| Si bien
en el último artículo hablaba
de cómo sacarle partido a la soledad
para inspirarse, en éste me centraré
más en la construcción de
una clase de relatos de ciencia ficción
y fantasía muy concreta, aquellos
que se caracterizan por su escasa extensión.
Más breves aún que un relato,
que ya en su nombre lleva implícita
tal cualidad, mínimos, esquemáticos
incluso. Concretamente, me centraré
en lo que llamaré relatos ultracortos
-de una a veinte palabras más o
menos- y en menor medida en los relatos
cortos -de veinte palabras a una cara
más o menos-. Estos relatos juegan
un papel muy importante en la carrera
de todo escritor. Lo primero, porque la
mayor parte de ellos han escrito alguno
alguna vez en su vida y me atrevería
a decir que un alto porcentaje de gente,
escritora o no, lo ha hecho igualmente.
Y segundo, porque son una magnífica
carta de presentación. Mira, éste
soy yo, esto es lo que hago, no, es corto,
léelo, a ver si te gusta. La gente,
empezando por mí, es vaga. Cuanto
más mascado mejor, y hombre, si
me dan dos relatos para leer, uno de diez
páginas y otro de diez líneas,
pues leeré ambos, sí, pero
el de diez líneas antes.
Bueno, metiéndonos
en el ajo, empezaré con los ultracortos.
Para empezar, ¿género? ¿Estilo?
¿Se puede decir que tiene género
algo de veinte palabras (como mucho)?
Pues sí. Tiene tanto derecho como
cualquier otro relato. Es verdad que muchos
ultracortos caen a veces en la idea de
contar una simple anécdota o un
hecho neblinoso, pero eso no quita para
que no puedan expresar una idea con total
claridad, una idea que pueda ser incluso
clasificable, por muy odioso que eso pueda
resultar. Al lector no se le dan sobras
ni migajas, y con un ultracorto menos.
Un ultracorto tiene toda la atención
del lector. Por poder, puede hasta pararse
a analizarlo palabra por palabra, y encima
sin perder mucho tiempo. Así que,
lo primero de todo, es que el tema de
un ultracorto puede ser tan o más
interesante que el de cualquier otro relato.
No por ser un canijo va a tener menos
derechos que nuestros otros vástagos,
¿no? Claro, tampoco digo que le
dediquen un mes a cada ultracorto, todo
en su justa medida, pero sí que
se lo tomen en serio, mucho.
La ciencia ficción,
por otro lado, y la fantasía, aunque
quizá en menor medida, son géneros
perfectos para la creación de ultracortos,
ya que están cargados de reflexiones
filosóficas. Se puede especular
incluso en dos líneas, y de manera
brillante además.
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Eso sí, lo que
no conviene es resultar demasiado
innovador. Me explicaré. Cuando
uno escribe un ultracorto es muy importante
lo que no se dice, importantísimo
de hecho, porque el lector va a añadirlo
enseguida. Si uno escribe un ultracorto
de ciencia ficción el lector
va a tratar de buscar, sin ir más
lejos, un lugar -el espacio, la Tierra,
un planeta desconocido- y una época
-el presente, el futuro cercano, el
futuro lejano-. De modo que se pueden
usar conceptos clásicos del
género. Incluso tópicos,
si quieren. ¿Cómo cuáles?
Más de uno me va a dar una
colleja por lo siguiente, pero allá
vamos: alienígenas, robots,
viajes en el tiempo, destrucción
del mundo, batalla entre paladín
y mago, vida después de la
muerte, dragones… pues eso,
los tópicos. Eso sí,
por favor, con estilo propio. Todo
el mundo puede hablar de robots, pero
cada uno lo hacemos de una manera
distinta. Y en dos frases se puede
distinguir eso. Por ejemplo, cuando
hago ultracortos en los que aparecen
alienígenas, me obsesiono con
la idea de la incomprensión
entre ellos y los seres humanos. Unos
ejemplos son: |
Evidencia
El hombre se resignó
a la diferencia biológica y cultural
cuando los alienígenas despreciaron
a Mozart por el centrifugado de una lavadora.
Triste realidad
No pudimos ocultar nuestra
decepción cuando el visitante de
las estrellas fue incapaz de resolver
el cubo de Rubik.
Recursos energéticos
Solicitaron combustible
para su nave. Enviamos soldados cargados
con bidones. Devolvieron una montaña
de huesos y los bidones intactos.
La idea es la misma en
todos, pero hay una historia distinta
en cada uno de ellos. Por cierto, me disculpo
como siempre por usarme de ejemplo. Pues
eso, que cada uno tenemos una manera de
escribir relatos ultracortos, así
que a explotarla.
El tema de los ultracortos,
a ser posible, debería ser sencillo.
Fácil de entender, los ultracortos
son poco dados a mezclas. Dragones más
naves espaciales, mejor no. Bueno, igual
alguien me lleva la contraria y ahora
revoluciona el género, pero la
idea es ser claros, no confundir. Ser
barroco no está prohibido, pero
es un camino tortuoso, porque veinte palabras,
si apenas dan ya para un par de frases,
pues no digamos para un par de frases
que tienen que dar pistas y ocultar las
claves de la comprensión del relato.
Un tema clásico
de ciencia ficción adecuado para
los ultracortos, por ejemplo, es el de
las utopías y distopías.
Hay espacio de sobra para describir no
una sociedad al completo, pero sí
un aspecto significativo de ella, e incluso
extraer una consecuencia. De todos modos
todos los temas clásicos son admitidos,
y la imaginación no tiene límites,
no me voy a poner ahora a coartar a nadie.
Ucronías, ciberpunk, fantasía
heroica, todo eso es posible en sólo
veinte palabras.
Por cierto, insisto mucho
en el rollo de las veinte palabras para
dejar claro que no se deben tomar como
un lastre. Al contrario, señor@s,
son sus mejores amigas. Gracias a ese
límite van a ir al grano sin desviarse
ni un segundo. Volviendo al artículo
segundo de La Guía…, en el
que se hablaba de música, si un
libro es como un disco y un relato es
como una canción, un ultracorto
es como un riff de guitarra, tiene que
atrapar a la primera, y con eso no digo
que se entienda a la primera, sino que
enganche. Que nos haga leerlo de nuevo,
a lo mejor para desentrañarlo al
completo, a lo mejor para disfrutarlo
otra vez.
Tras esa breve autointerrupción,
siguiendo con lo relativo a los temas,
los clichés de la cultura pop son
también bienvenidos. Resultan ser
un gran aliado, además, porque
cuentan con que el lector ya tendrá
un montón de ideas pregrabadas.
Por ejemplo, se puede hacer un ultracorto
con Superman como protagonista, sin ir
más lejos. Eso sí, el asunto
legal lo consultan ustedes, aunque, todo
hay que decirlo, esa es otra de la ventaja
de los ultracortos, que no creo que DC
Comics vaya a denunciarles por usar su
nombre para veinte palabras (por si acaso
procuren no tener demasiado éxito
y solucionado).
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De acuerdo, lo de los temas
está zanjado, hay un montón
de ellos. Ahora, a veces pasa que uno se queda
atorado con un ultracorto precisamente porque
tiene demasiado donde elegir, demasiado que
contar. Utilizar las ideas que uno apunta
para los relatos a lo mejor no es buena cosa,
más que nada porque a veces sólo
la idea ya ocupa más de veinte palabras,
y además quizás ya está
bastante rumiada en sus cabezas. Partiremos
de la idea de que uno improvisa los ultracortos,
entonces. Que así como se le ocurre,
así lo escribe. De momento lo de que
tengan veinte palabras o menos, nos olvidamos.
Eso lo arreglamos después, no hay que
cortarle las alas a la inspiración.
Esto es como escribir un relato, ¿no?
¿Y qué hace uno con los relatos?
Se le ocurre, lo escribe y luego lo revisa.
Pues con los ultracortos, igual. Puede parecer
una perogrullada, y lo es, pero como es una
perogrullada importante, la suelto.
Hay varios métodos
que a mí me han servido a lo hora de
inspirarme para escribir ultracortos. Seguro
que hay muchos, de todos modos yo cuento éstos.
Si a alguien se le ocurre algún otro
estaría bien que lo comentara, sería
muy interesante conocer algunos más.
En fin.
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| 1) Método
vago. O más conocido como ‘escribo
acerca de lo que tengo delante de las narices’.
Está uno sentado en su escritorio, ordenador
o lo que sea y de repente decide que va a escribir
un ultracorto. Mira a su alrededor desesperado,
hasta que su mirada se posa en el teléfono.
O en una calculadora. O en el Sol (mejor que
no se pose demasiado tiempo en éste último).
Se ponen a hacer girar los engranajes un rato
y, acto seguido, escriben el relato. Parece
una tontería de método, y en efecto
lo es, pero a mí me ha funcionado. El
primer y segundo relatos de los de arriba están
escritos con el método vago (por si alguno
se lo preguntaba, sí que tengo un cubo
de Rubik en el escritorio, pero la lavadora
no está ni cerca). Es el método
ideal a altas horas de la madrugada, si están
en uno de esos días que no son capaces
de conciliar el sueño.
2) Método lista.
Más conocido como ‘escribo acerca
de lo que otros me ponen delante de las narices’.
En éste la cosa es solicitar a alguien
que elabore una lista de objetos, a ser posible
con carácter temático, por ejemplo,
una lista de objetos que estén en la
habitación de un amigo. Cogen esa lista
y, sin mirarla, se la guardan a la espera del
día que les apetezca escribir ultracortos.
Ese día la abren, la leen y hacen un
ultracorto por cada uno de los objetos de la
lista. La ventaja de este método es que
es fácil que los relatos acaben formando
una especie de antología (pero, por favor,
no confundir una serie de ultracortos con un
relato corto troceado, eso no vale, es trampa).
Lo malo, que ya no tienen el modelo de inspiración
delante, sino en su cabeza, así que tienen
que imaginárselo y es más sencillo
caer en la repetición. Cuanto más
raros sean los objetos y más mala uva
tenga su cómplice mejor para su creatividad.
Eso sí, es probable que acaben odiándole
a muerte porque se hayan pasado un buen rato
estrujándose los sesos para escribir
un ultracorto basado en… una máquina
de coser, por ejemplo. Por supuesto, no es necesario
que el objeto salga de manera explícita.
Además, así pueden elaborar una
pequeña venganza, y le devuelven a su
cómplice la serie de ultracortos y le
retan a que relacione cada ultracorto con cada
objeto. No se va a romper la cabeza tanto como
ustedes, pero menos da una piedra, y así
además se echan unas risas.
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3) Método
auditivo. Mi favorito. Cogen
un disco, no tiene por qué ser
su disco favorito ni nada por el estilo,
aunque suele ser lo más habitual,
se lo ponen, y por cada canción
que escuchen deben escribir un ultracorto.
La idea es escribir cada relato mientras
se escucha la canción correspondiente,
claro. Ventaja uno (que hace que clasifique
este método como ‘método
vago tres’): tienen solucionado
si quieren el tedioso asunto de los títulos.
Ventaja dos: ya tienen un público
asegurado, los fans de ese disco, cantante
o grupo. Los relatos escritos con este
método suelen ser muy hondos y
viscerales, vienen casi de lo contrario
que los de los anteriores métodos,
del interior. Pueden incluso cerrar los
ojos mientras escuchan cada canción.La
desventaja: es muy difícil restringirse
a un género, no imposible, pero
ya no se puede garantizar que todo lo
que suene sea claramente un ultracorto
de ciencia ficción o fantasía,
porque esto ya va más de lo que
a uno se le pase por la cabeza de manera
inconsciente. El estilo común,
por otro lado, puede ser muy fuerte. En
mi caso probé este estilo en el
magnífico disco de Depeche Mode
llamado Playing The Angel: Pain and
Suffering in Various Tempos. A partir
de él escribí una serie
de ultracortos bajo el título común
de Writing The Angel: Pain and Suffering
in Various Lines. Algunos relatos
extraídos son éstos:
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| 4.
The sinner in me
Salió a dar un paseo,
fulminando a todos los transeúntes con
la mirada. Acabó caminando sobre sus
cenizas.
5. Precious
La ciencia se hizo poesía
cuando al fin se inauguró el museo de
burbujas.
6. Macro
Cuando extinguí sobre
mí los cinco sentidos, me fue revelada
la desnuda y suprema verdad que con nadie pude
compartir.
Para un lector, además,
es interesante comprobar qué inspiró
al escritor en cada canción. Sería
muy curioso que varios escritores se pusieran
de acuerdo para escribir una serie de ultracortos
cada uno basada en un mismo disco y comprobar
hasta qué punto son influenciados por
lo que oyen.
4) Método bloc.
Paso uno: comprar bloc. Paso dos: comprar
boli. Paso tres: salir a la calle. Paso cuatro:
escribir. No sé qué tendrá
la calle que, por lo menos a mí, me inspira
una barbaridad. Hace años estudié
en arquitectura y me obligaron a comprar un
muguruza, un cuaderno con tapa dura que debería
ser considerado por la policía como potencial
arma homicida, y que debía llevar a todos
lados. No dibujaba más que cuando estaba
fuera de casa, recuerdo estar dibujando incluso
en la cola del pan. Con lo de escribir pasa
parecido. Sin desviarme mucho, que lo de usar
el bloc en la calle da para un artículo
entero, es una buena idea llevarse uno para
pergeñar ultracortos en esos momentos
de aburrimiento. Es como llevarse la cámara,
uno va a la caza y captura de la idea, y puede
estar en lo que sucede (lamentaré toda
la vida no llevar bloc y cámara de fotos
el día del eclipse total de Sol del año
2005) o en lo que está pensando, en esas
cosas que tiene el cerebro de que se pone a
pensar, y un razonamiento lleva a otro, y a
otro, y todo de manera casi inconsciente para
nosotros. Ventajas: se puede mezclar con los
otros métodos (menos con el método
vago, claro, eso implicaría andar). Desventajas:
se puede hacer muy pesado como nos dé
por repetir rutas. Es el método ideal
cuando uno se va de viaje.
Por otro lado tenemos el asunto
de cómo escribir ultracortos. Conviene
tener soltura a la hora de expresarse para omitir
el mayor número posible de palabras inútiles.
Si se pone más de una frase, hacerlas
subordinadas no hace sino aumentar el número
de palabras. Decir lo que dicen dos en una sola…
en fin, todas esas cosillas. Es muy importante
también recordar a quién nos dirigimos.
Tratándose de la ciencia ficción
y la fantasía, es buena cosa aprovecharse
de esa especie de complicidad ya clásica
entre autor y lector con oportunas omisiones.
Si en el relato mencionamos ‘la nave’,
por ejemplo, raro será el lector que
piense en un barco. Ese es un problema que,
sin embargo, sí que tienen escritores
que tocan de manera tangencial alguno de los
dos géneros. A lo que entramos en estrategias
para escribir ultracortos. Como antes, algunas
me han servido, aunque en este caso no he llegado
a usar todas, pero sí he visto a mucha
gente manejarlas con éxito.
1) Estrategia trampa.
Lo que se omite no es ni mucho menos evidente,
el narrador tergiversa, las cosas no son lo
que parecen. Es algo así como narrar
una versión miniaturizada del Sexto Sentido,
si se me permite la comparación. Puede
resultar interesante pero, si no se anda uno
con cuidado o no se expresa bien, el relato
puede no entenderse o puede quedar relegado
a un simple chiste gracioso, que es en lo que
muchos relatos ultracortos se acaban convirtiendo.
2) Estrategia humo.
Vamos, que sugerimos pero no enseñamos.
Algunos libros de éstos de cómo
escribir dicen que es la clave de los relatos
ultracortos. A mí personalmente me parece
una manera más de hacerlos. El relato
puede resultar muy sugerente, aunque aquí
se abandona en parte el objetivo de transmitir
una idea, el asunto es dejar que el lector concluya
lo que le parezca, que puede no tener nada que
ver con lo que el autor pensó, cualidad
por otro lado que rara vez se da en un relato
de mayor longitud.
3) Estrategia de las
dos frases. La que más uso.
Ésta nunca usa diálogos y se basa
en dos frases. La primera expone la situación
y la segunda la conclusión. A mí
me gusta bastante porque ayuda mucho a la especulación,
pues es posible plantear una situación
y una consecuencia de ella, por lo que se puede
hacer ciencia ficción sin muchos problemas.
Ya sea primera o tercera persona suele ser objetivo
y expositivo, pasó como pasó,
nada de engañar. Pueden ser más
de dos frases, claro, pero la extensión
no da para mucho más, la verdad.
4) Estrategia diálogos.
Casi lo contrario de lo anterior. Aquí
la información es subjetiva desde el
primer momento, pues para empezar podemos hasta
ni saber quién o quiénes están
hablando. De sus palabras tenemos que deducir
lo que ha pasado, y en general suelen tratarse
de dos interlocutores, uno que explica y otro
que escucha. Suele, también, hablar de
algo que ya sucedió, lo que, si uno no
tiene cuidado, puede acabar convirtiendo al
relato en una mera anécdota. La omisión
aquí es crucial.
En cuanto a los relatos cortos,
su límite máximo (hasta una cara)
permite hacer muchas más florituras,
más que en un ultracorto, haciendo que
estén más emparentados con los
relatos. No obstante deben cumplir también
ideas comunes, como la importancia de lo que
cuentan. El estilo se puede desarrollar más,
y en cuanto a la estructura he observado que,
al menos en los más breves, sin llegar
al nivel de los ultracortos, claro, se suele
cumplir la regla periodística de
quién, cómo, cuándo, dónde,
por qué y para qué.
Un relato que sigue esa regla de manera ejemplar
es El Cuento Final de Todos los Cuentos,
de Philip K. Dick. Un rocambolesco relato que
resulta también admirable por cómo,
en apenas ocho líneas, es capaz de condensar
todo el estilo enfermizo (en el buen sentido
de la palabra) del autor, dando la información
de una manera gradual pero lenta, sin que ni
una sola frase esté de más, y
cada una más brutal que la anterior.
También me resultan ejemplares los relatos
cortos de Diego Escarión en la revista
Axxón #146, en especial El Hombre
Invisible. Y hablando de Axxón,
sus ficciones breves, que empezaron en dicho
número, son una gran propuesta para leer
y disfrutar de algunos de éstos relatos
(http://axxon.com.ar/axxon.htm).
Es también muy recomendable la lectura
de Efímero, una revista electrónica
dedicada en exclusiva a dicha clase de relatos
(http://www.edicionesefimeras.com/).
En esta misma página se encuentra Canope,
una magnífica antología de relatos
cortos por Santiago Eximeno y Francisco Ruiz.
Y antes de despedirme, una
última observación. Elijan bien
los títulos de los relatos cortos y ultracortos.
Los títulos pueden dar mucha información.
Pero eso sí, no abusen como hice yo con
un relato ultracorto que escribí hace
años:
El título nunca debe
ser más largo que la historia
Estoy de acuerdo.
Y ya sí, me despido.
Chao y hasta la próxima.
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