| Hasta
donde me llegan los recuerdos, siempre he escrito.
De pequeño era un niño bastante
tímido y solitario (que con el tiempo
ha acabado convirtiéndose en un adulto
hijoputa y arisco), y uno de mis pasatiempos
favoritos era fabricarme libretas con pliegues
de papel para luego emborronarlas con historietas
que me iba inventando, generalmente inspiradas
en algo que acabase de leer o que le hubiese
pasado a alguien de mi familia, en las que,
indefectiblemente, siempre aparecía un
fantasma, un robot extraterrestre, un mutante
interdimensional o algún otro tipo de
monstruo que volviese la cosa un poco rara.
(Después de esto
último, ahora me doy cuenta de que, en
realidad, lo que hago es básicamente
lo que mismo que hacía con seis o siete
años).
Con el tiempo, a mis profesores
les llamó la atención que, para
ser un estudiante precario, mi nivel de escritura
era más que aceptable, por lo que me
animaron a presentarme a concursos literarios
y a colaborar como freelance en el periódico
local. De ahí aprendí que los
concursos son básicamente embrutecedores
y que uno no se puede creer prácticamente
nada de lo que se publica en la prensa, pero
también pude comprobar que la escritura
era mi medio de expresión ideal.
A partir de entonces, supongo
que mi camino ha sido el mismo que el de muchos
otros: centenares de relatos escritos de los
cuales, con suerte, se llegan a publicar la
mitad; una docena de novelas inconclusas; una
acumulación obscena de material de referencia
y fuentes de inspiración; y la fe ciega
(en ese espectro de “ciega” que
es jodidamente peligroso, el de andar con los
ojos cerrados por el borde de un acantilado
o el de hacer malabares con cuchillos llevando
los ojos vendados) puesta en que algún
día lograré vivir de esto.
Actualmente, ¿cuál
es tu método a la hora de configurar
una historia?
No tengo nada parecido
a un método. El proceso de escritura,
por regla general, viene subordinado a cómo
se presente la idea para una historia y lo que
ésta exija. A veces las ideas llegan
en sueños, por accidente, como una variación
a otra idea anterior o, en menor medida, surgen
de preguntas absurdas que llegan a uno a través
de vaya usted a saber qué mecanismo subconsciente;
preguntas del tipo “¿qué
pasaría si a una guardaespaldas depresiva
y adicta a las anfetaminas le encargasen proteger
a un niño repelente que, para colmo,
es la nueva encarnación del mesías?...
¿Y si le añadimos unos ninjas?”
Por cierto,
para expresarte, ¿novela o relato?
En un noventa y nueve por
ciento, prefiero el relato. Soy fruto de mi
tiempo: tiendo a ver las novelas como relatos
hinchados o sucesiones de relatos con un hilo
argumental fijo. Cuando una historia pide espacio
para respirar, prefiero llevármela a
otros medios, como el cómic, y convertir
la idea-simiente en guión.
Dinos,
de todo lo que has creado (historias, personajes),
de qué te sientes más orgulloso.
Podría decirte que
de lo que más orgulloso estoy es de lo
que aún no he creado, pero eso suena
horrorosamente pedante. Lo cierto es que estoy,
si no orgulloso, medianamente contento de casi
todo lo que he acabado publicando hasta la fecha,
aunque sí que siento cierta debilidad
por la ambientación y ejecución
de al menos tres de los relatos incluidos en
Dionisia Pop! (cuyos títulos no voy a
citar aquí, más que nada por no
desmerecer al resto de los que no estoy tan
satisfecho); de la historia y los personajes
de “La Memoria Invisible”, una novela
gráfica que está a punto de aparecer
por entregas en la revista La Parada; y de la
locura desbocada de “Hierático”,
una novela corta que he finalizado hace nada.
¿Y
de lo que menos?
Como he dicho, me siento
satisfecho de todo lo que he hecho. Cada historia
tuvo su razón de ser en su día,
o al menos venía inspirada por lo que
en el contexto y momento en que fue escrita
parecía una buena idea, así que
no seré yo el que se queje al respecto.
¿Has
ganado algún premio literario?
Sí, un par de poesía
y varios de relato, hace tiempo. Pero fueron
experiencias penosas que prefiero olvidar. No
por los premios en sí, sino por lo que
la participación en ellos trajo consigo.
Como dijo Nick Cave una vez y yo suscribo total
y fanáticamente: todo escritor, músico,
cineasta o pintor lo es gracias a tener una
musa que le nutre de lo que sea que están
hechas las ideas, y a la inmensa mayoría
de las musas no les gusta un pelo ser tratadas
como putas, que es precisamente lo que hacemos
con ellas cuando nos presentamos a premios y
concursos varios.
Lamentablemente, sé
de primera mano qué es lo que hace una
musa con uno cuando se le arrastra la cara por
el fango a cambio de un par de cientos de euros
(quien haya leído “Facilis Decenus”,
mi relato en el cuarto número de Paura,
podrá hacerse una idea aproximada de
lo que pasó), y no es en absoluto agradable
y no me apetece nada repetirlo.
Cuéntanos tu experiencia
en el mundo del guión.
Pues no hay mucho que
contar: llevo como unos cuatro o cinco años
haciendo guiones para cómics y cortos
de cine, y aún me considero un aprendiz
bastante torpe.
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¿Y
en cuanto al cómic-book?
Los cómics
son mi pasión. Adoro perderme en
ese “mundo mesmerizante de palabras
e imágenes” al que se refiere
Alan Moore cada vez que le preguntan,
y empiezo a tener serias sospechas de
que es el medio perfecto gracias al cual
explicar el ahora y el futuro más
inmediato. Un medio aún por explotar
en el que, precisamente por eso, cualquiera
puede versar sus inquietudes de un modo
mucho más efectivo que en la literatura
y el cine, y espolear la fantasía
desde varios ángulos a la vez sin
necesariamente tener que cargar a cuestas
con la losa de una tradición ancestral
o cualquier estupidez análoga.
Todo esto cambiará, por supuesto,
y acabará por estratificarse y
anquilosarse y volverse aburrido, pero
a día de hoy el cómic es
algo en lo que entrar, decir la tuya del
modo en que te plazca y salir. Rápido,
fácil y limpio. Al estilo comando
de infiltración.
Además de en nuestros
géneros, ¿en qué
otros has buceado? ¿Has trabajado
en otros “escenarios” a parte
de los que ya sabemos?
Aparte de ciencia
ficción o terror, he escrito bastantes
relatos y algún guión de
género negro, con policías
corruptos, tramas inmobiliarias, asesinos
a sueldo y demás. Y también
he picoteado en la literatura costumbrista
y la poesía. Aún así,
las incursiones en esos otros “escenarios”
han acabado, por la razón que sea,
derivando en algo cercano a mis dos “géneros
madre” y dando lugar a bastardos
irreconocibles a los que tengo muchísimo
aprecio. Por eso celebro que sea haya
extendido la idea del Slipstream; así
tengo un nombre por el que llamar a esos
cabroncetes que me mordisquean los tobillos
de vez en cuando.
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También he sido
durante un montón de años vocalista
y guitarrista en varios grupos de punk–metal
y country, por lo que tengo escritas por ahí
como medio centenar de canciones.
¿Y
cómo es eso de compartir trabajo con
otro autor o ilustrador? Háblanos de
tus creaciones a dúo…
Como guionista, lo de trabajar
con un dibujante es lo más parecido a
la telepatía que yo haya visto jamás.
Es difícil explicar el impacto y los
sentimientos contradictorios, en su mayoría
gratificantes pero que a ratos dan algo de miedo,
causados por ver plasmadas sobre el papel, después
de haber pasado por el tamiz del otro, caras,
situaciones y paisajes que sólo estaban
en tu cabeza, y comprobar que el reflejo es
casi exacto a la imagen mental.
Evidentemente, el proceso
de creación a dúo está
plagado de malentendidos, malinterpretaciones
y líos conceptuales, pero cuando se llega
a alcanzar un espacio común y se establece
una buena comunicación… El resultado,
casi siempre acaba compensando todo lo demás.
Por cierto, ¿cómo
ves el panorama editorial en nuestro país?
Depende… Hay días
en que me inclino a pensar que el panorama es
como una gran conspiración de idiotas,
escritores mediáticos, críticos
hijos de puta, contratos de edición redactados
en cuchillas de afeitar oxidadas, editores que
en realidad son seres del inframundo con un
coeficiente intelectual peligrosamente bajo,
departamentos de lectura poblados por criaturas
llenas de tentáculos y con dientes afilados
que se drogan a base de buenas intenciones por
vía intravenosa, etcétera…
Otros, sin embargo, me digo a mí mismo
que el problema está en mí, que
debería vigilar un poco más mis
hábitos nutricionales, que las editoriales
hacen lo que pueden con lo que tienen, del único
modo que saben, y que vale la pena seguir insistiendo,
porque en el momento en que dejemos de insistir
más vale que asesinemos a nuestros bebés
y nos pongamos a silbar algo alegre a la espera
de que los dinosaurios vuelvan y traigan consigo
el Apocalipsis en forma de comedia de situación
y noticiarios subvencionados por la multinacional
demoníaca de turno.
Pero eso son sólo
mis dos principales opiniones encontradas. La
verdad es que no soy nadie para evaluar así,
a vuelapluma, algo tan grande y complejo como
el negocio editorial. Yo me dedico a lo mío,
que es escribir, y el resto del circo, lo de
hacer sesudos análisis de situación
y llamar al lobo y delimitar movimientos y generaciones,
lo dejo en manos de aquellos más inteligentes
que yo, con más paciencia o, simplemente,
más tocapelotas.
Y en cuanto a creación, ¿qué
autores de habla hispana, si los hay, merecen
según tú nuestra atención?
En literatura de género,
AJEC
concentra ahora mismo gran parte de lo que a
mi me gusta leer y de los autores que realmente
tienen cosas interesantes que aportar. Y no
lo digo porque sea la editorial que me publica
a mí, sino porque es un hecho fácilmente
contrastable: Sergio Parra, Marc Soto, Sergio
Mars, Daniel Pérez Navarro (me muero
de ganas por echarle el guante a ese artefacto
llamado “Mobymelville”)… Muy
buenos escritores que, gusten más o menos,
nunca dejan indiferente, como suele decirse.
Fuera de éstos, los que ahora mismo más
me llaman la atención son Alfredo Álamo,
David Jasso, David Mateo y poco más.
Y también está
esa caterva (en el mejor sentido de la palabra)
de guerrilleros sudamericanos de la ciencia-ficción;
gente como Jorge Baradit, Mike Wilson y el resto
del escuadrón cyberpunk, los habituales
de “Necronomicón”, Sergio
Gaut Vel Hartman y gran parte de sus acólitos…
Alguien a quien he descubierto
recientemente, al que admiro y que con el tiempo
acabará dando muchísimo de que
hablar en las letras patrias (a pesar de que
en este momento se encuentre, por vaya usted
a saber qué extraña confabulación
planetaria, sumergido en lo que sea que haya
por debajo del underground) es Javier Esteban.
Un tipo con una visión extraordinariamente
lúcida y un buen hacer a envidiar que,
en cuanto tenga la más mínima
oportunidad, le dará un buen revolcón
a esto que hacemos.
En cuanto a literatura
aparte del género, últimamente
me dedico a leer a poetas como Pablo García
Casado o Manuel Vilas, y me siguen fascinando
Javier Calvo, Antonio Orejudo y Efraín
Medina, por citar unos cuantos…
¿Cómo ves el
futuro en cuanto a géneros (cuál
saldrá ganando), publicaciones, autores…?
No sé si habrá
un género que “salga ganando”.
La historia del arte, como la moda, se articula
mediante ciclos más o menos lógicos
y revoluciones. No creo que se pueda tirar una
línea recta y decir “esto es lo
que hay y esto otro es lo que habrá”.
Ahora mismo, parece que la ciencia ficción
más tecnificada, con restos cyberpunk,
esté por todas partes: en las listas
de los libros más vendidos, en las series
de televisión más vistas, en las
películas con mayor taquilla, en la proliferación
de fanzines y revistas especializados gracias
a Internet… Incluso corren por ahí
ensayos universitarios sobre William Gibson…
Pero por otro lado también está
resurgiendo con fuerza el Steampunk, y está
el movimiento Bizarro en Estados unidos, y a
un tal Saramago le han dado el Nobel por plagiar
a Terry Pratchett y a John Wyndham… Los
géneros han parasitado a la Literatura
con L mayúscula y la están sometiendo
a base de bien, cosa que yo me explico como
que al haber alcanzado un punto en el que, como
civilización, la gran mayoría
nos sentimos decepcionados y en peligro constante,
nos aferramos a explicaciones alternativas de
la realidad, ya que las que marca el estándar,
lo que nos cuentan cada día por medios
convencionales, ni nos sirve ni nos motiva.
Empezamos a ser conscientes de que el futuro
es ahora y de que a pesar de ello no tenemos
teletrasportadores ni robots que nos hagan las
veces de esclavos sexuales, pero al mismo tiempo
los avances en física y neurología
nos dicen que todo lo que sabemos es mentira
y que queda mucho aún por descubrir,
que hay infinitos otros mundos probables contendidos
es éste así como infinitas maneras
de interactuar con ellos y con el nuestro, que
la realidad aún está por explicarse…
Y aun así una gran mayoría de
editores generalistas todavía se cagan
de miedo cuando oyen hablar de dimensiones paralelas
y saltos espacio-temporales, empeñándose
en imponer un canon, cierta “verdad”,
que ya ha quedado obsoleta y que no sirve para
nada a nadie, lo cual lo único que consigue
es confundirnos y cabrearnos aún más,
casi empujando, literalmente, a muchos a tirar
de géneros como un “que os den
por el culo” a la cantidad obscena de
material apolillado y caduco que satura el mercado.
¿Adónde
llevará todo esto, si es que esto tiene
algún sentido y lleva a alguna parte?
No tengo ni idea. Puede que la situación
socio-política del mundo cambie de forma
radical, y a mejor, en cinco o diez años,
y la gente vuelva a tener hambre de historias
edificantes y costumbristas, o que se vuelva
al folletín decimonónico; o puede
que acabemos de una vez por todas con el planeta
y sólo queden poetas pintando visiones
chamánicas en las paredes; o puede que,
como defendía Terrence McKena, la realidad
se derrumbe en el 2012 y ya no tengamos necesidad
de inventar nada porque podremos habitar en
espacios interiores hechos a medida, donde no
cabrá arte ninguno porque cada uno de
nosotros será una obra de arte perfecta
en sí mismo. A saber…
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En
cuanto a “Dionisia Pop!”,
¿cómo surgió la idea
y la publicación con Grupo Editorial
AJEC?
Si te soy sincero,
todo fue un afortunado accidente.
Hace un año
y medio trabajaba en el departamento de
distribución de correo de un banco
y, en Agosto, aburridísimos por
la falta de trabajo y sin un jefe que
nos controlase, unos cuantos compañeros
y yo decidimos recopilar, cada uno por
su parte, una antología de los
que considerábamos nuestros mejores
relatos (“nuestras mierdas”,
los llamamos), para pasárnoslos
entre nosotros y entretenernos criticándonos.
El mío, donde recopilé todo
lo que había publicado en fanzines
y revistas además de un par de
inéditos de los que estaba enamorado,
gustó bastante y decidí
mandarlo a AJEC,
ya que tenía algunos libros suyos
y me parecía una editorial en la
que mi “mierda” podría
caber bastante bien. Fue el primer y único
sitio al que remití la antología.
Pasaron los tres meses de rigor, Raúl
me informó de que había
decidido apostar por él, hicimos
una pequeña criba del primer manuscrito
y voilá... Dionisia Pop!
Nada parecido a una
épica historia bohemia, pero eso
es lo que pasó.
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¿Cómo haces para
escribir del modo que lo haces? De manera tan
cercana, creíble e impactante (que no
nos deja indiferentes, vaya)
Básicamente, intento
no escribir de forma cercana, creíble
o impactante. A partir de ahí, como tiendo
a boicotearme a mí mismo, surge lo demás.
Como todos, aunque casi nadie lo reconozca,
lo único que hago es reciclar todo lo
que me influencia y me ha influenciado, reinterpretarlo
con mi propia “voz literaria” e
intentar darle un mínimo de sentido.
Escribo, en definitiva, como me ha enseñado
a escribir todo lo que he leído hasta
la fecha. Lo cual, gracias a Dios, está
muy bien porque quiere decir que, con todo lo
que me queda aún por leer, seguiré
aprendiendo, perfeccionando, puliendo y experimentando
hasta que me harte o me muera.
Explícanos de dónde
viene su nombre (el de la antología),
que creo va a tener algo de miga…
El nombre de la antología
viene del relato homónimo, Dionisia Pop!,
incluido en ella, que es una especie de collage
basado en dos elementos primordiales: la perversión
de la realidad de manos de un hombre-criatura
neomitológica en el que se encarnan gran
parte de los males de la cultura popular, y
el descubrimiento por parte de un sintecho del
modo de escapar de esa perversión: estableciendo
una línea de viajes regulares entre esta
realidad y un hipotético Espacio Interior
representado en la figura de un planeta ficticio
llamado Dionisia. Según la RAE, Dionisia
es la “piedra que, para los antiguos,
era negra, salpicada de manchas rojas, podía
dar sabor de vino al agua y ser un remedio contra
la embriaguez”, lo cual encajaba perfectamente
como denominación para ese extraño
planeta / lugar de destierro voluntario, regido
por las ideas de Tim Leary y la filosofía
Zen, en el que “todo está bien
siempre”.
Acabó siendo el
título de la antología porque,
a mi entender, el resto de relatos pivotan alrededor
de éste, como si Dionisia existiese de
verdad en algún rincón de mi cerebro
y las demás historias conformasen el
boletín de noticias de ese mundo hipnogógico.
Cuéntanos alguna curiosidad
que se diera durante el proceso de selección
de Dionisia…
No es una curiosidad,
pero sí algo que me abrió los
ojos… Soy un gran fan de las sextinas,
esa forma poética complicadísima
de escribir y a la que es aún más
difícil dar un sentido, y como tal incluí
un par de mi propia cosecha en el primer manuscrito
de Dionisia Pop! Fue una de las cosas que Raúl,
desde el primero momento, tuvo claro que no
pegaban con todo lo demás y me pidió
que las retirase del borrador definitivo. Y
con razón. Vistas con la perspectiva
del tiempo, aquellas dos monstruosidades eran
como cagarse en toda la poesía en castellano
jamás escrita. Por suerte, y gracias
a la objetividad del editor, nunca jamás
verán la luz… y yo no pienso escribir
una sextina más en lo que me quede de
vida.
Proyectos de futuro…
Después de haber
pasado los últimos meses enredado con
“Hierático”, la novela corta
de la que te hablaba anteriormente, y un par
de guiones, mi futuro inmediato consiste en
esperar a que estos y algunos proyectos más
cuajen, convenzan a quien tienen que convencer
y vean la luz por alguna parte. De momento,
sigo escribiendo y publicando relatos por ahí,
con la vista puesta en una segunda antología,
y dándole vueltas a unas cosillas sobre
las que no voy a hablar, por aquello de no gafarlas.
Unas palabritas para NGC.
¿Qué puedo
decir sobre NGC? Pues
que es el sitio al que acudir para todos aquellos
que busquen lo que siempre han buscado los aficionados
a la literatura de género: calidad, frescura,
entretenimiento e ideas alternativas. Además,
Pily B.,
su administradora, es una bellísima persona,
inteligentísima, que trata muy bien a
sus colaboradores y, aunque no la conozco en
persona, seguro que también es guapa
y huele bien.
Un buen espacio llevado
por buena gente, en definitiva.
publicado en junio
de 2008
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