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Unas preguntas de rigor a... "Fco. Javier Pérez" volver al índice de entrevistas
 
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Empezando por el principio, claro, ¿cómo aterrizaste en estos géneros que nos apasionan? ¿Qué autores te engancharon (o series de televisión)?

No sé cómo aterricé en esto de la ciencia ficción. Yo en realidad quería ser escritor de género negro, llegar a hacer algo como la sagrada trilogía de Will Christopher Baer o convertirme en el James Ellroy patrio, pero en algún momento hice zig donde se suponía que debía hacer zag, y hasta ahora…

A decir verdad, no me sorprende demasiado haber acabado aquí. Si repaso las lecturas y referentes de la infancia y pre-adolescencia, todo adquiere un tufillo como a destino manifiesto: Mazinger-Z, Flores para Algernon, Hawkwind, La Cosa del Pantano, El Juego de Ender, Black Sabbath, Julio Verne, X-Men, American Psycho, Nietzsche, Monster Magnet, Aleister Crowley, Poe, Lovecraft, Machen, Bukowski, Panero, Vonnegut, El Capitán Harlock, Metrópolis, Scanners, Iron Man, Ghosts n´Goblins…

Por cierto, independientemente del género en el que mejor te encuentres escribiendo, qué prefieres para disfrutar como lector: ¿fantasía, terror o ciencia ficción?

Sin duda, ciencia ficción y terror. No entiendo ni soporto la fantasía, como supongo que la fantasía ni me entiende ni me soporta a mí, por eso se empeña en esquivarme continuamente. Sería incapaz de citarte un solo título de esos con capas raras y objetos malditos, espadas acojonantes que sorben la energía vital de los impuros y magos de identidad sexual “compleja”… Quitando la saga de Elric, claro, a la que considero más un enorme chiste grandilocuente que Michael Moorcock le escupió a la cara al resto de su generación… Pero, aparte de eso, el noventa y nueve por ciento de lo comúnmente denominado “fantasía” me parece muy poco interesante y bastante estúpido, estancado en cuatro arquetipos fijos y tramas repetitivas hasta el vómito. Ni siquiera me he atrevido a leer “El Señor de los Anillos” (y creo que con haber visto una y media de sus tres adaptaciones al cine, ya he pagado de sobras mi Cuota-Tolkien).

La ciencia ficción y el terror, sin embargo, son perfectos campos de juego para la experimentación y el acercamiento a cierta idea de “lo real” a través de la literatura. Así lo entendieron gente como Burroughs, Robert Anton Wilson, Christopher Priest, Jamie Delano, Ballard, Peter Straub e incluso William Blake o Michel Houellebecq, y así intento entenderlo yo también.

¿Cómo fue que empezaste a escribir y cómo se te dio en los comienzos?


Hasta donde me llegan los recuerdos, siempre he escrito. De pequeño era un niño bastante tímido y solitario (que con el tiempo ha acabado convirtiéndose en un adulto hijoputa y arisco), y uno de mis pasatiempos favoritos era fabricarme libretas con pliegues de papel para luego emborronarlas con historietas que me iba inventando, generalmente inspiradas en algo que acabase de leer o que le hubiese pasado a alguien de mi familia, en las que, indefectiblemente, siempre aparecía un fantasma, un robot extraterrestre, un mutante interdimensional o algún otro tipo de monstruo que volviese la cosa un poco rara.

(Después de esto último, ahora me doy cuenta de que, en realidad, lo que hago es básicamente lo que mismo que hacía con seis o siete años).

Con el tiempo, a mis profesores les llamó la atención que, para ser un estudiante precario, mi nivel de escritura era más que aceptable, por lo que me animaron a presentarme a concursos literarios y a colaborar como freelance en el periódico local. De ahí aprendí que los concursos son básicamente embrutecedores y que uno no se puede creer prácticamente nada de lo que se publica en la prensa, pero también pude comprobar que la escritura era mi medio de expresión ideal.

A partir de entonces, supongo que mi camino ha sido el mismo que el de muchos otros: centenares de relatos escritos de los cuales, con suerte, se llegan a publicar la mitad; una docena de novelas inconclusas; una acumulación obscena de material de referencia y fuentes de inspiración; y la fe ciega (en ese espectro de “ciega” que es jodidamente peligroso, el de andar con los ojos cerrados por el borde de un acantilado o el de hacer malabares con cuchillos llevando los ojos vendados) puesta en que algún día lograré vivir de esto.

Actualmente, ¿cuál es tu método a la hora de configurar una historia?

No tengo nada parecido a un método. El proceso de escritura, por regla general, viene subordinado a cómo se presente la idea para una historia y lo que ésta exija. A veces las ideas llegan en sueños, por accidente, como una variación a otra idea anterior o, en menor medida, surgen de preguntas absurdas que llegan a uno a través de vaya usted a saber qué mecanismo subconsciente; preguntas del tipo “¿qué pasaría si a una guardaespaldas depresiva y adicta a las anfetaminas le encargasen proteger a un niño repelente que, para colmo, es la nueva encarnación del mesías?... ¿Y si le añadimos unos ninjas?”

Por cierto, para expresarte, ¿novela o relato?

En un noventa y nueve por ciento, prefiero el relato. Soy fruto de mi tiempo: tiendo a ver las novelas como relatos hinchados o sucesiones de relatos con un hilo argumental fijo. Cuando una historia pide espacio para respirar, prefiero llevármela a otros medios, como el cómic, y convertir la idea-simiente en guión.

Dinos, de todo lo que has creado (historias, personajes), de qué te sientes más orgulloso.

Podría decirte que de lo que más orgulloso estoy es de lo que aún no he creado, pero eso suena horrorosamente pedante. Lo cierto es que estoy, si no orgulloso, medianamente contento de casi todo lo que he acabado publicando hasta la fecha, aunque sí que siento cierta debilidad por la ambientación y ejecución de al menos tres de los relatos incluidos en Dionisia Pop! (cuyos títulos no voy a citar aquí, más que nada por no desmerecer al resto de los que no estoy tan satisfecho); de la historia y los personajes de “La Memoria Invisible”, una novela gráfica que está a punto de aparecer por entregas en la revista La Parada; y de la locura desbocada de “Hierático”, una novela corta que he finalizado hace nada.

¿Y de lo que menos?

Como he dicho, me siento satisfecho de todo lo que he hecho. Cada historia tuvo su razón de ser en su día, o al menos venía inspirada por lo que en el contexto y momento en que fue escrita parecía una buena idea, así que no seré yo el que se queje al respecto.

¿Has ganado algún premio literario?

Sí, un par de poesía y varios de relato, hace tiempo. Pero fueron experiencias penosas que prefiero olvidar. No por los premios en sí, sino por lo que la participación en ellos trajo consigo. Como dijo Nick Cave una vez y yo suscribo total y fanáticamente: todo escritor, músico, cineasta o pintor lo es gracias a tener una musa que le nutre de lo que sea que están hechas las ideas, y a la inmensa mayoría de las musas no les gusta un pelo ser tratadas como putas, que es precisamente lo que hacemos con ellas cuando nos presentamos a premios y concursos varios.

Lamentablemente, sé de primera mano qué es lo que hace una musa con uno cuando se le arrastra la cara por el fango a cambio de un par de cientos de euros (quien haya leído “Facilis Decenus”, mi relato en el cuarto número de Paura, podrá hacerse una idea aproximada de lo que pasó), y no es en absoluto agradable y no me apetece nada repetirlo.

Cuéntanos tu experiencia en el mundo del guión.

Pues no hay mucho que contar: llevo como unos cuatro o cinco años haciendo guiones para cómics y cortos de cine, y aún me considero un aprendiz bastante torpe.

¿Y en cuanto al cómic-book?

Los cómics son mi pasión. Adoro perderme en ese “mundo mesmerizante de palabras e imágenes” al que se refiere Alan Moore cada vez que le preguntan, y empiezo a tener serias sospechas de que es el medio perfecto gracias al cual explicar el ahora y el futuro más inmediato. Un medio aún por explotar en el que, precisamente por eso, cualquiera puede versar sus inquietudes de un modo mucho más efectivo que en la literatura y el cine, y espolear la fantasía desde varios ángulos a la vez sin necesariamente tener que cargar a cuestas con la losa de una tradición ancestral o cualquier estupidez análoga. Todo esto cambiará, por supuesto, y acabará por estratificarse y anquilosarse y volverse aburrido, pero a día de hoy el cómic es algo en lo que entrar, decir la tuya del modo en que te plazca y salir. Rápido, fácil y limpio. Al estilo comando de infiltración.

Además de en nuestros géneros, ¿en qué otros has buceado? ¿Has trabajado en otros “escenarios” a parte de los que ya sabemos?

Aparte de ciencia ficción o terror, he escrito bastantes relatos y algún guión de género negro, con policías corruptos, tramas inmobiliarias, asesinos a sueldo y demás. Y también he picoteado en la literatura costumbrista y la poesía. Aún así, las incursiones en esos otros “escenarios” han acabado, por la razón que sea, derivando en algo cercano a mis dos “géneros madre” y dando lugar a bastardos irreconocibles a los que tengo muchísimo aprecio. Por eso celebro que sea haya extendido la idea del Slipstream; así tengo un nombre por el que llamar a esos cabroncetes que me mordisquean los tobillos de vez en cuando.

También he sido durante un montón de años vocalista y guitarrista en varios grupos de punk–metal y country, por lo que tengo escritas por ahí como medio centenar de canciones.

¿Y cómo es eso de compartir trabajo con otro autor o ilustrador? Háblanos de tus creaciones a dúo…

Como guionista, lo de trabajar con un dibujante es lo más parecido a la telepatía que yo haya visto jamás. Es difícil explicar el impacto y los sentimientos contradictorios, en su mayoría gratificantes pero que a ratos dan algo de miedo, causados por ver plasmadas sobre el papel, después de haber pasado por el tamiz del otro, caras, situaciones y paisajes que sólo estaban en tu cabeza, y comprobar que el reflejo es casi exacto a la imagen mental.

Evidentemente, el proceso de creación a dúo está plagado de malentendidos, malinterpretaciones y líos conceptuales, pero cuando se llega a alcanzar un espacio común y se establece una buena comunicación… El resultado, casi siempre acaba compensando todo lo demás.

Por cierto, ¿cómo ves el panorama editorial en nuestro país?

Depende… Hay días en que me inclino a pensar que el panorama es como una gran conspiración de idiotas, escritores mediáticos, críticos hijos de puta, contratos de edición redactados en cuchillas de afeitar oxidadas, editores que en realidad son seres del inframundo con un coeficiente intelectual peligrosamente bajo, departamentos de lectura poblados por criaturas llenas de tentáculos y con dientes afilados que se drogan a base de buenas intenciones por vía intravenosa, etcétera… Otros, sin embargo, me digo a mí mismo que el problema está en mí, que debería vigilar un poco más mis hábitos nutricionales, que las editoriales hacen lo que pueden con lo que tienen, del único modo que saben, y que vale la pena seguir insistiendo, porque en el momento en que dejemos de insistir más vale que asesinemos a nuestros bebés y nos pongamos a silbar algo alegre a la espera de que los dinosaurios vuelvan y traigan consigo el Apocalipsis en forma de comedia de situación y noticiarios subvencionados por la multinacional demoníaca de turno.

Pero eso son sólo mis dos principales opiniones encontradas. La verdad es que no soy nadie para evaluar así, a vuelapluma, algo tan grande y complejo como el negocio editorial. Yo me dedico a lo mío, que es escribir, y el resto del circo, lo de hacer sesudos análisis de situación y llamar al lobo y delimitar movimientos y generaciones, lo dejo en manos de aquellos más inteligentes que yo, con más paciencia o, simplemente, más tocapelotas.

Y en cuanto a creación, ¿qué autores de habla hispana, si los hay, merecen según tú nuestra atención?

En literatura de género, AJEC concentra ahora mismo gran parte de lo que a mi me gusta leer y de los autores que realmente tienen cosas interesantes que aportar. Y no lo digo porque sea la editorial que me publica a mí, sino porque es un hecho fácilmente contrastable: Sergio Parra, Marc Soto, Sergio Mars, Daniel Pérez Navarro (me muero de ganas por echarle el guante a ese artefacto llamado “Mobymelville”)… Muy buenos escritores que, gusten más o menos, nunca dejan indiferente, como suele decirse. Fuera de éstos, los que ahora mismo más me llaman la atención son Alfredo Álamo, David Jasso, David Mateo y poco más.

Y también está esa caterva (en el mejor sentido de la palabra) de guerrilleros sudamericanos de la ciencia-ficción; gente como Jorge Baradit, Mike Wilson y el resto del escuadrón cyberpunk, los habituales de “Necronomicón”, Sergio Gaut Vel Hartman y gran parte de sus acólitos…

Alguien a quien he descubierto recientemente, al que admiro y que con el tiempo acabará dando muchísimo de que hablar en las letras patrias (a pesar de que en este momento se encuentre, por vaya usted a saber qué extraña confabulación planetaria, sumergido en lo que sea que haya por debajo del underground) es Javier Esteban. Un tipo con una visión extraordinariamente lúcida y un buen hacer a envidiar que, en cuanto tenga la más mínima oportunidad, le dará un buen revolcón a esto que hacemos.

En cuanto a literatura aparte del género, últimamente me dedico a leer a poetas como Pablo García Casado o Manuel Vilas, y me siguen fascinando Javier Calvo, Antonio Orejudo y Efraín Medina, por citar unos cuantos…

¿Cómo ves el futuro en cuanto a géneros (cuál saldrá ganando), publicaciones, autores…?

No sé si habrá un género que “salga ganando”. La historia del arte, como la moda, se articula mediante ciclos más o menos lógicos y revoluciones. No creo que se pueda tirar una línea recta y decir “esto es lo que hay y esto otro es lo que habrá”. Ahora mismo, parece que la ciencia ficción más tecnificada, con restos cyberpunk, esté por todas partes: en las listas de los libros más vendidos, en las series de televisión más vistas, en las películas con mayor taquilla, en la proliferación de fanzines y revistas especializados gracias a Internet… Incluso corren por ahí ensayos universitarios sobre William Gibson… Pero por otro lado también está resurgiendo con fuerza el Steampunk, y está el movimiento Bizarro en Estados unidos, y a un tal Saramago le han dado el Nobel por plagiar a Terry Pratchett y a John Wyndham… Los géneros han parasitado a la Literatura con L mayúscula y la están sometiendo a base de bien, cosa que yo me explico como que al haber alcanzado un punto en el que, como civilización, la gran mayoría nos sentimos decepcionados y en peligro constante, nos aferramos a explicaciones alternativas de la realidad, ya que las que marca el estándar, lo que nos cuentan cada día por medios convencionales, ni nos sirve ni nos motiva. Empezamos a ser conscientes de que el futuro es ahora y de que a pesar de ello no tenemos teletrasportadores ni robots que nos hagan las veces de esclavos sexuales, pero al mismo tiempo los avances en física y neurología nos dicen que todo lo que sabemos es mentira y que queda mucho aún por descubrir, que hay infinitos otros mundos probables contendidos es éste así como infinitas maneras de interactuar con ellos y con el nuestro, que la realidad aún está por explicarse… Y aun así una gran mayoría de editores generalistas todavía se cagan de miedo cuando oyen hablar de dimensiones paralelas y saltos espacio-temporales, empeñándose en imponer un canon, cierta “verdad”, que ya ha quedado obsoleta y que no sirve para nada a nadie, lo cual lo único que consigue es confundirnos y cabrearnos aún más, casi empujando, literalmente, a muchos a tirar de géneros como un “que os den por el culo” a la cantidad obscena de material apolillado y caduco que satura el mercado.

¿Adónde llevará todo esto, si es que esto tiene algún sentido y lleva a alguna parte? No tengo ni idea. Puede que la situación socio-política del mundo cambie de forma radical, y a mejor, en cinco o diez años, y la gente vuelva a tener hambre de historias edificantes y costumbristas, o que se vuelva al folletín decimonónico; o puede que acabemos de una vez por todas con el planeta y sólo queden poetas pintando visiones chamánicas en las paredes; o puede que, como defendía Terrence McKena, la realidad se derrumbe en el 2012 y ya no tengamos necesidad de inventar nada porque podremos habitar en espacios interiores hechos a medida, donde no cabrá arte ninguno porque cada uno de nosotros será una obra de arte perfecta en sí mismo. A saber…

En cuanto a “Dionisia Pop!”, ¿cómo surgió la idea y la publicación con Grupo Editorial AJEC?

Si te soy sincero, todo fue un afortunado accidente.

Hace un año y medio trabajaba en el departamento de distribución de correo de un banco y, en Agosto, aburridísimos por la falta de trabajo y sin un jefe que nos controlase, unos cuantos compañeros y yo decidimos recopilar, cada uno por su parte, una antología de los que considerábamos nuestros mejores relatos (“nuestras mierdas”, los llamamos), para pasárnoslos entre nosotros y entretenernos criticándonos. El mío, donde recopilé todo lo que había publicado en fanzines y revistas además de un par de inéditos de los que estaba enamorado, gustó bastante y decidí mandarlo a AJEC, ya que tenía algunos libros suyos y me parecía una editorial en la que mi “mierda” podría caber bastante bien. Fue el primer y único sitio al que remití la antología. Pasaron los tres meses de rigor, Raúl me informó de que había decidido apostar por él, hicimos una pequeña criba del primer manuscrito y voilá... Dionisia Pop!

Nada parecido a una épica historia bohemia, pero eso es lo que pasó.

¿Cómo haces para escribir del modo que lo haces? De manera tan cercana, creíble e impactante (que no nos deja indiferentes, vaya)

Básicamente, intento no escribir de forma cercana, creíble o impactante. A partir de ahí, como tiendo a boicotearme a mí mismo, surge lo demás. Como todos, aunque casi nadie lo reconozca, lo único que hago es reciclar todo lo que me influencia y me ha influenciado, reinterpretarlo con mi propia “voz literaria” e intentar darle un mínimo de sentido. Escribo, en definitiva, como me ha enseñado a escribir todo lo que he leído hasta la fecha. Lo cual, gracias a Dios, está muy bien porque quiere decir que, con todo lo que me queda aún por leer, seguiré aprendiendo, perfeccionando, puliendo y experimentando hasta que me harte o me muera.

Explícanos de dónde viene su nombre (el de la antología), que creo va a tener algo de miga…

El nombre de la antología viene del relato homónimo, Dionisia Pop!, incluido en ella, que es una especie de collage basado en dos elementos primordiales: la perversión de la realidad de manos de un hombre-criatura neomitológica en el que se encarnan gran parte de los males de la cultura popular, y el descubrimiento por parte de un sintecho del modo de escapar de esa perversión: estableciendo una línea de viajes regulares entre esta realidad y un hipotético Espacio Interior representado en la figura de un planeta ficticio llamado Dionisia. Según la RAE, Dionisia es la “piedra que, para los antiguos, era negra, salpicada de manchas rojas, podía dar sabor de vino al agua y ser un remedio contra la embriaguez”, lo cual encajaba perfectamente como denominación para ese extraño planeta / lugar de destierro voluntario, regido por las ideas de Tim Leary y la filosofía Zen, en el que “todo está bien siempre”.

Acabó siendo el título de la antología porque, a mi entender, el resto de relatos pivotan alrededor de éste, como si Dionisia existiese de verdad en algún rincón de mi cerebro y las demás historias conformasen el boletín de noticias de ese mundo hipnogógico.

Cuéntanos alguna curiosidad que se diera durante el proceso de selección de Dionisia…

No es una curiosidad, pero sí algo que me abrió los ojos… Soy un gran fan de las sextinas, esa forma poética complicadísima de escribir y a la que es aún más difícil dar un sentido, y como tal incluí un par de mi propia cosecha en el primer manuscrito de Dionisia Pop! Fue una de las cosas que Raúl, desde el primero momento, tuvo claro que no pegaban con todo lo demás y me pidió que las retirase del borrador definitivo. Y con razón. Vistas con la perspectiva del tiempo, aquellas dos monstruosidades eran como cagarse en toda la poesía en castellano jamás escrita. Por suerte, y gracias a la objetividad del editor, nunca jamás verán la luz… y yo no pienso escribir una sextina más en lo que me quede de vida.

Proyectos de futuro…

Después de haber pasado los últimos meses enredado con “Hierático”, la novela corta de la que te hablaba anteriormente, y un par de guiones, mi futuro inmediato consiste en esperar a que estos y algunos proyectos más cuajen, convenzan a quien tienen que convencer y vean la luz por alguna parte. De momento, sigo escribiendo y publicando relatos por ahí, con la vista puesta en una segunda antología, y dándole vueltas a unas cosillas sobre las que no voy a hablar, por aquello de no gafarlas.

Unas palabritas para NGC.

¿Qué puedo decir sobre NGC? Pues que es el sitio al que acudir para todos aquellos que busquen lo que siempre han buscado los aficionados a la literatura de género: calidad, frescura, entretenimiento e ideas alternativas. Además, Pily B., su administradora, es una bellísima persona, inteligentísima, que trata muy bien a sus colaboradores y, aunque no la conozco en persona, seguro que también es guapa y huele bien.

Un buen espacio llevado por buena gente, en definitiva.

publicado en junio de 2008

 
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