Con este pequeño capítulo me
gustaría comenzar una serie dedicada
no a enseñar a escribir (cosa que difícilmente
puedo hacer si no he aprendido) pero sí
a encontrar ideas, motivaciones, incentivos
en definitiva para o bien abordar un relato
o bien perfilarlo como uno desea. Estos rollos
que voy a contar, claro, son como las instrucciones
de un lego, uno las puede seguir al pie de
la letra y obtiene algún resultado
o bien se sale un poco de la línea
central de argumentación y en vez de
construir un coche de carreras igual hace
una réplica en miniatura del puente
de Londres. Así que, una vez dicho
esto, allá vamos.
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En este miniensayo
me voy a centrar en algo que tiene mucha importancia
en las películas pero no en los libros:
la música. Por lo menos, es evidente
su influencia directa en el desarrollo de la
película y en su puesta en escena. Y
si en la ciencia ficción es algo importante
(porque, reconozcámoslo, Blade Runner
sin Vangelis sería medio Blade Runner),
en la fantasía es directamente imprescindible,
o a ver quién se cree a Aragorn, Gimli
y Legolas corriendo por Australia-Tierra Media,
como si estuvieran enfrascados en una maratón,
sin orquesta de viento de acompañamiento.
Ahora bien, la música
también puede jugar un importante papel
literario. Por algún extraño motivo
que desconozco, tal vez afinidad artística,
un montón de escritores son aficionados
a la música. Más aún, muchos
de ellos, antes de ser escritores, fueron o
querían ser músicos. Supongo que
parte del misterio consiste en que son personas
con una cierta sensibilidad emotiva que encuentran
en las canciones sensaciones que pasan desapercibidas
para aquellos que creen que la música
es sólo ruido de fondo, sonido de bar
o de ascensor. También supongo que juega
un gran papel la tendencia del escritor a convertirlo
todo en literatura, como se decía en
el último -y primer- artículo
de la Guía del Autoescritor; por lo menos
a mí me ocurre que llegado un punto,
al final más que discos todo lo que escucho
me parece banda sonora de una idea
nonata.
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Pero, y aquí
viene lo que me desbarata la hipótesis,
al revés no suele pasar. Por poner
un ejemplo, el músico Arjen Lucassen,
Ayreon, apenas ha leído libros
en su vida. ¿Y esto por qué?
¿Por qué no comparten la
pasión inversa? Hombre, hay casos
para todo, Dave Grohl, cantante de los
Foo Fighters, es un gran fan de la ciencia
ficción, no hay más que
ver las portadas y temáticas de
sus discos o el propio nombre del grupo;
Brian May, guitarrista de Queen, es otro
caso similar -con preciosas canciones
como ’39, que posee reminiscencias
de viajes en el tiempo-, pero en general
no es así. Tras mucho darle vueltas
al asunto llegué a la conclusión
personal de que en el fondo eso sucede
porque un escritor con un relato o un
libro es como un director de cine con
su próximo estreno. No debe descuidar
ningún aspecto, y la música
es uno de ellos.
Así que, vale,
la música es importante. En estos
momentos alguien se estará preguntando,
a ver, Miguel Ángel, los libros
no se oyen, se leen. Eeh… sí
y no. Hay una música escondida
dentro de todos los libros y relatos,
que puede estar más o menos implícitamente
sugerida. Y en nuestro caso concreto,
no me refiero sólo a melodías
de sintetizador para la ciencia ficción
y fanfarria sumada a coros de soprano
para la fantasía. En primer lugar,
ya que defendemos estos dos géneros
no como algo más que una escisión
literaria sino como unos géneros
de géneros hagamos lo propio con
su ambientación. ¿Cuántos
estilos tenemos en la ciencia ficción?
Toneladas. Más que nada por ilustrar,
hagamos un par de divisiones muy burdas.
Tenemos el pesimismo y el optimismo, ¿no?
Imaginemos un grupo tremendamente pesimista,
como Nirvana. Ahora imaginemos un escritor
optimista, como Isaac Asimov. ¿Alguien
se imagina Fundación con el fondo
de Smells Like Teen Spirit? Bueno,
a lo mejor alguien sí, no vamos
a coartar ahora la subjetividad de nadie,
pero no es lo habitual. |
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Ahora pensemos en otro grupo más victoriano,
con un claro sentido melódico, no nihilista
como Nirvana, algo como Alan Parsons Project.
¿Alguien se imagina Fundación
con Alan Parsons de fondo? Pues igual no,
pero ¿alguien se imagina Yo, Robot
con Alan Parsons de fondo? Ahora me dirán,
claro, has hecho trampas, porque ya existe
un disco de Alan Parsons Project llamado I,
Robot que está inspirado en ese
libro. Sí, pero queda más o
menos bien, ¿o no? Digamos que ese
grupo fue una buena elección para ese
libro. Otro ejemplo: asociemos escritores
de ciencia ficción con músicos.
Si yo digo Arthur C. Clarke, muchos de ustedes
pensarán en… ¡exacto!,
Mike Oldfield (si no pensaron en ese, por
favor mientan). Si yo digo Stanislaw Lem,
pensarán en… supongo que habrá
opiniones divididas. Si les vino a la cabeza,
por ejemplo, Diarios de las Estrellas, pensarán
en música más simpática
y alegre, tal vez incluso muchos pensaron
en la sintonía de apertura de la serie
Futurama, claramente inspirada por ese libro.
Pero si les vino a la cabeza Solaris, y sobre
todo si han visto la película moderna,
pensarán en música suave, ambiental.
Es un buen ejercicio hacer esta asociación
musico-literaria, para que se den cuenta de
que la música y la literatura, sobre
todo la literatura de la ciencia ficción,
tienen muchísimo en común, con
independencia de estilos musicales.
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| Pero los ejemplos
que he puesto son todos a posteriori. Es decir,
el libro ya estaba escrito. Ahora pensemos al
revés. Tenemos una idea, pero no sabemos
qué tono va a tener. Un método
para encontrarlo es elegir en nuestra cabeza
una especie de banda sonora. Si se trata de
un relato, con una canción suele bastar,
una que condense la idea principal, y así
nos aclara las ideas a nosotros. En el caso
de un libro, un disco entero puede hacer dicha
función, aunque ahora es más útil
de cara a una posible división en escenas:
por ejemplo, las canciones rápidas sugieren
acción, las tristes sugieren momentos
reveladores, y las posibilidades son infinitas.
O a lo mejor no les sugiere eso, pero lo importante
es que les sugiera algo. La simbiosis de lo
escrito con lo escuchado otorga seriedad a lo
que hacemos, e inconscientemente imprimimos
emotividad en cada parte de lo que estamos haciendo.
A todo esto, cuando digo emotividad
no sólo me refiero a una canción
de amor u otra que refleje un final feliz. La
amargura, la oscuridad, son bien recibidas en
este terreno. Personalmente me decanto más
por estas últimas, aunque es posible
que la mejor opción sea ni lo uno ni
lo otro, canciones que no puedan considerarse
pesimistas pero tampoco optimistas, adecuadas
a finales que dan respuestas pero también
dan preguntas.
Siguiendo con nuestra creación
musical, está la opción de que
la canción tenga un papel explícito
en el relato o libro, pero eso no es imprescindible.
Existen ciertos subgéneros de la ciencia
ficción, como el cyberpunk, y de la fantasía,
como la fantasía épica, que son
más proclives a eso, de la mano de locales
nocturnos y bardos, respectivamente, aunque
no son las únicas posibilidades. Ejemplos
de esto puede ser, cómo no, El Señor
de los Anillos de Tolkien, y tirando para casa,
el reciente cuento de Eduardo J. Carletti titulado
Pintada, como las Alas de las Mariposas, con
clarísimas referencias a Freddie Mercury.
El inconveniente que tiene esto es que no dice
mucho a aquel que no conozca de manera directa
las canciones, y ya en el caso de Tolkien, que
las inventaba, menos aún; más
de una persona me ha comentado que cuando se
encontraba con una de ellas pasaba a la página
siguiente.
La música puede, también,
ser sugerida de manera tangencial. Asimov lo
hace en gran parte de su obra, como en Fundación
e Imperio, donde uno de los personajes domina
un extraño y futurista instrumento musical,
y también en Fundación y Tierra,
donde se mencionan antiguos instrumentos musicales,
muy similares a los de hoy en día. En
este caso, sin embargo, la música no
es más que un toque de trasfondo a un
mundo ya de por sí someramente descrito
por el autor.
Eso sí, la música
no tiene por qué robar protagonismo al
resto del libro. Recuerden que la música
siempre está presente, o debería
(rara es la película que no posee banda
sonora), pero no tiene por qué ser un
tema central del mismo. Salvo en estos casos
mencionados, y otros que me habré ido
dejando en el tintero, funciona de manera similar
a la documentación; aunque el lector
no la aprecie, para nosotros es parte del proceso
previo de creación. Nos ayuda a pulir
lo que queremos decir, a decirlo en menos palabras
y con más precisión, y también,
en el caso de los relatos, a no desviarnos del
hilo central de la historia. El paralelismo
entre relato y canción es muy fuerte.
Una canción no debe poseer más
armonías de las necesarias, o de lo contrario
el que lo escucha se perderá intentando
buscar una estructura madre, lo mismo que ocurre
con un relato.
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Otro asunto es qué
nos inspira de la canción. Para
empezar, muchas veces las canciones están
en idiomas que no entendemos. ¿Qué
hacemos, carpetazo y a otro disco? Pues
no. Aunque la letra no tenga nada que
ver con nuestra idea, la música
en sí puede ser inspiradora para
ella. Más aún, aunque conociéramos
perfectamente la letra y supiéramos
que no tiene nada que ver con la idea,
eso no invalida nuestra elección.
Incluso la ausencia de letra es admisible,
o si no, estamos cerrando el paso a buena
parte del repertorio de Mike Oldfield,
Jean Michel Jarre, Enya y otros gurús
de la New Age.
Hay gente que de hecho
piensa al revés, que en el momento
en que hay letra ya les cuesta ver otra
cosa en la canción. Puede ser cierto,
pero hay veces que la letra puede ser
tan inspiradora como la canción
en sí, por supuesto sin recurrir
a una repetición de palabras o
ideas. Como muestra un botón. Quien
se aburra se lo puede tomar como un ejercicio.
A ver qué les sugiere estos extractos
de la letra de la siguiente canción,
Children of the Moon de Alan
Parsons Project: |
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Too late
to save us but try to understand
The seas were empty there
was hunger in the land
(Demasiado tarde para salvarnos,
pero trata de entender
Los océanos estaban
vacíos, había hambre en la tierra)
We're Lost in the middle
of a hopeless world
(Estamos Perdidos en mitad de
un mundo sin esperanza)
Follow the pilgrim to the
Temple of the dawn
The altar's empty and the
sacrifice is gone
We let the Madmen write
the golden rules
We were no more than mortal
fools
(Sigue al peregrino al Templo
del amanecer
El altar está vacío
y el sacrificio se fue
Dejamos al Hombre Demente escribir
las reglas doradas
No éramos más
que locos mortales)
Dependiendo del estilo literario
de cada uno, encontrarán distintas ideas
en estas frases, aunque quien esté muy
interesado sugiero que consiga la letra completa.
Un hecho curioso es que algunas palabras están
en mayúsculas, otorgándolas mayor
énfasis. Poniendo vagos ejemplos (no
quiero coartar las ideas de nadie), el segundo
bloque de la letra, el que alude a estar perdidos
en un mundo sin esperanza, puede interpretarse
como un incentivo para distopías; sin
embargo, el primero alude a hechos más
sorprendentes, como la desaparición de
los océanos, que puede o no ser interpretado
en sentido literal, con independencia de que
el grupo de verdad quisiera decir eso, pues
ahora nos importa la canción por cómo
puede disparar nuestra imaginación. El
último bloque parece cortado a medida
para una temática de fantasía,
pero de nuevo, las posibilidades son enormes.
Todos ellos podrían, con ciertas tergiversaciones,
ser perfectamente aplicados a Dune, de Frank
Herbert, sin ir más lejos.
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Esto no quiere decir que tengamos que irnos
a enrevesadas letras para encontrar algo de
lo que hablar. Con mis disculpas por poner
un ejemplo personal, hace tiempo publicaron
en Alfa
Eridiani un relato mío llamado
1616, en el que se hablaba de una arquitecta
a la que un millonario contrataba para construir
la torre más alta del mundo sólo
para después destruirla como una muestra
de su poder. La canción Fortress
Around your Heart de Sting me ayudó
mucho a darle un tono de metáfora al
relato, pues dicha canción habla de
un hombre que crea barreras para que la persona
amada no se acerque, barreras que son asemejadas
a las partes de una fortaleza. En mi relato
no salía una fortaleza, ni había
apenas sugerencia de una historia de amor,
pero aun así no hubiera sido el mismo
relato si no hubiera conocido dicha canción.
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El tema de
la elección musical a veces es una sencilla
cuestión subjetiva. Si uno se siente
triste, es posible que trate de escribir cosas
tristes y por consiguiente su vida musical en
esos días estará empapada de música
melancólica o perversa, por lo que dicha
influencia acabará cayendo en el relato
de un modo ú otro. O bien puede desear
combatir dicho estado, con lo que caerá
en el contrario. Más aún, tal
vez simplemente escoge dicha canción
porque está muy presente para él
en ese momento de su vida. La música
nos recuerda épocas de nuestras vidas,
así que si ya las sumamos a relatos o
libros, dicha sensación se intensifica.
Y por supuesto, las posibilidades
son ilimitadas. Un programa de radio en España
llamado Cuento Contigo narraba cuentos de los
oyentes e introducía música, tanto
de fondo como en pausas. En una ocasión
pusieron un relato mío para el que yo
había pensado en Elton John como música.
Sorprendentemente, ellos también pensaron
en dicho autor. En dicho programa también
gustaban de emplear la música clásica,
especialmente la bellísima obra del compositor
Eric Satie. Así que, como pueden ver,
hay vida después de Carmina Burana,
una cantata que, desde que fue empleada en la
película Excalibur, ha sido repetida
hasta la saciedad.
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Y si no,
ahí tienen un mundo entero de Heavy
Metal a su disposición para sus
batallas épicas… o espaciales.
O de otro tipo. De otro tipo, sí.
Como el impresionante disco The Human
Equation de Ayreon (el tipo del principio
que no había leído apenas,
ese), una obra conceptual que narra la
historia de un hombre que sufre un accidente
de coche y lucha en el interior de su
mente por salir del coma en lo que, desde
fuera, su mujer y su mejor amigo tratan
de ayudarle, llegando a confesarle sus
peores pecados. En dicho disco hay once
cantantes, haciendo papeles tan diversos
como la Esposa, la Razón, el Amor,
el Orgullo, la Rabia y el propio protagonista,
conocido como Yo (Me), y cada
una de las veinte canciones corresponde
con un día en coma. Como éste
disco hay muchos otros muy interesantes
que mezclan las fronteras de la literatura
fantástica y de ciencia ficción
y lo musical sin ser una mera adaptación
de algo ya escrito. Ayreon, Spock’s
Beard y Pink Floyd son sólo unos
pocos ejemplos. Y existen variantes más
extrañas de la idea. |
Muchos escritores de ciencia
ficción y fantasía, sobre todo
si son jóvenes, son aficionados a los
videojuegos. Y los videojuegos tienen música…
y por fin, gracias a las nuevas tecnologías,
no es una sucesión de pitidos chirriantes
capaces de desquiciar al más paciente.
Si no, como ejemplo, las sintonías principales
de juegos como Chrono Trigger, sintonía
que no es muy difícil encontrar y que
ha sido incluso interpretada en directo por
una orquesta, o la música de fondo de
Max Payne, digna de los mejores clásicos
de la novela negra (con unos ciertos toques
de la inefable Matrix).
De modo que ya saben, a poner
el oído. Sea la música que escuchen
suave o agresiva, sea bella o torturadora, siempre
pueden sacar algo beneficioso de ella, ya sea
para inspirarse o bien para encontrar el estilo
narrativo. Espero que les de buenos resultados
o que, al menos como me pasa a mí, les
haga pasar un rato estupendo. |
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