gran
precisión, disparando con una de ellas a uno
de los dragyanos; éste consiguió evitar
el impacto, aunque aquello no significase mucho pues
ya se encontraba marcado. Con la otra Telépata
perforó el corazón de otro de los soldados
y acotó de esta manera el campo de actuación;
entre uno y otro seis asaltantes. Las Telépatas
se comunicaron entre sí, marcaron a sus objetivos
y activaron su dispositivo antigravitacional. Kardhajor
las soltó, ya no tenía que preocuparse
de ellas, dispararían a sus objetivos desde el
aire hasta acabar con ellos o hasta ser destruidas…
Sin duda, una fiel compañera de precisión.
El Zhadian optó por modificar
su morfología, primero transformó sus
propios brazos en dos gruesos tentáculos, seis
finos pero extensos látigos orgánicos
nacieron velozmente de sus costados y sus extremidades
inferiores se duplicaron en volumen y densidad para
mantener así mejor el equilibrio y la posición;
ahora, cualquier impacto que recibiese, era direccionado
hasta los filamentos finales de los flagelos y descargados
sobre sus atacantes. Kurhon se dio cuenta que la toma
del puente le iba a costar más de lo que se había
imaginado, ni siquiera el cable energético lanzado
al mutante había sido efectivo ya que antes de
que se segmentase fue achicharrado por un haz procedente
de uno de los látigos orgánicos del Zhadian.
Uno de sus soldados consiguió abalanzarse sobre
éste en un desesperado intento de abatirle con
un degradador génico, pero no llegó lo
suficientemente cerca; fue frenado por los tentáculos
que se enroscaron tanto en su cintura como en su cuello.
Viéndose perdido, clavó el dispositivo
en uno de ellos y después lo activó. El
radio de acción le alcanzó de pleno, pero
también a los tentáculos y látigos
del Zhadian que empezó a gritar de dolor mientras
su carne se deshacía y se fundía con la
del malogrado atacante. Kurhon vio de cerca los encolerizados
ojos de Kardhajor que, tras la argucia de las Telépatas
se había lanzado sobre él con el Báculo
de Mando como arma ofensiva.
-¡Tú! ¡Maldito traidor!
¿Cómo has podido pensar por un momento
que tu pequeña sublevación podía
tener éxito? ¡Cómo!
-El Emperador es débil, y tú
eres un despreciable siervo que propaga tal enfermedad
entre los de nuestra raza. Te escupo a ti y a los tuyos
y juro que no saldrás vivo de este puente -sentenció
entre las hileras de salivajos surgidos por la excitación
de la lucha.
Kurhon consiguió esquivar un
mortífero ataque acompañado de un gutural
gruñido de guerra y aprovechó esa pequeña
ventaja para alejarse hasta el lado opuesto del puente;
ante los perplejos ojos del General, se parapetó
tras unas consolas de control. Varios disparos las alcanzaron
y gran parte de éstas se desintegraron entre
chispazos y pequeñas explosiones energéticas,
pero aun así no consiguió que desvelara
su juego. Kardhajor, con cierta prudencia, rodeó
aquel lugar intentando averiguar qué tramaba
su traicionero subordinado, pero cuando vio el arma
de éste una ráfaga que ya había
sido disparada le cogió desprevenido; si el orbe
místico del Báculo de Mando no hubiese
actuado en ese instante absorbiendo aquella energía,
ahora el General tendría pecho y cabeza carbonizados.
-¿Es eso todo lo que sabes hacer?
-gritó Kardhajor- ¿Esconderte y disparar?
Kurhon dio un ágil salto desde
su posición de seguridad y aterrizó sobre
el General sin que ni éste, ni su báculo,
pudiesen evitarlo. Rodaron por el suelo y, al más
puro estilo dragyano, se propinaron zarpazos, mordiscos
y coletazos. En ese instante el clamor de la lucha por
el Puente de Guerra se encontraba en su cenit. Los tripulantes,
una vez repuestos de la sorpresa inicial, lanzaban sus
ataques contra el mermado grupo de asaltantes que parecía
ahora más preocupado en repeler aquel fuego que
en abatir al Zhadian. Nadie se interponía en
la lucha de poder que mantenían los dos líderes,
aunque todos permanecían atentos al resultado;
sabían que de ello dependían sus vidas.
En un instante todo terminó.
Tanto el gravemente tocado Zhadian
con los restos de asaltante fusionado entre sus tentáculos,
como el propio general Kardhajor, desaparecieron del
puente para aparecer en el exterior de la nave, justo
delante de ellos, en un punto entre el inmenso planeta
y aquel buque de guerra; un lugar donde todos pudieron
ver cómo aquellos desafortunados reventaban por
dentro poco a poco en el extremo vacío del espacio.
Todos callaron en la sala, todos se preguntaban qué
había ocurrido, todos menos uno de los allí
presentes que, con una malvada sonrisa de satisfacción,
saboreaba las mieles del triunfo… De su triunfo.
Kurhon era consciente de la poca efectividad
que estaba teniendo su ataque sorpresa, por eso debía
hacer algo decisivo para frenar al Zhadian y eliminar
al General; ambas cosas lo conseguiría mediante
una hábil maniobra. Aprovechó que uno
de sus hombres había quedado fundido al mutante
para reprogramar tanto el desplazador esclavo como el
suyo propio mientras permanecía escondido tras
las desafortunadas consolas. Cuando luchó cuerpo
a cuerpo contra el General le pudo colocar éste
y lo activó teniendo la precaución de
apartarse de él rápidamente; el trío
se transportó directamente a las coordenadas
que había reprogramado, justo delante de la Fhikurd
Ghamn.
-Y ahora… -dijo mientras se reincorporaba
y babeaba de satisfacción- ¿Hay alguien
más que cuestione mi posición de mando?
***
La irregularidad ocurrida en uno de
los campos de fuerza de los calabozos había disparado
la alarma en el retén de guardia. Sólo
había en ese momento cuatro soldados dragyanos,
así que consideraron más segura la opción
de ir todos juntos a ver qué estaba ocurriendo;
cogieron sus armas que descansaban plácidamente
desperdigadas por el puesto y uno a uno fueron entrando
en la galería de mazmorras. Al principio no se
percataron de la densa nube de polvo que había
delante de ellos, pero cuando lo hicieron ya era demasiado
tarde; ésta se les echó encima y aunque
intentaron evitarla la respiraron e inhalaron tan intensamente
que quedaron desorientados unos instantes. Tras esos
momentos, la incertidumbre dio paso a una ira alimentada
por el desconocimiento de lo que les había pasado;
fuese lo que fuese, no parecía bueno.
Javel permanecía en el suelo
de su celda, inconsciente, con un lamentable aspecto
y bañado por asquerosas sustancias. La ilidiana
seguía recluida también en su celda, parecía
expectante ante la reacción de aquellos guardas.
Y los humanos, bueno, para qué fijarse en ellos,
no parecían representar peligro alguno y menos
aún con aquellas expresiones de horror incierto
que sus rostros reflejaban. Ante este panorama, para
los dragyanos había quedado claro lo que allí
había sucedido; el ilidiano había recibido
su merecido tras intentar traspasar el campo de fuerza.
Todo estaba controlado, todo parecía
en orden, así que lentamente cambiaron su ira
por el delicioso placer de unas carcajadas; las babas
salpicaron aquel pasillo hasta el punto de que algunos
salivajos se deslizaron por el campo de fuerza hasta
el suelo, desvelando así la condición
unidireccional de éste. Aquellas sonoras risotadas
se vieron interrumpidas por un estruendoso ataque de
tos en uno de ellos, a la tos de éste le siguió
la de sus compañeros que, inesperadamente, se
vieron invadidos por una terrible debilidad. Uno de
ellos tensó sus manos sobre el arma que llevaba
y disparó… La tos desapareció entre
los tres cuerpos reptiloides carbonizados que ahora
decoraban aquella galería. El único superviviente,
tambaleándose, salió de ésta y
se acercó a un panel que había en el puesto
de control, introdujo el código de desactivación
y, a la vez que se encañonaba con una pistola
y su cuerpo se desplomaba en el suelo con los restos
carbonizados de lo que segundos antes fue una cabeza,
los campos de fuerza desaparecían de las celdas.
La ilidiana se tambaleó brevemente.
Había sentido aquel disparo como si se lo hubiesen
dado a ella; pero la diferencia estribaba en que ella
seguía viva y ahora, además, era libre.
Salió de su celda y cogió una de las armas
que habían tiradas en el suelo, entonces miró
a los dos chicos…, ninguno de ellos hacía
movimiento alguno; sus atónitas expresiones reflejaban
la confusión que sentían.
-¿Qué… ha pasado?
-preguntó Joost aunque dudase en lo acertado
de preguntar.
-¿Qué le ha ocurrido
a Javel? -ahora fue Hans intentando satisfacer su morbosa
curiosidad.
-Comprendo, es eso lo que os pasa -Laura
era quien, tras el esfuerzo mental de Lussa, había
tomado el control del cuerpo ilidiano—. No os
preocupéis por él, yo no lo haría
por un cerdo como ese…
-¿Pero qué era eso que
ha vomitado?
-Su estómago -dijo Laura disfrutando
la expresión de asco que ambos pusieron-. Por
lo visto estamos de suerte, hemos sido testigos de un
hecho que sólo pasa tres o cuatro veces en la
vida de una ilidiana… Lussa está embarazada.
-Ya, muy interesante… -dijo confuso
Hans-, ¿y que tiene eso que ver con… eso?
-Ya sé que es difícil
ver el nexo común pero os lo explicaré
brevemente… No tenemos mucho tiempo. Bien, digamos
que la concepción ilidiana es bastante diferente
de la que habitualmente conocemos. Una hembra sólo
puede gestar tres o cuatro veces en su vida coincidiendo
con unos períodos de celo igualmente escasos,
provocados estos por la recepción de, podríamos
llamarles, feromonas masculinas procedentes de su pareja.
Si le entra el celo es que está embarazada y
la semilla se genera en forma de sustancia viscosa dentro
de ella…, unos dos litros.
-Insisto… ¿Qué
tiene que ver que esté preñada con lo
que hemos visto?
-Bueno Hans, necesitan un lugar para
el desarrollo embrionario y el adecuado para ellos es
el estómago del macho ilidiano. Cuando la hembra
sabe de su embarazo le lanza un sutil mensaje al macho
en forma de feromonas femeninas, provocándole
la reacción que habéis visto en Javel,
algo inmediato que un macho sano no puede eludir, y
por eso se sirven de la autosugestión para evitar
el dolor… si se llevan bien, claro. La hembra
rociaría el estómago con los dos litros
de sustancia y pasaría a ser una cápsula
embrionaria que a los cuatro meses daría un nuevo
retoño ilidiano futuro coleccionista de humanos…
Lógicamente si Lussa no lo hubiera pulverizado
contra el campo de fuerza. Pero no os preocupéis,
su celo aún durará otras dos semanas y
el despojo de Javel regenerará otro estómago
en poco más de diez días… Aún
están a tiempo, siempre y cuando consigamos salir
de aquí.
-¿Y los lagartos? ¿Qué…?
-preguntó Joost.
-Un dragyano es complicado de controlar
mentalmente incluso para los ilidianos, pero si por
alguna razón su organismo se debilita pueden
ser controlados con cierta facilidad. Los ilidianos
son venenosos para ellos, recordad que lo dijo Javel,
así que directamente los envenenamos con el polvo
del estómago que suspendimos mentalmente en el
aire; no los matarían pero sí bajarían
sus defensas y aumentarían su debilidad, condiciones
idóneas para el control. Después Lussa
se encargó de todo, aunque creo que aprovechó
para descargar cierta ira reprimida sobre ellos…
Y ahora, ¿podemos irnos ya?
-Sí -contestó Hans mientras
tomaba otra arma del suelo-. ¿Pero a dónde?
Solos no creo que nos podamos hacer con la nave.
-Quizá no estemos tan solos
-aventuró el joven Joost-, deberían haber
muchos más humanos.
-Tiene razón -confirmó
Laura-, los traslados de los humanos a las naves de
carga eran semanales así que aún debe
quedar en esta nave la recolección de tres o
cuatro sesiones de O.T.C., eso podría ser entre
cuarenta y cincuenta personas fácilmente…
y yo creo saber dónde se encuentra esa sala de
almacenaje, que además no queda lejos de estos
calabozos.
-¿Y a qué esperamos entonces?
-dijo Joost con una sonrisa burlona.
Los dragyanos debían confiar
ciegamente en los sistemas automáticos de seguridad
de aquella nave ilidiana ya que ningún otro se
acercó a la sección de calabozos. Hans
arrastraba a un Javel que poco a poco recuperaba el
conocimiento pero que aún permanecía lo
suficientemente débil como para no poder andar.
Bajo la guía de Laura, recorrieron varios pasajes
y atravesaron varias zonas de la nave. Se cruzaron con
algún dragyano, pero siempre consiguieron bordear
las posiciones de estos para evitar en la medida de
lo posible los enfrentamientos. Tal y como había
aventurado Laura, no tardaron en localizar un almacén
donde sesenta y seis cámaras conservaban en perfecto
estado a otros tantos humanos.
-¿Están vivos? -preguntó
Joost.
-Sí, pero no contaba con esto;
en vez de contenedores estacionarios se encuentran en
cápsulas de soporte vital. ¡Ese mal nacido
los tiene despiertos! -algunos de los humanos allí
recluidos les miraban con ojos horrorizados, desconocedores
de lo que realmente les estaba ocurriendo-. Son muchos,
más de los que pensaba. Necesitaremos al menos
un par de horas para liberarlos a todos de la forma
adecuada.
-Entonces cuanto antes empecemos, mejor.
-¡Vaya, vaya, vaya! -aquella
voz resonó por todo el almacén. Su característico
tono sibilante estremeció a los dos humanos y
heló la sangre ilidiana de Laura. Javel, que
un momento antes había sido tendido en el suelo
por Hans, apenas se inmutó- Parece que el humano
tiene prisa…
Desde el punto más alejado del
almacén y sobre el rellano de una escalera desde
el cual podía observar la totalidad de éste,
Kanhir disfrutó especialmente el momento en que
un grupo de sus soldados rodeaba a los insensatos fugitivos.
-¿No crees que os ha sido muy
fácil llegar hasta aquí? -continuó
el dragyano- ¿De verdad pensabas que éramos
tan ineptos? Sinceramente, es una ofensa contra nuestra
raza.
-¡Si intentan algo serás
tú el primero en caer! -gritó Laura mientras
apuntaba a Kanhir. Tanto Hans como Joost hicieron lo
mismo tras ver su reacción.
-Creo que estás en un error,
querida Lussa, Laura, o quién demonios esté
en ese repugnante cuerpo. ¿Ves esto? -dijo levantando
una mano, en ella había varios pulsadores- Tú
más que nadie deberías conocer las posibilidades
de las cápsulas de soporte vital ilidianas…
Creo que sabes a lo que me refiero.
-¿No lo dirás en serio?
-¿Por qué no? El único
que ahora tiene cierto valor para mí es esa piltrafa
de Javel, quién lo iba a decir. Puede que tú,
como consorte ilidiana también me valgas algo.
Pero ten claro que estos sesenta y seis humanos, sesenta
y ocho si contamos a esos dos, me importan menos que
la humana que ahora está hablando por boca ilidiana.
Entregaros sin poner resistencia o… acepta las
consecuencias.
-¿A qué narices se refiere?
-preguntó Hans en voz baja- ¿Qué
es eso que lleva en la mano?
-Estas cápsulas llevan un dispositivo
de vaciado… -suspiró mientras dejaba de
apuntar a Kanhir-, es la forma más fácil
de deshacerse de un cuerpo que ha sufrido algún
problema dentro de ella. Lo de la mano presumiblemente
es un activador general de vaciado; si no nos entregamos
ahora, expulsará al espacio a esas personas,
todos morirán y después puede que vosotros
también… Sea como sea, este asalto lo hemos
perdido… Está bien -gritó al dragyano-,
tú ganas.
Los soldados se acercaron y bruscamente
los desarmaron, les inmovilizaron los brazos por detrás
y entre empujones les obligaron a ponerse de rodillas.
Ahora fue Kanhir quien habló.
-Sí, he ganado. Pero aún
me falta algo para disfrutar más si cabe este
triunfo, algo que te servirá como lección
para que no vuelvas a intentar escapar…
Y ante la horrorizada mirada de los tres, Kanhir apretó
los pulsadores.
***
El corte cauterizado en el cuello de
Bentiel había impedido que éste sangrara
hasta el momento, pero cuando la cabeza fue insertada
sobre el orbe del Báculo de Mando, tal y como
había ordenado Kurhon, unas hileras de líquido
magenta se deslizaron por éste y empaparon la
garra de su nuevo dueño; una sensación
pringosa y sucia que le despertaba el instinto asesino
que todo dragyano se enorgullece de llevar en su interior.
Al Puente de Guerra de la Fhikurd Ghamn se había
teletransportado una tripulación completa procedente
de la Fharliarht Garhg y, delante de ellos, fueron fríamente
ejecutados los trece tripulantes que habían sobrevivido
al asalto; un castigo ejemplar para que todos los allí
reunidos mostrasen su fidelidad al nuevo almirante de
la flota, el recién ascendido general Kurhon.
-Señor -se le acercó
uno de sus oficiales subordinados-, el sesenta y cinco
por ciento de la flota ya se encuentra a distancia de
seguridad.
-¿Seguro que son todos los que
me son leales?
-Todos en absoluto. Sólo permanecen
en órbita los que desconocen el alzamiento.
-Perfecto… ¿Está
preparado el catalizador del Nébula?
-El catalizador del NB-18 ya se encuentra
preactivado y sincronizado con el módulo principal,
sólo falta que usted introduzca el código
de activación -hizo una pequeña pausa-.
Por otro lado, señor, hemos localizado a la flota
borlastrita atravesando la atmósfera del planeta,
su disposición confirma una formación
de ataque.
-Se adelantan a lo previsto…
Pero eso es lo que queríamos, ¿no? -dijo
con satisfacción.
-Aún hay más. Los sensores
han localizado un contingente de naves procedentes de
Ilidia que se acercan rápidamente.
-¿Un contingente ilidiano? Vaya,
eso sí que no lo esperaba, al menos tan pronto.
Deben de querer mucho a su soberano… Puede que
la fortuna nos sonría, cuantas más naves,
mejor. ¿Cuánto tardarán en llegar
al radio de acción del Nébula?-
Cuestión de horas.
-Sé más preciso -ordenó.
-Por supuesto Señor -dijo poniéndose
algo nervioso de repente-. Según nuestros cálculos
referidos a la actual velocidad…, cuatro horas,
cuarenta y dos minutos.
-¿ Y cuánto falta antes
de que los borlastritas se encuentren lo suficientemente
cerca como para atacarnos?
-No podrán hacerlo antes de
tres horas.
-Eso nos da algo menos de dos horas
de entretenimiento para hacer un pleno… ¡Es
fantástico!
-Sí, señor, lo es. Pero
si me permite una sugerencia… -dudó un
instante-, con el grueso de nuestra flota lejos de aquí,
enfrentarnos a ilidianos y borlastritas a la vez puede
dejarnos en una situación de desventaja. Si usted
ordenase que los leales atacasen el contingente ilidiano
entonces…
-¡Idiota! -le cortó con
ira Kurhon- ¿No ves lo que pretendo hacer?...
Ya, comprendo… Desconoces lo que realmente hace
el Nébula, ¿verdad?
-Le recuerdo que el NB-18 es un proyecto
secreto -dijo tímidamente-, aunque tengamos cierta
información técnica y conozcamos el proceso
a seguir para su activación, desconocemos su
utilidad.
-Gracias por tu innecesario recordatorio
-dijo con arrogancia-. Lo cual me lleva a que si te
cuento la finalidad del Nébula, después
tendré que acabar contigo para que no me agües
la fiesta -el oficial tragó saliva mientras se
arrepentía de haber planteado su idea-. Pero
tranquilo, es una broma que te hace tu Comandante en
jefe -sonrió, aunque pareció de un modo
falso-. Estoy tan excitado por lo que se avecina que
no me importa contarte lo que va a pasar en unas horas.
Pese a disponer únicamente de un tercio de nuestros
cruceros seremos capaces de juguetear con la flotilla
borlastrita el tiempo suficiente con el fin de permitir
que el contingente ilidiano entre en el radio de acción
del Nébula. Perderemos algunas naves, ¿y
qué? Cuando introduzca el último código
de activación en el catalizador, la más
poderosa onda desintegradora partirá del Fhikurd
Ghamn alcanzando a borlastritas, ilidianos y hasta dragyanos.
Todas las naves, a excepción de ésta,
serán fisionadas molécula a molécula,
átomo a átomo, hasta quedar convertidas
en polvo espacial…
-¿Nuestras naves también…?
-En todas las guerras se hacen sacrificios
y de paso evitamos, una vez nos han defendido, su posible
desacuerdo con nuestra pequeña sublevación
-las babas y salivajos manaban en su boca por la satisfacción-.
Pero tal destrucción es sólo el comienzo,
una parte del poder del Nébula. La especial característica
de la onda hará que se genere gran cantidad de
gases que, mezclado con todo ese fino polvo espacial,
creará una densa nube que se verá atraída
por la gravedad del planeta y, a la vez, frenada y repelida
por su espesa atmósfera. Se formará una
nebulosa alrededor de todo el planeta que lo sumirá
en una época de glaciaciones y total oscuridad.
Quedarán mudos y ciegos pues naturalmente todos
sus arcaicos satélites también desaparecerán.
Sufrirán una edad de hielo mucho peor que la
que extinguió a nuestros antepasados; será
poético, justicia Divina… Y si no acaban
extinguiéndose solos, les echaremos una mano…
¿Qué te parece mi plan?
-¿Brillante…? -contestó
temeroso.
-No lo dudes ni por un instante. Y
ahora…
Kurhon agarró por el cuello
al pobre oficial y lo sujetó con fuerza. Nada
le proporcionaría ahora más placer que
matar con sus propias manos a aquel infeliz; apretó.
En el Puente de Guerra todos vieron aquella escena pero,
unos por miedo y otros por respeto a su superior, ninguno
se atrevió a intervenir. Poco a poco fue aflojando
la presión en el cuello…
-Te dije que era una broma -y le soltó-.
Vuelve a tus funciones. Pronto obtendré una satisfacción
mayor que la de tu muerte.
Se acercó al catalizador del
NB-18 e introdujo varios códigos de seguridad,
después metió otra serie para la activación
y éste empezó a retumbar de forma suave;
sólo faltaba un último código para
que el NB-18 entrase en acción.
-¡Esta es nuestra venganza! -gritó
en medio del puente- Ocurra lo que ocurra en las próximas
horas, el poder del Nébula nos asegura un triunfo
total… Adiós ilidianos, adiós borlastritas.
Y vosotros tripulación de la Fhikurd Ghamn disfrutad
de esta batalla, pues seréis testigos de excepción
de una nueva época de dominio dragyano y de la
inevitable caída de esa aborrecible raza que
se hacen llamar… humanos.
- Continuará
-
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