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'Resoluciones expeditivas' - Capítulo 6 Volver a 'El Continuo'

Escrito por Rafael Rius Sánchez

 

Un instante de paz, un momento de calma, un concepto que él anhelaba desde que días atrás se habían precipitado aquellos asombrosos acontecimientos. Cierto era que una fortaleza que consideraba sobrehumana se había apoderado tanto de su cuerpo como de su espíritu, pero era consciente de que aquello sólo maquillaba una triste realidad, pues lo único que había cambiado era que el listón del sufrimiento que ahora podía soportar se encontraba más elevado. Sobrellevaba mejor la muerte y la destrucción, soportaba más el dolor emocional antes de verse afectado, antes de que la rabia desatada desde el instante en que tuvo el dudoso privilegio de despertar a la verdadera realidad de su existencia se viese minada por el incesante horror que él estaba ayudando a concebir. Pero no se debía engañar, tenía que reconocer que aún permanecía inmune a aquel caos; para alguien que siempre había respetado la vida, la certeza de admitir en lo que se había convertido era algo que le horrorizaba.

En verdad, el hecho de que aquellos seres que enviaba a un hipotético infierno no fuesen humanos, sino alienígenas con pretensiones genocidas, era algo que minimizaba las consecuencias de sus actos en la poderosa coraza psicológica con la que le habían dotado. Pero todo aquello se había sucedido de una manera extraordinariamente rápida y sólo había una cosa que le incomodaba, una angustia que desde su interior surgía y que ninguna fuerza podía doblegar, y era el no haber podido saborear ni un momento de paz; un paréntesis entre tanta lucha durante el cual pudiese digerir y asimilar todo lo que le estaba sucediendo… Un instante para él y sus pensamientos.

Pero en este momento aquel instante aún quedaba lejos.

Mantuvo la fría serenidad de la que venía haciendo gala y, sin pestañear, escrutó con su gélida mirada los suspicaces ojos del general Peaceful.

-¿Ha comprendido bien la importancia de su cometido?

El General le sostuvo la mirada incapaz de amilanarse ante aquel desconocido, aunque lo cierto era que se encontraba tan confuso como sorprendido. Tan sólo unas horas antes siguió con asombrosa fascinación lo que había acontecido sobre el Atlántico Sur, una épica batalla donde fantásticos ingenios voladores, veloces como los relámpagos en el cielo, poderosos como el rugir de la más abominable tormenta, medían sus fuerzas entre ambos continentes de tal manera que se había sentido más fascinado que preocupado con las imágenes que los satélites espías y de comunicaciones habían conseguido emitir. ¿Tecnología humana? Imposible… ¿Alienígena? No cabía duda… ¿Facciones alienígenas contrarias limando asperezas en La Tierra? Eso era lo que parecía, pero quizá sólo se tratase de un hecho aislado; impresionante, bestial, sangriento, pero algo ajeno a la Humanidad. También podía creer a aquel extraño y acLas últimas horas las había pasado en una claustrofóbica sala en videoconferencia con Washington y los responsables de la Agencia Estadounidense para la Defensa. Pese a su opinión, el desconocimiento de lo que estaba ocurriendo alimentó los quebraderos de cabeza y, lo desconcertante de los hechos, provocó un desacuerdo de opiniones que no llevó a ningún tipo de decisión; la línea a seguir no parecía estar definida. De vuelta a su despacho, mortificado por un incesante dolor de cabeza, fue sorprendido por aquel hombre y sus misteriosos compañeros; una extraña comitiva borlastrita de una quincena de individuos que nadie parecía haber reparado en su llegada.

-Es asombroso, increíble… ¿Pero quién me asegura que todo lo que me ha contado es cierto?

-Aún sigue con vida, ¿no? Los dragyanos desean vuestra aniquilación, un genocidio absoluto, destrucción total. Si no les hubiésemos frenado en su primera incursión ahora este complejo Centro de Operaciones no existiría -hizo una pausa-. Le vuelvo a preguntar y por favor, no conteste con otra pregunta estúpida… ¿Ha comprendido la importancia de su cometido?

Desde que entró en el despachó y Sin Nombre empezase a hablar, el General había permanecido de pie, junto a la puerta. Pero ahora era su turno, así que se dirigió a su escritorio, rebuscó sin prisas en uno de sus cajones hasta encontrar un puro de al menos un palmo de longitud y lo encendió tomándose su tiempo, saboreando su sabor, apreciando su aroma. Se acomodó en su butaca propinándole una profunda bocanada a su habano y se dispuso a hablar. Aquella teatralidad no había sido gratuita ya que le había servido para estudiar tanto a los borlastritas como al que parecía su líder, y aceptó con cierto desagrado la carencia de impaciencia y desesperación en ellos; se mantenían fríos y, sobre todo el humano, calculador.

-Veamos si lo he entendido bien, y le aseguro que no tengo motivos para dudar de mi capacidad de comprensión. Me está asegurando que algunos de esos seres de piel de lagarto viven con apariencia humana aquí, en La Tierra, y que son personalidades de éxito que ocupan altos cargos tanto en política, como en economía mundial e incluso en religiones… En otras disposiciones también pero principalmente en esas tres, curiosamente poderes que rigen nuestra sociedad, ¿no es así?

-Desde hace más tiempo del que pueda imaginarse.

-No se crea, puedo tener mucha imaginación -dio otra profunda calada al puro-. Y dice que hasta ahora no hemos podido verles porque poseen… ¿Cómo ha dicho? Una glándula sintética que segrega alucinógenos radicales específicos que a todos los efectos nos hacen verles como humanos, ¿es eso? -realizó otra pausa esperando la ratificación de éste, pero lo único que recibió fue la misma fría mirada que caracterizaban los ojos de Sin Nombre, así que decidió continuar con su disertación- Pero ahora, que la gran amenaza alienígena entra en escena y es revelada a cualquiera que vea la televisión, me ofrece un método para destapar a esos…, llamémosles seres reptiloides, y podamos así colaborar en la salvación de la Humanidad. Para ello necesita que seleccione a cincuenta de mis mejores hombres, valientes y de confianza, que no teman a una muerte que asegura les llegará durante o al final de su misión. A cada uno se le implantará otra glándula que habrán sintetizado ahora ustedes y que contrarrestará los efectos del alucinógeno dragyano, y así podrán hacer de justicieros por todo el mundo quitando de en medio a personas que en realidad son alienígenas escamosos, ¿cierto?

-Veo que lo ha entendido perfectamente. Ahora me interesa saber si de verdad comprende la magnitud de lo que está sucediendo y está decidido a implicarse.

-Señor mío -dio otra profunda calada y expelió el humo directo a la cara de Sin Nombre-, sinceramente ya no sé en qué creer. Siempre he tenido los pies en el suelo y ahora me habla de abducciones alienígenas, de mundos habitados, de vendettas cósmicas y convivencias con extraterrestres… Historias harto difíciles de digerir para alguien tan tradicional como yo. ¿Quién no me asegura que tras acabar con esos reptiles no seréis vosotros quienes quieran conquistarnos?

-Sus dudas son razonables, pero cuanto más tardemos en buscar una solución al problema, más peligro corre la raza humana de ser extinguida. Seleccione a esos hombres para que mis ingenieros puedan injertarles las glándulas, sólo de esa forma podré ayudarles a sobrevivir aquí, en La Tierra. Tengo que frenar el ataque desde el espacio y no puedo ocuparme de esos dragyanos diseminados que lideran con sus engaños las débiles mentes de vuestra sociedad. Haga de La Tierra su campo de batalla si quiere, pero luche a mi modo si desea la victoria.

-Pese a lo que yo pueda pensar de todo este… conflicto, comprenderá que no puedo ordenar a soldados americanos que vayan por todo el mundo asesinando a personas sólo por el hecho de que ellos afirmen que son alienígenas. Necesitarán la autorización expresa de la A.E.D., por eso entenderá que debo informar a mis superiores de este encuentro y de lo que aquí se ha dicho.

-¡Inaceptable! ¿Informaría acaso al Diablo de una cruzada santa contra él? No debe informar a nadie de esto, con la única excepción de los cincuenta elegidos; las razones serán obvias en cuanto la limpieza comience. Ahora es usted el máximo dirigente en La Tierra para las fuerzas borlastritas; sabemos que es un buen General y que hará lo adecuado. Pronto un equipo de bioingenieros escoltados por doce cyborgs se presentarán ante usted. Tengo un mundo que defender y no puedo permitirme lujos de tiempo. Recapacite si quiere sobre todo lo que está pasando, pero para entonces será mejor que disponga ya de esos cincuenta hombres.

No hubo destellos de luz, ni fantasmales corrientes de aire, ni un incómodo tiempo ralentizado, o al menos eso le pareció al general Peaceful; simplemente desaparecieron. Ahora le llegaba el momento de tomar difíciles decisiones, tendría mucho en qué pensar además de preguntarse sobre el extraño poder que aquellos seres controlaban, cuestionar lo que le habían dicho y determinar cuál era el correcto camino a seguir a partir de aquel inesperado punto de inflexión. Saboreó durante algunos minutos el placer del humo en su boca y solicitó los historiales de algunos hombres a su cargo; decidiese lo que decidiese, no deseaba que los acontecimientos le cogiesen desprevenido.

Despertó. Había vuelto de su primera proyección mental bajo la atenta supervisión de su maestro; toda una experiencia mística que, aunque enriquecedora, resultaba tremendamente agotadora. En realidad no había habido escolta borlastrita, y pese a lo que aquel general pudiese creer, tampoco había habido presencia corpórea; solo había sido víctima de la fusión de dos mentes proyectándose en un lugar concreto.

-Dudaste -incriminó el Maestro.

-No, no dudé. Sólo fue mi interior rogando por un poco de tiempo para poder asimilar. Me has dado mucho y mucho he tenido que hacer… Pese a tanto cambio, debes reconocer que aún sigo siendo humano.

-Y mejor será que no lo olvides. Es cierto que te he exigido mucho, pero son pocos los que como tú tenéis la suerte genética de las tres razas; la humana natural de nacimiento y las heredadas de tus antecesores, la borlastrita y la handromita… Sí, en aquella primera nave de reconocimiento que hace millones de años acabó con su metal en este suelo, también había una comitiva de maestros handromitas en plena búsqueda y aprendizaje de la mística del universo... Misma cepa genética, biología homóloga… Uno nunca sabe cómo pueden reaccionar los sentimientos en tensas circunstancias; tú eres el resultado evolutivo de aquel amor interracial. El poder que notas crecer en tu interior no es obra mía, es tuyo, siempre lo ha sido. Mi deber contigo es ayudarte a que aflore.

-¿Y dónde se encuentra el límite?

-Lo ignoramos, pero sí conocemos vuestro potencial; el de los que son como tú, el de los que poseen antecesores borlastritas, el de los descendientes de los handromitas y el de los que son simplemente humanos que, por cierto, es bastante más elevado de lo que utilizan. Pero el límite… Nunca hasta ahora habíamos despertado a alguien como tú.

-¿Hay muchos más como yo? -Tanja, en su aspecto de maestro Linier, le miró con cierto dolor en sus ojos pero no le contestó-. Bueno, supongo que eso es algo que no me conviene conocer. No te preocupes, no creo que me afecte el no saberlo.

-Celebro oírlo. Por cierto, hablando de afectar, no le has advertido al General sobre los desagradables efectos secundarios que sufrirán quienes se injerten la glándula…

-Sí lo hice, aunque eso sí, de manera algo indirecta. Tardarán en aparecer las primeras mutaciones y para entonces ya habrán cumplido con su misión; muchos habrán caído, y de los que hayan sobrevivido nos tendremos que encargar personalmente; pero eso es algo que ahora no me preocupa.

-Te preocupan otras cosas de mayor índole, como atacar a la flota dragyana en el espacio.

-Veo que estar fusionados mentalmente tiene sus ventajas -sonrió. La verdad es que no bromeaba mucho desde que el handromita había llegado a su vida-. Aquí les cogimos por sorpresa y sé que allí arriba, en la oscura frialdad del espacio, un medio tan desconocido por mí, existe una gran flota que podría convertir nuestro desproporcionado ataque en algo suicida; pero aun así sigo pensando que es el momento de atacar… Un ataque incisivo a su buque insignia mientras aún se lamen las heridas de la última batalla.

-No te mientas, os estarán esperando…

-El contingente ilidiano no tardará en llegar; si mermamos el poder dragyano cuando lleguen podrán ser fácilmente aplastados.

-¿Crees en lo que dices?

-Con toda mi nueva alma.

-No sé… -Tanja no lo veía tan claro como su discípulo; pero su mirada, carente de toda frialdad y llena de súplica, le hizo ceder-. De acuerdo entonces, pero dejaremos un retén de un tercio de la flota aquí y solicitaremos a Shagran un nuevo contingente de apoyo; entre tú y yo, no acabo de fiarme de esos ilidianos -ambos sonrieron con complicidad.

-Maestro Linier -calló un instante, como si recapacitara sobre lo que iba a decir-, tengo la sensación de que el final del conflicto está próximo.

-Te equivocas de nuevo, estos conflictos carecen de final. Una vez La Tierra ha entrado en el juego, ya nada será igual para ninguna de las cinco razas incriminadas, nada en absoluto.

 

***

 

Se suponía que tendría que hacer frío, o al menos eso era lo que siempre había pensado que debía hacer en una mazmorra. Nunca antes había estado en ninguna pero era obvio que ese concepto, en una nave de carga alienígena, era muy distinto al medieval idealizado desde su juventud. Aquí no olía de forma pestilente, mención aparte del desagradable hedor que desprendían aquellos lagartos y que se había establecido de forma definitiva en su nariz. La temperatura era más bien elevada y el aspecto de las celdas era el de simples habitaciones asépticas, algo que agradecía; eso sí, confiaba en no sentir la llamada de la naturaleza pues carecían de instrumento alguno para tales efectos. Todas las paredes se presentaban traslúcidas pero el frontal que daba a la galería poseía un ligero tono verdoso que indicaba que el campo de fuerza se encontraba activo y que, por consejo de la ilidiana, harían bien en no acercarse a él. Lussa, que ahora había tomado presencia, centraba su conversación con un Javel que no paraba de recibir reproches mientras era recriminado con una actitud cargada de rencor e ira, algo que al monarca no parecía afectarle en demasía.

-¡Eres un ingrato y un egoísta! Sólo atiendes a tus intereses y has abusado de tu posición como marido y soberano de Ilidia para someterme a tu ambiciosa voluntad, de nada te importaba yo ni la forma en que me sentía…

-Te equivocas, me importabas y mucho. Tu bienestar era crucial en nuestros planes.

-¿Ves a lo que me refiero? Sólo te interesabas por mi salud porque beneficiaba tus planes… ¿Y entonces ahora qué? Ese maravilloso plan tuyo se ha ido a la mierda, ¿no? ¿Ahora ya no te importo?

-Claro que sí Lussa… Porque eres Lussa ahora, ¿verdad?

-¡No me cambies de tema!

-Mira amorcito, sabes tan bien como yo que mi preocupación hacia ti va más allá de mis planes… Te quiero.

-¿Y por qué me suena tan falso?... Sabes, algunos humanos pueden llegar a ser mejores que tú.

-¿Los humanos? Pero cómo puedes decir eso si son sólo simples mascotas con una ínfima inteligencia.

-Pero tienen sentimientos -sentenció la ilidiana-, algo que parece te has dejado en Ilidia.

-Pero esos sentimientos los hacen débiles. Mírate tú, sólo de vez en cuando la humana consigue dominarte, seguro que si te concentras un poco evitas que pase de nuevo.

-Veo que no lo entiendes… Ahora soy la dominante porque ella me lo permite.

-¿Ves? ¡Además son estúpidos!

-¡Calla idiota! ¿No ves que se encuentra dentro de mi mente?, ¿de mi cuerpo? Bebe de nuestra sabiduría, se nutre de nuestras experiencias, conoce mis deseos, siente el dolor y la frustración que yo siento… En cierta forma, nos comunicamos.

-Sí, ya lo veo, y creo que la escuchas demasiado.

-Quizá debiera hacerlo más a menudo, pues me ha hecho ver algo fantástico que puede ayudarnos a salir de aquí.

-¿Y qué es lo que esa entrometida sabelotodo te ha hecho ver? -preguntó el ilidiano con aire desafiante.

-Algo que te va a encantar -dijo ella sonriendo-. ¿Te acuerdas del malestar que sentía en La Tierra? Ya conozco el porqué… Los cambios de humor, los mareos, la inseguridad, ahora todo lo veo claro… pero tú sigues sin captarlo, ¿verdad?

-El clima te afectaba -dijo sarcástico-. Parecías más fuerte, pero trasladarte a otro planeta delató tu verdadera debilidad.

-No, no fue eso. Eres estúpido de veras, pero no te preocupes que muy pronto lo entenderás…, de hecho ya deberías estar sintiendo los primeros síntomas.

-¿Síntomas? ¿Cómo sabes que no me encuentro…? -Javel miró a Lussa y su expresión cambió por completo; acababa de darse cuenta de lo que estaba sucediendo- ¡No! ¡No es posible! Pero… ¿Por qué ahora? ¡Ni siquiera me has dado tiempo para la autosugestión!

-Cierto amor mío, así al menos sufrirás de golpe una mínima parte de lo que yo he sufrido durante semanas.

Javel se encorvó abrazándose las tripas. Empezó a retorcerse de dolor, se revolcó por el suelo, gritó de manera ensordecedora mientras se desgarraba el ropaje a la vez que maldecía, entre fuertes alaridos y espumarajos de bilis, las siete celdas que le separaban de su mujer…, de su querida y amada mujer.

Hans y Joost observaban aquel frenético espectáculo con una desagradable curiosidad y repugnancia, expectantes ambos por conocer qué demonios le estaba ocurriendo al ilidiano.

-¡Bien hecho maridito! -gritó con sarcasmo Lussa mientras Javel caía desmayado en su celda- Gracias por tu desinteresado sacrificio, tu gesto nos ayudará a conseguir la libertad.

Ante los atónitos ojos de los humanos que intentaban no emular a Javel, toda aquella masa viscosa se elevó por el aire y fue lanzado hacia el campo de fuerza que, en vez de repelerlo, lo absorbió velozmente dejando un denso resto de polvo ilidiano flotando en medio de la galería.

 

***

 

Se había acostumbrado demasiado a la cómoda vida que como tripulante de la nave insignia dragyana venía disfrutando, y ahora, mientras se arrastraba por aquél mugriento conducto, maldecía mentalmente la situación a la que se había visto obligado a llegar. En un buque como aquél se podía contar mil y un lugares donde permanecer oculto sin ser descubierto en mucho tiempo; un gran laberinto compuesto de tantos pasajes, habitáculos y conducciones que posiblemente ningún tripulante del Fhikurd Ghamn fuese conocedor de toda su existencia. Rezando por no olvidar el diagrama mental que seguía como indicación, Bentiel se deslizaba por aquel perdido submundo. Llevaba varios años de servicio a las órdenes del general Kardhajor y aún recordaba lo orgulloso que se sintió la vez que ocupó un puesto de importancia en el Puente de Guerra del mayor buque espacial que había liderado flota dragyana alguna; pero aquel orgullo fue bombardeado lentamente por la desidia y corrompido por la monotonía. El tiempo y la falta de conflictos enmohecía su espíritu guerrero y, tal vez por eso, por lo ruin de su raza o por el egoísmo que encerraba su propia personalidad, ahora se veía en esa situación.

Consiguió llegar hasta una cámara bastante amplia, donde la oscuridad era viciada por los reflejos azules de tres paneles de trabajo; aquella, si sus cálculos no le fallaban, debía ser la sala que estaba buscando. Tanteó las paredes con premura pues sabía que había perdido demasiado tiempo y deseaba volver a su puesto cuanto antes. Pasó varios minutos sin encontrar el comunicador, empezó a impacientarse y cierta desesperación le invadió provocándole tal nerviosismo que en seguida se vio aderezado con un incipiente temor. De no encontrarlo significaría fallarle a Kurhon y había mucho en juego como para que éste fuese benévolo con él. Escuchó un sutil murmullo que le hizo hervir su fría sangre de lagarto. Nadie podía haberlo seguido en aquel laberíntico lugar, nadie.

-¿Acaso es esto lo que buscas?

Bentiel reconoció la voz al instante. Se giró lentamente, parecía querer disimular su asombro y su temor. Ante él se encontraba una docena de guerreros dragyanos y, delante de ellos, imponente entre las sombras y el fulgor celeste, el comandante Kurhon, segundo al mando de la flota y capitán de la Fharliarht Garhg; su mano sostenía el pequeño comunicador que estaba buscando.

-¿Qué… Qué hace aquí? -se atrevió a preguntar tras el temor inicial- No deberían estar aún aquí, aún no es el momento.
-¿Y cuál es el momento Bentiel? Quizá puedas iluminarnos con el plan que has tramado.

-¡Yo no he tramado ningún plan! -se quejó entre salivajos- Me he arrastrado hasta este mugriento lugar para poder avisar -hubo un silencio y comprendió que esperaban la información que él tenía para ellos-. El Emperador ha ordenado explícitamente la retirada de la flota de este asqueroso planeta… No desea el conflicto, no desea la venganza; con su cobarde decisión confirma nuestras sospechas…, no nos apoyará en nuestra cruzada contra los carnes blandas. Es más, ha ordenado perseguir y capturar a Kanhir al precio que sea. En breve dejaremos esta órbita y nuestra oportunidad quedará de nuevo perdida en el tiempo.

-Comprendo. ¿Hay algo más que te quede por contar?

-¿Qué más quiere que le cuente? Hemos fracasado antes de empezar… Es una vergüenza para nuestro pueblo.

-En eso estoy contigo -hizo una pequeña pausa-. De acuerdo, has hecho bien tu trabajo y por eso hay algo que te quiero decir. Llevas años a las órdenes de Kardhajor, te has ganado su confianza, él ha creído en ti… y ahora le pagas así. Si hay algo que no soporto es la traición. No me malinterpretes, la traición no está mal siempre y cuando no sea a mí a quien se traicione… y tú no me suscitas la confianza necesaria como para tenerte a mi lado.

Como si las palabras del Comandante lo hubiesen ordenado, un cable energético se abalanzó sobre Bentiel desde algún rincón en la oscuridad; éste lo reconoció enseguida como una de las armas preferidas utilizadas por los asesinos cazarrecompensas dragyanos. Esquivó el primer envite, pero el cable se fragmentó de inmediato y cada sección se prolongó hasta su longitud inicial, enroscándose implacablemente por todo su cuerpo; pese a que consiguió zafarse de un par de ellos, no tardó en quedar inmovilizado.

-Necesito que me hagas un último favor -le susurró Kurhon mientras se le acercaba-, te va de paso así que no creo que te cueste mucho. Dile a nuestros antepasados que necesito su apoyo espiritual, su fuerza, su poder -gritó-… para vengarles en esta contienda. Sé que cuento con tu apoyo -dijo en tono sarcástico-, ¿me demostrarás tu fidelidad haciendo esto por mí? Lástima que para ello tengas que morir.

Las distintas secciones del cable empezaron a radiar tal energía que cortó el cuerpo de Bentiel conforme se fueron estrechando; un cuerpo que ni siquiera pudo gritar por el dolor que padecía, un cuerpo que no pudo mostrar el odio que sentía…, un cuerpo que representaba la primera víctima de aquella traición dragyana.

Los distintos cables dejaron de irradiar y volvieron a unirse, adoptando su normal longitud, para luego desaparecer en la misma oscuridad de la que había surgido. El Comandante agarró la lacerada cabeza y se la pasó a uno de sus guerreros.

-Cuando acabemos con Kardhajor quiero su cabeza, junto a ésta, insertadas en el Báculo de Mando; así todos podrán ver lo que les pasa a aquellos que la más mínima sombra de traición ronda por su cabeza. Y ahora preparaos, tenemos un puente que tomar… y una traición que culminar.

Todo el grupo preactivó sus desplazadores esclavos, unos sofisticados ingenios de tecnología dragyana que estos se vieron obligados a construir como respuesta a la teletransportación natural en otras razas del Universo. Estos dispositivos esclavos dependían de un desplazador principal que, por supuesto, era manejado por Kurhon. Preactivaron igualmente el desplazador de un extraño contenedor que habían transportado también desde la Fharliarht Garhg, prepararon sus armas para el asalto y después introdujo las coordenadas del Puente de Guerra del Fhikurd Ghamn en el desplazador principal.

-Ya sabéis, primero inutilizad al Zhadian y al escolta, después a la tripulación que se resista… Al General me lo dejáis a mí.

 

***

 

La amplitud del puente no iba en proporción con las bastas dimensiones del buque, aún así, había cabida para al menos una treintena de tripulantes, sin contar a los cuatro dragyanos que en ese momento observaban una impresionante vista del tercer planeta de aquel inmundo sistema; el general Kardhajor, su inseparable psicoasesor y los no menos inseparables escoltas imperiales, uno de ellos Zhadian, o lo que era lo mismo, un frío reptil asesino con genes transfigurables, otro magnífico logro de la bioingeniería química dragyana.

-Ésta debería haber sido la lucha que nuestro pueblo necesita -se lamentaba el General-. Ahora todos se reirán de los dragyanos, pensarán que rehuimos el combate, que nos retiramos por el simple hecho de haber perdido unas pocas naves contra las fuerzas borlastritas -salivó-, es lamentable.

-Pero las órdenes del Emperador han sido concisas, todos aquí las hemos oído. No debe torturarse de esa manera; no es su culpa, es su obligación.

-¿Obligación? Mi deber como Almirante de esta flota es llevarla a la victoria sin importar la naturaleza del enemigo al que nos enfrentemos. Esa es mi obligación y no otra… Una retirada ahora que ya hemos empezado nuestro ataque sabe a amarga derrota.

-De todas formas… -se detuvo el psicoasesor.

-¿De todas formas qué…?

-Algo va mal, un dragyano acaba de ser asesinado en la nave.

-¿Asesinado…? Vaya una novedad. Entre tripulación y mantenimiento en esta nave hay más de seiscientos efectivos y además transportamos diez mil unidades de asalto… Que uno de ellos haya muerto no me quitará el sueño, pasa con demasiada frecuencia.

-Pero no se trata de cualquiera… Parece alguien cercano a usted… -intentó concentrarse con más empeño- Un tripulante del propio puente.

-¿De mi puente? Sabes que esta tripulación es elegida personalmente por mí. Si pierdo a alguno de ellos es algo que me irrita, siempre que no sea yo el que acabe con él. Entérate de quién se trata y localízame a los culpables, pagarán con sus vidas tal agravio.

-Como ordenes mi… Señor, me temo que hay algo más, noto una perturbación ambiental en el puente…

La preocupación del psicoasesor tuvo su justificación cuando de la nada apareció el comando liderado por Kurhon que, de inmediato, abrió fuego carbonizándole el torso; el otro escolta imperial también fue carbonizado al momento, al igual que algunos miembros de la tripulación que de forma refleja intentaron hacerse los héroes con no muy buena fortuna. El Zhadian sufrió dos impactos directos en el pecho, pero gracias a su genética transfigurable no sólo resistió el ataque sino que absorbió su energía y la direccionó desde el pecho hasta su mano para después descargar toda su letal carga sobre uno de los atacantes. Kardhajor, tras un breve instante en que el desconcierto nubló su respuesta, desenfundó las Telépatas, unas pequeñas pistolas autocoordinadas de gran precisión, disparando con una de ellas a uno de los dragyanos; éste consiguió evitar el impacto, aunque aquello no significase mucho pues ya se encontraba marcado. Con la otra Telépata perforó el corazón de otro de los soldados y acotó de esta manera el campo de actuación; entre uno y otro seis asaltantes. Las Telépatas se comunicaron entre sí, marcaron a sus objetivos y activaron su dispositivo antigravitacional. Kardhajor las soltó, ya no tenía que preocuparse de ellas, dispararían a sus objetivos desde el aire hasta acabar con ellos o hasta ser destruidas… Sin duda, una fiel compañera de precisión.

El Zhadian optó por modificar su morfología, primero transformó sus propios brazos en dos gruesos tentáculos, seis finos pero extensos látigos orgánicos nacieron velozmente de sus costados y sus extremidades inferiores se duplicaron en volumen y densidad para mantener así mejor el equilibrio y la posición; ahora, cualquier impacto que recibiese, era direccionado hasta los filamentos finales de los flagelos y descargados sobre sus atacantes. Kurhon se dio cuenta que la toma del puente le iba a costar más de lo que se había imaginado, ni siquiera el cable energético lanzado al mutante había sido efectivo ya que antes de que se segmentase fue achicharrado por un haz procedente de uno de los látigos orgánicos del Zhadian. Uno de sus soldados consiguió abalanzarse sobre éste en un desesperado intento de abatirle con un degradador génico, pero no llegó lo suficientemente cerca; fue frenado por los tentáculos que se enroscaron tanto en su cintura como en su cuello. Viéndose perdido, clavó el dispositivo en uno de ellos y después lo activó. El radio de acción le alcanzó de pleno, pero también a los tentáculos y látigos del Zhadian que empezó a gritar de dolor mientras su carne se deshacía y se fundía con la del malogrado atacante. Kurhon vio de cerca los encolerizados ojos de Kardhajor que, tras la argucia de las Telépatas se había lanzado sobre él con el Báculo de Mando como arma ofensiva.

-¡Tú! ¡Maldito traidor! ¿Cómo has podido pensar por un momento que tu pequeña sublevación podía tener éxito? ¡Cómo!

-El Emperador es débil, y tú eres un despreciable siervo que propaga tal enfermedad entre los de nuestra raza. Te escupo a ti y a los tuyos y juro que no saldrás vivo de este puente -sentenció entre las hileras de salivajos surgidos por la excitación de la lucha.

Kurhon consiguió esquivar un mortífero ataque acompañado de un gutural gruñido de guerra y aprovechó esa pequeña ventaja para alejarse hasta el lado opuesto del puente; ante los perplejos ojos del General, se parapetó tras unas consolas de control. Varios disparos las alcanzaron y gran parte de éstas se desintegraron entre chispazos y pequeñas explosiones energéticas, pero aun así no consiguió que desvelara su juego. Kardhajor, con cierta prudencia, rodeó aquel lugar intentando averiguar qué tramaba su traicionero subordinado, pero cuando vio el arma de éste una ráfaga que ya había sido disparada le cogió desprevenido; si el orbe místico del Báculo de Mando no hubiese actuado en ese instante absorbiendo aquella energía, ahora el General tendría pecho y cabeza carbonizados.

-¿Es eso todo lo que sabes hacer? -gritó Kardhajor- ¿Esconderte y disparar?

Kurhon dio un ágil salto desde su posición de seguridad y aterrizó sobre el General sin que ni éste, ni su báculo, pudiesen evitarlo. Rodaron por el suelo y, al más puro estilo dragyano, se propinaron zarpazos, mordiscos y coletazos. En ese instante el clamor de la lucha por el Puente de Guerra se encontraba en su cenit. Los tripulantes, una vez repuestos de la sorpresa inicial, lanzaban sus ataques contra el mermado grupo de asaltantes que parecía ahora más preocupado en repeler aquel fuego que en abatir al Zhadian. Nadie se interponía en la lucha de poder que mantenían los dos líderes, aunque todos permanecían atentos al resultado; sabían que de ello dependían sus vidas.

En un instante todo terminó.

Tanto el gravemente tocado Zhadian con los restos de asaltante fusionado entre sus tentáculos, como el propio general Kardhajor, desaparecieron del puente para aparecer en el exterior de la nave, justo delante de ellos, en un punto entre el inmenso planeta y aquel buque de guerra; un lugar donde todos pudieron ver cómo aquellos desafortunados reventaban por dentro poco a poco en el extremo vacío del espacio. Todos callaron en la sala, todos se preguntaban qué había ocurrido, todos menos uno de los allí presentes que, con una malvada sonrisa de satisfacción, saboreaba las mieles del triunfo… De su triunfo.

Kurhon era consciente de la poca efectividad que estaba teniendo su ataque sorpresa, por eso debía hacer algo decisivo para frenar al Zhadian y eliminar al General; ambas cosas lo conseguiría mediante una hábil maniobra. Aprovechó que uno de sus hombres había quedado fundido al mutante para reprogramar tanto el desplazador esclavo como el suyo propio mientras permanecía escondido tras las desafortunadas consolas. Cuando luchó cuerpo a cuerpo contra el General le pudo colocar éste y lo activó teniendo la precaución de apartarse de él rápidamente; el trío se transportó directamente a las coordenadas que había reprogramado, justo delante de la Fhikurd Ghamn.

-Y ahora… -dijo mientras se reincorporaba y babeaba de satisfacción- ¿Hay alguien más que cuestione mi posición de mando?

 

***

 

La irregularidad ocurrida en uno de los campos de fuerza de los calabozos había disparado la alarma en el retén de guardia. Sólo había en ese momento cuatro soldados dragyanos, así que consideraron más segura la opción de ir todos juntos a ver qué estaba ocurriendo; cogieron sus armas que descansaban plácidamente desperdigadas por el puesto y uno a uno fueron entrando en la galería de mazmorras. Al principio no se percataron de la densa nube de polvo que había delante de ellos, pero cuando lo hicieron ya era demasiado tarde; ésta se les echó encima y aunque intentaron evitarla la respiraron e inhalaron tan intensamente que quedaron desorientados unos instantes. Tras esos momentos, la incertidumbre dio paso a una ira alimentada por el desconocimiento de lo que les había pasado; fuese lo que fuese, no parecía bueno.

Javel permanecía en el suelo de su celda, inconsciente, con un lamentable aspecto y bañado por asquerosas sustancias. La ilidiana seguía recluida también en su celda, parecía expectante ante la reacción de aquellos guardas. Y los humanos, bueno, para qué fijarse en ellos, no parecían representar peligro alguno y menos aún con aquellas expresiones de horror incierto que sus rostros reflejaban. Ante este panorama, para los dragyanos había quedado claro lo que allí había sucedido; el ilidiano había recibido su merecido tras intentar traspasar el campo de fuerza.

Todo estaba controlado, todo parecía en orden, así que lentamente cambiaron su ira por el delicioso placer de unas carcajadas; las babas salpicaron aquel pasillo hasta el punto de que algunos salivajos se deslizaron por el campo de fuerza hasta el suelo, desvelando así la condición unidireccional de éste. Aquellas sonoras risotadas se vieron interrumpidas por un estruendoso ataque de tos en uno de ellos, a la tos de éste le siguió la de sus compañeros que, inesperadamente, se vieron invadidos por una terrible debilidad. Uno de ellos tensó sus manos sobre el arma que llevaba y disparó… La tos desapareció entre los tres cuerpos reptiloides carbonizados que ahora decoraban aquella galería. El único superviviente, tambaleándose, salió de ésta y se acercó a un panel que había en el puesto de control, introdujo el código de desactivación y, a la vez que se encañonaba con una pistola y su cuerpo se desplomaba en el suelo con los restos carbonizados de lo que segundos antes fue una cabeza, los campos de fuerza desaparecían de las celdas.

La ilidiana se tambaleó brevemente. Había sentido aquel disparo como si se lo hubiesen dado a ella; pero la diferencia estribaba en que ella seguía viva y ahora, además, era libre. Salió de su celda y cogió una de las armas que habían tiradas en el suelo, entonces miró a los dos chicos…, ninguno de ellos hacía movimiento alguno; sus atónitas expresiones reflejaban la confusión que sentían.

-¿Qué… ha pasado? -preguntó Joost aunque dudase en lo acertado de preguntar.

-¿Qué le ha ocurrido a Javel? -ahora fue Hans intentando satisfacer su morbosa curiosidad.

-Comprendo, es eso lo que os pasa -Laura era quien, tras el esfuerzo mental de Lussa, había tomado el control del cuerpo ilidiano—. No os preocupéis por él, yo no lo haría por un cerdo como ese…

-¿Pero qué era eso que ha vomitado?

-Su estómago -dijo Laura disfrutando la expresión de asco que ambos pusieron-. Por lo visto estamos de suerte, hemos sido testigos de un hecho que sólo pasa tres o cuatro veces en la vida de una ilidiana… Lussa está embarazada.

-Ya, muy interesante… -dijo confuso Hans-, ¿y que tiene eso que ver con… eso?

-Ya sé que es difícil ver el nexo común pero os lo explicaré brevemente… No tenemos mucho tiempo. Bien, digamos que la concepción ilidiana es bastante diferente de la que habitualmente conocemos. Una hembra sólo puede gestar tres o cuatro veces en su vida coincidiendo con unos períodos de celo igualmente escasos, provocados estos por la recepción de, podríamos llamarles, feromonas masculinas procedentes de su pareja. Si le entra el celo es que está embarazada y la semilla se genera en forma de sustancia viscosa dentro de ella…, unos dos litros.

-Insisto… ¿Qué tiene que ver que esté preñada con lo que hemos visto?

-Bueno Hans, necesitan un lugar para el desarrollo embrionario y el adecuado para ellos es el estómago del macho ilidiano. Cuando la hembra sabe de su embarazo le lanza un sutil mensaje al macho en forma de feromonas femeninas, provocándole la reacción que habéis visto en Javel, algo inmediato que un macho sano no puede eludir, y por eso se sirven de la autosugestión para evitar el dolor… si se llevan bien, claro. La hembra rociaría el estómago con los dos litros de sustancia y pasaría a ser una cápsula embrionaria que a los cuatro meses daría un nuevo retoño ilidiano futuro coleccionista de humanos… Lógicamente si Lussa no lo hubiera pulverizado contra el campo de fuerza. Pero no os preocupéis, su celo aún durará otras dos semanas y el despojo de Javel regenerará otro estómago en poco más de diez días… Aún están a tiempo, siempre y cuando consigamos salir de aquí.

-¿Y los lagartos? ¿Qué…? -preguntó Joost.

-Un dragyano es complicado de controlar mentalmente incluso para los ilidianos, pero si por alguna razón su organismo se debilita pueden ser controlados con cierta facilidad. Los ilidianos son venenosos para ellos, recordad que lo dijo Javel, así que directamente los envenenamos con el polvo del estómago que suspendimos mentalmente en el aire; no los matarían pero sí bajarían sus defensas y aumentarían su debilidad, condiciones idóneas para el control. Después Lussa se encargó de todo, aunque creo que aprovechó para descargar cierta ira reprimida sobre ellos… Y ahora, ¿podemos irnos ya?

-Sí -contestó Hans mientras tomaba otra arma del suelo-. ¿Pero a dónde? Solos no creo que nos podamos hacer con la nave.

-Quizá no estemos tan solos -aventuró el joven Joost-, deberían haber muchos más humanos.

-Tiene razón -confirmó Laura-, los traslados de los humanos a las naves de carga eran semanales así que aún debe quedar en esta nave la recolección de tres o cuatro sesiones de O.T.C., eso podría ser entre cuarenta y cincuenta personas fácilmente… y yo creo saber dónde se encuentra esa sala de almacenaje, que además no queda lejos de estos calabozos.

-¿Y a qué esperamos entonces? -dijo Joost con una sonrisa burlona.

Los dragyanos debían confiar ciegamente en los sistemas automáticos de seguridad de aquella nave ilidiana ya que ningún otro se acercó a la sección de calabozos. Hans arrastraba a un Javel que poco a poco recuperaba el conocimiento pero que aún permanecía lo suficientemente débil como para no poder andar. Bajo la guía de Laura, recorrieron varios pasajes y atravesaron varias zonas de la nave. Se cruzaron con algún dragyano, pero siempre consiguieron bordear las posiciones de estos para evitar en la medida de lo posible los enfrentamientos. Tal y como había aventurado Laura, no tardaron en localizar un almacén donde sesenta y seis cámaras conservaban en perfecto estado a otros tantos humanos.

-¿Están vivos? -preguntó Joost.

-Sí, pero no contaba con esto; en vez de contenedores estacionarios se encuentran en cápsulas de soporte vital. ¡Ese mal nacido los tiene despiertos! -algunos de los humanos allí recluidos les miraban con ojos horrorizados, desconocedores de lo que realmente les estaba ocurriendo-. Son muchos, más de los que pensaba. Necesitaremos al menos un par de horas para liberarlos a todos de la forma adecuada.

-Entonces cuanto antes empecemos, mejor.

-¡Vaya, vaya, vaya! -aquella voz resonó por todo el almacén. Su característico tono sibilante estremeció a los dos humanos y heló la sangre ilidiana de Laura. Javel, que un momento antes había sido tendido en el suelo por Hans, apenas se inmutó- Parece que el humano tiene prisa…

Desde el punto más alejado del almacén y sobre el rellano de una escalera desde el cual podía observar la totalidad de éste, Kanhir disfrutó especialmente el momento en que un grupo de sus soldados rodeaba a los insensatos fugitivos.

-¿No crees que os ha sido muy fácil llegar hasta aquí? -continuó el dragyano- ¿De verdad pensabas que éramos tan ineptos? Sinceramente, es una ofensa contra nuestra raza.

-¡Si intentan algo serás tú el primero en caer! -gritó Laura mientras apuntaba a Kanhir. Tanto Hans como Joost hicieron lo mismo tras ver su reacción.

-Creo que estás en un error, querida Lussa, Laura, o quién demonios esté en ese repugnante cuerpo. ¿Ves esto? -dijo levantando una mano, en ella había varios pulsadores- Tú más que nadie deberías conocer las posibilidades de las cápsulas de soporte vital ilidianas… Creo que sabes a lo que me refiero.

-¿No lo dirás en serio?

-¿Por qué no? El único que ahora tiene cierto valor para mí es esa piltrafa de Javel, quién lo iba a decir. Puede que tú, como consorte ilidiana también me valgas algo. Pero ten claro que estos sesenta y seis humanos, sesenta y ocho si contamos a esos dos, me importan menos que la humana que ahora está hablando por boca ilidiana. Entregaros sin poner resistencia o… acepta las consecuencias.

-¿A qué narices se refiere? -preguntó Hans en voz baja- ¿Qué es eso que lleva en la mano?

-Estas cápsulas llevan un dispositivo de vaciado… -suspiró mientras dejaba de apuntar a Kanhir-, es la forma más fácil de deshacerse de un cuerpo que ha sufrido algún problema dentro de ella. Lo de la mano presumiblemente es un activador general de vaciado; si no nos entregamos ahora, expulsará al espacio a esas personas, todos morirán y después puede que vosotros también… Sea como sea, este asalto lo hemos perdido… Está bien -gritó al dragyano-, tú ganas.

Los soldados se acercaron y bruscamente los desarmaron, les inmovilizaron los brazos por detrás y entre empujones les obligaron a ponerse de rodillas. Ahora fue Kanhir quien habló.

-Sí, he ganado. Pero aún me falta algo para disfrutar más si cabe este triunfo, algo que te servirá como lección para que no vuelvas a intentar escapar…
Y ante la horrorizada mirada de los tres, Kanhir apretó los pulsadores.

 

***

 

El corte cauterizado en el cuello de Bentiel había impedido que éste sangrara hasta el momento, pero cuando la cabeza fue insertada sobre el orbe del Báculo de Mando, tal y como había ordenado Kurhon, unas hileras de líquido magenta se deslizaron por éste y empaparon la garra de su nuevo dueño; una sensación pringosa y sucia que le despertaba el instinto asesino que todo dragyano se enorgullece de llevar en su interior. Al Puente de Guerra de la Fhikurd Ghamn se había teletransportado una tripulación completa procedente de la Fharliarht Garhg y, delante de ellos, fueron fríamente ejecutados los trece tripulantes que habían sobrevivido al asalto; un castigo ejemplar para que todos los allí reunidos mostrasen su fidelidad al nuevo almirante de la flota, el recién ascendido general Kurhon.

-Señor -se le acercó uno de sus oficiales subordinados-, el sesenta y cinco por ciento de la flota ya se encuentra a distancia de seguridad.

-¿Seguro que son todos los que me son leales?

-Todos en absoluto. Sólo permanecen en órbita los que desconocen el alzamiento.

-Perfecto… ¿Está preparado el catalizador del Nébula?

-El catalizador del NB-18 ya se encuentra preactivado y sincronizado con el módulo principal, sólo falta que usted introduzca el código de activación -hizo una pequeña pausa-. Por otro lado, señor, hemos localizado a la flota borlastrita atravesando la atmósfera del planeta, su disposición confirma una formación de ataque.

-Se adelantan a lo previsto… Pero eso es lo que queríamos, ¿no? -dijo con satisfacción.

-Aún hay más. Los sensores han localizado un contingente de naves procedentes de Ilidia que se acercan rápidamente.

-¿Un contingente ilidiano? Vaya, eso sí que no lo esperaba, al menos tan pronto. Deben de querer mucho a su soberano… Puede que la fortuna nos sonría, cuantas más naves, mejor. ¿Cuánto tardarán en llegar al radio de acción del Nébula?-

Cuestión de horas.

-Sé más preciso -ordenó.

-Por supuesto Señor -dijo poniéndose algo nervioso de repente-. Según nuestros cálculos referidos a la actual velocidad…, cuatro horas, cuarenta y dos minutos.

-¿ Y cuánto falta antes de que los borlastritas se encuentren lo suficientemente cerca como para atacarnos?

-No podrán hacerlo antes de tres horas.

-Eso nos da algo menos de dos horas de entretenimiento para hacer un pleno… ¡Es fantástico!

-Sí, señor, lo es. Pero si me permite una sugerencia… -dudó un instante-, con el grueso de nuestra flota lejos de aquí, enfrentarnos a ilidianos y borlastritas a la vez puede dejarnos en una situación de desventaja. Si usted ordenase que los leales atacasen el contingente ilidiano entonces…

-¡Idiota! -le cortó con ira Kurhon- ¿No ves lo que pretendo hacer?... Ya, comprendo… Desconoces lo que realmente hace el Nébula, ¿verdad?

-Le recuerdo que el NB-18 es un proyecto secreto -dijo tímidamente-, aunque tengamos cierta información técnica y conozcamos el proceso a seguir para su activación, desconocemos su utilidad.

-Gracias por tu innecesario recordatorio -dijo con arrogancia-. Lo cual me lleva a que si te cuento la finalidad del Nébula, después tendré que acabar contigo para que no me agües la fiesta -el oficial tragó saliva mientras se arrepentía de haber planteado su idea-. Pero tranquilo, es una broma que te hace tu Comandante en jefe -sonrió, aunque pareció de un modo falso-. Estoy tan excitado por lo que se avecina que no me importa contarte lo que va a pasar en unas horas. Pese a disponer únicamente de un tercio de nuestros cruceros seremos capaces de juguetear con la flotilla borlastrita el tiempo suficiente con el fin de permitir que el contingente ilidiano entre en el radio de acción del Nébula. Perderemos algunas naves, ¿y qué? Cuando introduzca el último código de activación en el catalizador, la más poderosa onda desintegradora partirá del Fhikurd Ghamn alcanzando a borlastritas, ilidianos y hasta dragyanos. Todas las naves, a excepción de ésta, serán fisionadas molécula a molécula, átomo a átomo, hasta quedar convertidas en polvo espacial…

-¿Nuestras naves también…?

-En todas las guerras se hacen sacrificios y de paso evitamos, una vez nos han defendido, su posible desacuerdo con nuestra pequeña sublevación -las babas y salivajos manaban en su boca por la satisfacción-. Pero tal destrucción es sólo el comienzo, una parte del poder del Nébula. La especial característica de la onda hará que se genere gran cantidad de gases que, mezclado con todo ese fino polvo espacial, creará una densa nube que se verá atraída por la gravedad del planeta y, a la vez, frenada y repelida por su espesa atmósfera. Se formará una nebulosa alrededor de todo el planeta que lo sumirá en una época de glaciaciones y total oscuridad. Quedarán mudos y ciegos pues naturalmente todos sus arcaicos satélites también desaparecerán. Sufrirán una edad de hielo mucho peor que la que extinguió a nuestros antepasados; será poético, justicia Divina… Y si no acaban extinguiéndose solos, les echaremos una mano… ¿Qué te parece mi plan?

-¿Brillante…? -contestó temeroso.

-No lo dudes ni por un instante. Y ahora…

Kurhon agarró por el cuello al pobre oficial y lo sujetó con fuerza. Nada le proporcionaría ahora más placer que matar con sus propias manos a aquel infeliz; apretó. En el Puente de Guerra todos vieron aquella escena pero, unos por miedo y otros por respeto a su superior, ninguno se atrevió a intervenir. Poco a poco fue aflojando la presión en el cuello…

-Te dije que era una broma -y le soltó-. Vuelve a tus funciones. Pronto obtendré una satisfacción mayor que la de tu muerte.

Se acercó al catalizador del NB-18 e introdujo varios códigos de seguridad, después metió otra serie para la activación y éste empezó a retumbar de forma suave; sólo faltaba un último código para que el NB-18 entrase en acción.

-¡Esta es nuestra venganza! -gritó en medio del puente- Ocurra lo que ocurra en las próximas horas, el poder del Nébula nos asegura un triunfo total… Adiós ilidianos, adiós borlastritas. Y vosotros tripulación de la Fhikurd Ghamn disfrutad de esta batalla, pues seréis testigos de excepción de una nueva época de dominio dragyano y de la inevitable caída de esa aborrecible raza que se hacen llamar… humanos.

- Continuará -

 
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