(1948, Bremen, Alemania). Estudia pintura en la Academia de Bellas Artes de Stuttgart y música (flauta, piano, composición) en la Academia de Música de Hamburgo, en la Academia de Jazz de Graz (Austria), en el Conservatorio de Zurich y, entre 1974 y 1976, composición en Milán con Franco Donatoni, así como música electrónica. Hasta 1980 realiza conciertos y performances en Europa y Estados Unidos, y colabora con el artista italiano Fabrizio Plessi en video conciertos y video instalaciones. A partir de ese año realiza sus primeras instalaciones y esculturas sonoras, trabajando desde 1986 con luz ultravioleta. Ha participado en manifestaciones internacionales como la Bienal de Venecia de 1982, la Documenta 8 de Kassel, Donaueschinger Musiktage de 1996 o el Festival Ars Electronica de Linz. Desde 1994, es profesora de Escultura y Arte audiovisual en la Academia de Bellas Artes de Saarbrücken. Miembro de la Academia de Bellas Artes de Berlín desde 1997. Vive en Berlín.
YA DESDE NIÑA HE TOCADO VARIOS INSTRUMENTOS MUSICALES, y siempre he pintado y dibujado. Me parecía completamente natural ser creativa en diversos campos. Lo difícil fue cuando hubo que tomar decisiones respecto de mis estudios. Me decidí por la pintura, pero ya en 1968 abandoné los estudios descontenta y comencé a cursar música. Pero también aquí fue un problema mi indecisión para elegir entre las ramas artísticas: la formación en las instituciones tradicionales no me dejaba margen libre para el trabajo extraespecífico. Incluso el intento de cosechar nuevas experiencias musicales en una escuela de jazz mediante improvisación resultó una conclusión errónea. Me aburría en el escenario, y ante el caballete igual. En las escuelas y conservatorios no encontraba arquetipos en que orientarme. Sólo a partir de los años setenta, tras superar con esfuerzo los estudios de flautista y compositora, y después de un período relativamente corto como intérprete de música nueva logré, con mis primeras performances, nuevos horizontes. Performance quería decir: proximidad al público, acción e imagen (lo último especialmente en los posteriores video performance). El encuentro con John Cage y estancias de mayor duración en los EE.UU. en los años siguientes me mostraron que el cambio entre las formas artísticas se practicaba en toda regla. Pero sólo con el estudio de la electrónica y de las avanzadas posibilidades técnicas de poder mantener sonidos durante lapsos de tiempo prolongados hallé mi camino para crear los espacios designados comúnmente instalaciones sonoras. Estas son para mí más bien "espacios de percepción que transforman espacio y tiempo en espacios de tiempo y tiempo de espacio."
Durante los años ochenta he trabajado casi exclusivamente en estos espacios no institucionales, convencida de que el arte, para no anquilosarse, ha de tener lugar también fuera de las salas de concierto y los museos. A ese respecto me interesaba menos ir contra los espacios museísticos inapropiados para el arte de la instalación (sobre todo cuando tenía relación con el sonido), sino más bien encontrar lugares (y trabajar allí) que por lo general rara vez son considerados al no ser ni monumento histórico ni objeto de exhibición estatal. Tema central de mi trabajo siguen siendo hoy todavía el recuerdo y la destrucción referidos tanto a arquitectura como a espacios naturales. Muchos de los espacios en los que he creado instalaciones han dejado entretanto de existir. Desde 1980 me he ocupado de forma intensiva de la percepción de espacios, de hacer visibles sus estructuras, historia, decadencia, transformación, huellas que ha dejado el tiempo. Lugares de instalación fueron iglesias, torres, búnkeres, sótanos, casas para derribo, túneles, desvanes, conventos, plantas de industrias y patios interiores, aunque también espacios exteriores como bosques, jardines, parques y acuíferos. Los medios artísticos empleados han sido económicos: cables eléctricos, notas, auriculares electromagnéticos, posteriormente altavoces aplicados según puntos de vista plásticos y luz. Casi cada trabajo iba precedido de visitas al lugar y de averiguaciones sobre su historia. Pese a ello, lo que persigo no es mostrar aspectos históricos, sino el nacimiento de espacios de percepción y paisajes imaginarios, que sólo en la mente del espectador, junto con sus recuerdos personales, formarán un cuadro complejo.
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