| Tras explorar cómo
la exageración de conceptos puede servir para inspirarnos
en el artículo anterior, en éste he decidido
sumergirme en una idea mucho más concreta pero
de la que he hecho toda una especialidad en mis relatos:
la creación de villanos en la ciencia ficción
y la fantasía.
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Lo primero de todo,
hay que decirlo, el Mal es algo mucho más
atrayente que el Bien desde el punto de vista del
lector. Los malos gozan de un punto de perversión
que los hace sumamente interesantes en muchos sentidos.
Se burlan de lo que es justo, de lo que es correcto,
y gran parte de las veces lo hacen con total conocimiento
de causa e impunidad. Ellos son el motor de la narración
en la mayor parte de las ocasiones, y los que han
infundido una chispa mítica a las historias
que nos han cautivado. ¿Qué sería
de la Guerra de las Galaxias sin Darth Vader? ¿Qué
sería de los Transformers sin Megatron? ¿Qué
sería de Fundación sin el Mulo? Seguirían
siendo obras interesantes, pero les faltaría
ese impulso que nos hace estar enganchados para
presenciar la batalla final entre Luke Skywalker
y Vader con el Emperador de observador, o cómo
Megatron acaba con Optimus Prime delante de todos
sus guerreros, o cómo el Mulo trata de conquistar
la galaxia mientras inutiliza las teorías
de Hari Seldon. |
Bien, después de este arranque
emocionado, me meteré en el meollo del artículo.
Lo primero sería ser un poco más general
y definir lo que es un villano, ya no sólo en la
ciencia ficción y la fantasía, en la ficción
en general. Como bien apuntan en Cómo crear
personajes inolvidables, libro que ya mencioné
en el anterior artículo y que realmente considero
un libro ejemplar para todo el que quiera aprender a escribir
(aunque el libro está orientado a escribir guiones
de cine) una de las características más
importantes que definen a un villano, sea o no memorable,
es la oposición. Oposición al Bien, digamos.
Claro, el Bien es un concepto abstracto, pero en un relato
tiene su simbolismo en los personajes. Allá donde
el héroe trate de hacer prevalecer la paz, el villano
buscará la guerra. Allá donde haya un libertador,
el villano será un tirano. De hecho, el villano
es mucho más que un simple obstáculo para
el héroe. No es sólo una piedra en su camino,
es una piedra que se interpone adrede en él. Por
poner un ejemplo, en la segunda parte de los libros de
Terramar, las Tumbas de Atuán, se puede llegar
a pensar que Tenar es la villana de la historia. No en
vano es una sacerdotisa cruel, despiadada e inmisericorde,
sea o no a su pesar. Pero si ella se cruza en el camino
de Gavilán, es sólo porque ambos tienen
objetivos confrontados. Son antagonistas, pero no enemigos.
Gavilán no desea ir a por ella, ni ella desea ir
a por Gavilán, no al menos mientras no se estorben
el uno al otro. Un villano, sin embargo, irá a
por el héroe, y lo contrario sucederá también,
por el mero hecho de que el otro representa lo contrario
de sus ideales y filosofía de vida.
Un fantástico ejemplo de esto
son los enemigos de Batman. Donde Batman representa el
orden, la justicia y la venganza, sus enemigos, como el
Joker o Pingüino, representan el caos, la burla del
sistema, el completo egoísmo. Allí donde
Batman es austero y de pocas palabras pero noble, sus
enemigos son histriónicos, sin respeto por nada
ni nadie y muy dados a hacer chistes macabros. Incluso
en términos estéticos, si bien Batman está
definido casi en exclusiva por el negro, sus enemigos
son un estallido de colores chillones y de mal gusto.
El caso es que, y siempre según este libro,
se puede decir que hay dos tipos de villanos a
grandes rasgos: el villano definido por reacción
y el villano por acción.
El primer caso es, en pocas palabras, el villano
como víctima. Es aquel personaje que se
cree que por haber tenido malas experiencias tiene
derecho a hacer lo que le dé la gana, como
si el mero hecho de haber sufrido lo indecible
le exime de toda responsabilidad moral. Se victimiza
constantemente y considera que los demás
nunca podrán comprenderle, que de hecho
serían como él en su situación.
En cierto modo actúa por venganza, una
venganza que establece contra todos los que le
rodean.
El segundo caso es aquel que cree que, al contrario,
debe actuar porque se lo debe a sí mismo.
Que los demás no poseen su ímpetu
y que por eso no son más que una molestia
que le impide ser él mismo. Se compadece
de otros y los ve como débiles y perdidos.
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En ambos casos, y en casi todos los
villanos, hay patrones comunes. Siendo filosóficos,
se puede decir que nadie es malo a los ojos de uno mismo,
y en verdad no tenemos auténtica conciencia del
Mal cuando lo estamos ejerciendo. En ese sentido el villano
ha orquestado una eficiente telaraña de mentiras
destinadas no tanto para los demás como para sí
mismo.
Poniendo otro ejemplo de personajes
de cómics, hace muchos años vi en televisión
un capítulo de Spiderman muy interesante de cara
a lo que menciono. En dicho capítulo, el héroe
era transportado a un mundo en el que estaba obligado
a luchar contra sus peores enemigos. Uno a uno los van
presentando. El primero es, según el narrador,
alguien que ha recaído al mal de su propio interior
(El Lagarto, un hombre con desdoblamiento de personalidad
al estilo de Jekyll y Hyde). Otro de ellos es alguien
que cree que todo lo que hace es correcto si con eso está
haciendo avanzar la ciencia (Doctor Octopus, un científico
caído en desgracia debido a un accidente de laboratorio).
Otro de ellos es alguien que piensa que puede atacar a
los demás en compensación al daño
que le han hecho a sus seres queridos (Alistair Smythe,
cuyo padre quedó inválido debido a las manipulaciones
de un mafioso). Y otro de ellos cree que todos los sentimientos
son innecesarios si se posee el poder (Doctor Muerte,
dictador cuya ambición no conoce límites).
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Otra de las características
que define a la mayoría de los villanos es
una que, de hecho, define en términos psicológicos
a los psicópatas: su incapacidad para pensar
en los demás como iguales. Ellos, en mayor
o menor medida, padecen un cierto nivel de narcisismo
que les coloca en una situación de superioridad.
Los demás giran en torno a sus designios,
y para ellos no poseen objetivos en la vida ni derecho
a alcanzarlos, sino que son amenazas a su propia
realización.
Todos estos consejos, por supuesto,
no son en el fondo más que estereotipos.
Un villano de verdad, uno que consideremos interesante
y memorable, es más que una máquina
que sólo siembra a su paso muerte y destrucción
o engaño y dolor. Esa es, de hecho, la gran
baza que hace que los personajes malvados tengan
un gran atractivo por sí mismos: su diversidad.
No hay muchas maneras de hacer
el Bien, pero sí hay muchas de entender el
Mal. Los buenos son personajes muy restringidos.
Se rigen por normas, por leyes, por respeto hacia
los demás. Los malvados pueden o no escoger
algunas de estas cosas en detrimento de otras, incluso
por mera conveniencia. Pueden cumplir la ley a rajatabla
pero tratarse de auténticos monstruos en
las relaciones personales. Pueden tener un cierto
espíritu de nobleza pero dejarse llevar por
actos o causas que desatan sus demonios. Pueden
amar a alguien más que a su vida, a pesar
de desear la destrucción de todo y todos.
Pueden sufrir, y recordar lo que fueron, o lo que
nunca serán. Pueden hasta tener esperanzas
de redención para sí mismos.
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Hay veces, de hecho, en que se pueden
hacer grandes personajes mezclando todas estas cosas con
la suficiente habilidad, como hace Orson Scott Card en
el Juego de Ender. Peter Wiggin, el hermano de Ender,
es un niño que disfruta amputando las patas a las
ardillas y ensartándolas en palos, y sin embargo,
a la hora de dirigir un mundo, es justo con sus conciudadanos.
Peter se comporta como un ser humano completo entendiendo
que posee muchos niveles de interacción con la
sociedad, y en algunos de ellos su conducta es reprobable
al tiempo que en otros es serena y coherente.
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Otro personaje memorable y más reciente es el padre de Claire
Bennet en la serie Héroes, un personaje cuyo
nombre no se conoce hasta el último capítulo
de la primera temporada. Este hombre es capaz de
matar, secuestrar, mentir y manipular a otros por
un único motivo: que su hija esté
a salvo. Le mueve un sentimiento totalmente legítimo
que todos poseemos, el amor por un ser querido,
pero para preservarlo no duda ni un segundo en cruzar
la línea. Es capaz, de hecho, de anteponer
su propia vida si con eso salva la de su hija, como
casi todos los padres, pero también de ayudar
a otros que como él tratan de mantener unida
a su familia. El hecho de que él sea el único
ser humano en un entorno rodeado de criaturas altamente
poderosas, algunas de ellas capaces de acabar con
él de un pestañeo, no hace sino afianzar
lo visceral de sus actos.
De modo que es posible luchar contra
los estereotipos y añadir un toque personal
que otorgue interés y credibilidad a estos
personajes. También es posible abrazar el
estereotipo y crear un personaje tan memorable como
cualquier otro. Liquid Snake, el enemigo del fantástico
videojuego Metal Gear Solid, es un cúmulo
de clichés que incluyen el hecho de que vuelva
una y otra vez para acabar con el protagonista,
pero esa es precisamente la baza que hace de él
un personaje interesante: su obsesión, que
alcanza límites casi inhumanos.
Dicho todo esto, llegó el
momento de ser un poco más concretos y analizar
qué nos ofrece la fantasía y la ciencia
ficción para completar el cuadro. La buena
noticia es que tiene mucho que ofrecer, y que de
hecho amplía las posibilidades aquí
descritas. Para ello analizaremos distintos tipos
de villanos. La clasificación, claro, es
tan subjetiva como cualquier otra, pero al menos
permite distinguir unas clases bastante universales:
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1) El caído.
Uno de los tipos de villano más interesantes es
aquel que no siempre lo fue. El interés de este
personaje, de hecho, es culminante en dos posibles momentos:
en el momento de su descenso y en el momento de su arrepentimiento,
si es que éste último se llega a dar. El
pasado de esta clase de personajes es crucial para entenderles,
así como los motivos que les hicieron elegir el
bando incorrecto.
La ciencia ficción ha cultivado
un género que resulta ser genial para el nacimiento
de esta clase de villanos, y es el de las ucronías.
En una ucronía el que conocemos como un gran héroe
se convierte, de repente, en el baluarte del Mal por excelencia.
Se explora el camino que pudo ser y se crea un personaje
alternativo que puede llegar incluso a eclipsar al propio
héroe en aceptación popular. Curiosamente,
es difícil hacer pasar al que fue un gran villano
por un gran héroe y que resulte creíble,
pero muy fácil hacer que un gran héroe pase
a ser un gran villano. Esa otra de las claves que hacen
a estos personajes muy atractivos, el hecho de que el
Mal parece ser un camino unidireccional en la mayor parte
de los casos, sin retorno ni vuelta atrás. Eso,
unido al hecho de que los caídos son personajes
en constante evolución, los hace ser de los más
recordados. Un ejemplo de caído ya lo he mencionado
antes, y es Darth Vader. En la Guerra de las Galaxias,
Vader es un personaje atrayente y estéticamente
interesante, pero en El Imperio Contraataca, al conocer
su pasado, es cuando alcanza su estatus de gloria definitivo.
No en vano por algo es en general la película favorita
de la trilogía para los fans. Por otro lado este
ejemplo también evidencia cómo una trama
épica beneficia enormemente la aparición
de esta clase de personajes, como lo muestra también
Gollum en el Señor de Los Anillos. Personalmente
creo que los mejores malos que he podido hacer responden
a este estilo, ya que contar la autodestrucción
de un personaje es algo que permite una gran libertad
literaria.
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2) El traidor.
Este puede parecer el mismo tipo de villano que
el anterior, pero no es así. La diferencia
está en cómo se opera el cambio para
ambos. En el caso anterior el cambio viene motivado
por circunstancias externas, a menudo dolorosas.
El caído pertenece, de hecho, al primer tipo
de villano descrito anteriormente, el que se cree
una víctima, y somos testigos del proceso
que lo creó. En el traidor, sin embargo,
el cambio es interno. Las circunstancias pueden
influenciar también, pero no son la gota
que colma el vaso, y además en estos villanos
no asistimos al cambio desde dentro, sino desde
fuera, podemos ver la traición, pero no nos
identificamos con sus actos, al contrario que con
el caído, porque con el caído pensamos
qué nos hubiera pasado de estar en su lugar
y haber pasado lo mismo que él.
Eso no hace que estos personajes
no sean interesantes, ni mucho menos. De nuevo el
hecho de que evolucionen a lo largo del libro hace
que posean grandes matices, además de atraernos
por su repulsión. Queremos verles caer, aunque
muchas veces simpatizamos con ellos.
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Un traidor muy conocido es sin duda Saruman,
también del Señor de Los Anillos, aunque
personalmente mi traidor favorito por ser un personaje
muy bien definido y lleno de complejos matices es el traidor
del grupo de los siete peregrinos de Hyperión,
cuyo nombre no puedo decir. Basta sólo mencionar
que el pasaje en el que se descubre quién es y
por qué es un traidor es uno de los momentos del
libro que más me hizo disfrutar, y que he comentado
muchas veces con otros amigos a los que también
les gustó ese momento.
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3) El individual.
Éste es personalmente mi tipo de malo favorito.
El individual es la máxima expresión
del tipo dos de villano, el que actúa por
acción. Ve a los demás como amenazas
a sí mismo, y por ese motivo todos sus actos
están justificados por un argumento de prevención,
del estilo de si no lo hago yo a ellos, ellos me
lo acabarán haciendo a mí. Creen que
la libertad les permite actuar en consecuencia a
sus actos, y no ven que la libertad no sólo
consiste en que los demás no le coarten a
uno, tampoco uno debe atacar a los demás.
Egoístas en extremo, aislados de todos en
la medida que les convenga, ya sea exiliándose
en una cueva desierta o asumiendo el control de
una región.
Un buen ejemplo es AM, el ordenador
de No Tengo Boca y Debo Chillar, aunque hay muchos
más, como el protagonista de los Reyes de
la Arena, de George R.R. Martin, un maltratador
de mascotas. En cuanto se ve amenazado por su novia,
que le quiere denunciar a la policía por
tortura a animales, no duda en matarla para que
no pueda avisarles, cometiendo un delito mayor.
Drácula es otro personaje que entra en este
marco, y es importante reseñar que aunque
pueda parecer lo contrario, Drácula no es
un villano del tipo caído, porque no hemos
asistido a su degradación moral. Si el libro
nos hubiera mostrado a Drácula antes de renegar
de Dios y hubiera hecho un gran énfasis en
ello entonces así sería. Lo que vemos
es a un monstruo que vive apartado y que decide
desplazarse de sus dominios para conocer nuevos
horizontes, usando a las personas a su antojo como
fuente alimenticia.
Sin embargo, Drácula también
posee elementos comunes con el siguiente tipo de
villano, exclusivo por completo de la ciencia ficción
y sobre todo de la fantasía y el terror.
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4) El incomprensible.
En los géneros que cultivamos, los protagonistas
no sólo son seres humanos. A veces resulta incluso
difícil comprender lo que son. Es por eso que,
sin lugar a dudas, el Mal puro tiene cabida para nosotros,
y existen criaturas que sólo desean devastación,
para las que no somos nada, y cuyos motivos están
más allá de nosotros. Un ejemplo bastante
claro de ello es Cthulhu. Este Primigenio es un ser que
sólo desea poblar la Tierra de horrores sin nombre
que no somos capaces de entender. Sin embargo el villano
no tiene por qué estar regido por las leyes de
lo incomprensible en términos meramente fantásticos.
La ciencia ficción también posee esos monstruos,
como Coeurl en Destructor Negro y, por extensión,
el Alien. Estas dos bestias no son dioses, sino animales,
más o menos inteligentes, y con motivaciones perfectas
como el instinto de depredación. Pero sus acciones
son tan espantosas para nuestra mente que no logramos
entenderlas precisamente porque no podemos empatizar con
ellas, y eso es lo que les otorga ese toque tenebroso,
ya que se teme a lo desconocido. Otro ejemplo, volviendo
a Hyperión, es el tenebroso Alcaudón.
Otro ejemplo más son las esporas
de La Invasión de los Ultracuerpos, perfectamente
racionales y con voluntad de comunicarse con nosotros,
al contrario que todos los anteriores, pero no por ello
menos insondables.
5) El villano inexistente.
Muchos relatos carecen de villano, y no por eso dejan
de pasarle cosas terribles al protagonista. Las circunstancias
que aparecen hacen el mismo papel que haría alguien
de haberlas provocado, y se intuye una mano perversa (la
del azar, la del autor) que podría llegar a identificarse
con un enemigo. En Pórtico los protagonistas luchan
para sobrevivir en dicha base y que la suerte esté
con ellos cada vez que toman una nave. Nadie es culpable
de ello, pero no cabe duda de que eso es lo que restringe
y aplasta al protagonista. En The Dig los habitantes del
planeta Cocito se ven sometidos a un destino peor que
la propia muerte como consecuencia de su sed desmesurada
de conocimiento. En mi propio relato Reiskolem, ya mencionado
anteriormente, una ciudad se vuelve loca y transforma
en zombis sin mente a todas las personas que puedan leer
mensajes salvo a los ciegos, analfabetos y niños
que no aprendieron a leer, personas que no tienen a nadie
concreto contra quien luchar pero que ven su existencia
amenazada día tras día.
Para acabar me gustaría hacer
hincapié en una advertencia importante. Del mismo
modo que existen dos escuelas de interpretación,
la que dice que representar un papel consiste para el
actor en fingir mediante gestos y expresiones (llorar,
sonreír) que él es el personaje o, por contraste,
identificarse con el grueso del personaje y dejarse llevar
por el papel (el famoso método estanislaski), existen
dos maneras literarias de enfocar un personaje, desde
dentro o desde fuera. Las dos son igualmente válidas
aunque a veces una puede ser más conveniente que
la otra, por ejemplo si se emplea la narración
en primera persona. Pero igual que el método estanislaski
es muy duro y peligroso si un actor no se anda con cuidado,
lo mismo puede pasar a la hora de plasmar a un villano.
Es muy lógico y nada reprochable definir a un villano
como lo que uno mismo sería de serlo. No hay nada
malo en ello, entre otras cosas porque la maldad es una
cualidad humana inherente a todos, y su desconocimiento
no nos hace más fuertes a la hora de combatirla,
de hecho ocurre lo contrario en general. Pero el personaje
puede hacer anidar una semilla dentro de uno que antes
no estaba ahí, semilla que hay que comprender y
a la que no hay que temer. Abre una puerta en tu cabeza
que no sabías que existía.
Digo esto porque en mi caso sucedió
así. Creé un personaje al que adoro pero
con el que abrí esa puerta. La fatalidad quiso
que pasara por una mala racha por aquella época
y seguí ahondando en esa clase de personajes, lo
que me retroalimentó a mí mismo. Empecé
como se empieza en estas cosas, primero se estalla con
los que se lo merecen, cosa que al principio fue incluso
buena, pero finalmente llegué un punto en el que
me mantuve al borde del precipicio, conteniéndome
con mucho esfuerzo, muy cerca de cruzar la línea.
Me costó mucho parar, y me arrepiento enormemente
de algunas cosas que hice y dije, aunque los que las recibieran
se las hubieran ganado a pulso. Escribir por aquella época
me ayudó mucho, sobre todo a descargar la frustración
donde no podía hacerle daño a nadie, en
un papel. Pude echar marcha atrás, y lo bueno es
que la experiencia me ayudó a comprenderme mejor
a mí mismo, y sobre todo a hacer lo que se tiene
que hacer en cada momento, a entender que tan malo es
atacar de manera directa y sin contenerse como tragárselo
todo y acumularlo hasta estallar.
Después de aquello he seguido
usando a esos personajes, y con el mismo grado de satisfacción
personal que por aquella época. Lo que quiero decir
con esto último es que para hacer una gran historia
no hace falta hipotecarse uno mismo, pero sí tener
unas ciertas dosis de autocontrol. Sobre todo en el momento
crucial en el que escribir pasa de ser un hobby que sirve
para desconectar del resto de las cosas a una tarea que,
aunque dura y sacrificada, produce enorme gratificación
en sí misma.
Después de esto ya
sólo queda decir que nos vemos en el
próximo artículo, y que cualquier
sugerencia de nuevos temas es bienvenida en
la dirección de correo electrónico
,
porque estos artículos son obra de varias
personas, el que los escribe y los que los leen.
¡Chao!
publicado en diciembre
de 2007 |