El Videodisco

agosto 25, 2021 on 7:04 pm | In colección, hist. fotografía, vídeo y tv | No Comments

Adolfo García Yagüe | Acceso aleatorio frente a otro de tipo secuencial. De esta forma podríamos resumir la diferencia más significativa entre usar un soporte basado en disco frente a otro de cinta magnética. Como conocéis, esta característica nos permite el acceso directo a un corte musical de un LP o localizar directamente un fichero en nuestro disco duro.

Este avance fue decisivo en la reproducción de vinilos de música o en el uso de discos para almacenar y recuperar información, pero ¿Qué pasó con el vídeo? Como veremos, el empleo de videodiscos parecía algo inminente en los años cincuenta, pero no fue hasta 1967 cuando se presentó el primer producto. Este era el HS-100 de Ampex y estaba dirigido al mundo profesional para grabar y reproducir hasta 30 segundos de vídeo sobre un disco magnético y era empleado para la producir la famosa “moviola”, es decir, la repetición a cámara lenta de un instante, generalmente de tipo deportivo. También, en aquel año, David Paul Gregg (1923-2001) obtuvo la patente de un disco óptico transparente que, como veremos más adelante, guarda parentesco con el LaserDisc.

Antes del HS-100 y de la patente de Paul Gregg el impulso innovador llevó a algunas compañías e inventores a plantear ideas donde se trasladaban conceptos ya conocidos al mundo del vídeo. Así fue como un anónimo Antonio Rubbiani presentó en 1957, en el Salone Internazionale della Tecnica de Italia, un disco transparente donde estaba registrado un caudal de vídeo con un corto mensaje de texto. Aquello, haciendo un atrevido ejercicio de imaginación, debería de ser similar al registro óptico de audio que se hacía en el cine donde las vibraciones sonoras son convertidas a imagen y registradas en el celuloide junto al resto de fotogramas para, posteriormente y durante la reproducción, proyectar un haz de luz a su través y excitar a una célula fotoeléctrica. Supongo que Rubianni hizo una aproximación parecida, pero no hay detalles de su invento y aunque el principio pueda parecer atinado, las diferencias de ancho de banda y densidad de información entre audio e imagen hacen imposible este planteamiento por eso, como veremos más adelante, la clave estaba en la aproximación de Gregg.

Videodisco de Capacidad Electrónica
Aquella reutilización de principios también llevó a RCA (Radio Corporation of America) a concebir en los años ‘60 un sistema de videodisco de solo lectura inspirado en los tradicionales microsurcos del vinilo. Este invento, conocido como CED (Capacitance Electronic Disc), se basaba en un disco del mismo tamaño que el de un LP de música, pero cuya densidad era de 10000 surcos por pulgada formando una única pista espiral. En estos microsurcos estaba registrada la señal de video como una sucesión de variaciones de capacidad que eran leídas por un estilete o aguja de tan solo 2,5µm. Aquel estilete, fabricado en diamante, tenía en su parte posterior un electrodo que hacía las veces de una de las placas de un condensador electrónico. De esta forma, la variación de profundidad del surco era el elemento dieléctrico y el interior de disco era la otra placa del citado condensador. Estas variaciones de capacidad eran del orden de picofaradios y con ellas se actuaba sobre un oscilador de alta frecuencia a partir del cual se reconstruía la señal de vídeo modulada en FM.

El disco CED giraba a 450 rpm y en cada rotación del surco se mantenían 8 campos. Recordar que un cuadro está formado por dos campos, lo que significa que en cada vuelta estaban grabados cuatro fotogramas. Por lo tanto, en aquellos surcos era posible registrar hasta una hora de vídeo por cara.

Los discos CED eran tremendamente delicados y venían en una especie de funda o caddy para evitar ser tocados por el usuario y expuestos al polvo o suciedad. Por otra parte, al ser un soporte que requería contacto físico para realizar la lectura, la fragilidad del estilete y el desgaste que éste sufría durante la reproducción obligaba a sustituirlo tras un uso continuado.

El desarrollo de CED pasó por muchos altibajos y, aunque el invento demostró ser viable en 1964, era una proeza técnica para la que fue necesario perfeccionar la tecnología de fabricación del propio disco, el sistema de control y el estilete. Estas razones técnicas hicieron que hasta 1981 no fue presentado el SelectaVision SGT-100, apareciendo este como una alternativa al sistema LaserDisc lanzado en 1978.

Gracias al acuerdo entre RCA y Columbia Pictures, el sistema CED prometía un catálogo de miles de títulos cinematográficos con los que se intentaba animar su adopción. Recordemos que el CED, al igual que LaserDisc, eran sistemas de solo lectura y sus posibilidades de éxito dependían de la existencia de películas para ser adquiridas por un particular. Por eso, una de las razones de la pobre acogida de ambos sistemas, está relacionada con la falta de títulos disponibles y porque en aquellos años pocos usuarios tenían la costumbre de acumular películas en casa y eso que, en teoría, CED y LaserDisc ofrecían más calidad de imagen y prometían ser más baratos que una cinta VHS o Beta.

LaserDisc
El soporte que estaba llamado a revolucionar el mercado era el LaserDisc. Este nacía en el momento adecuado, en 1978, justo cuando Betamax y VHS empezaban a captar la atención del público. LaserDisc venía rodeado de una aureola de modernidad al ser la primera vez que un usuario común tenía acceso a la tecnología láser… y aquello le daba un aire de ciencia ficción y sofisticación inigualable…

LaserDisc, que en su inicio se llamó DiscoVision, fue fruto del trabajo de varias compañías entre las que destacan, Paul Gregg y su patente, MCA (Music Corporation of America), Philips, Magnavox y Pioneer. La primera etapa se corresponde con los trabajos de Gregg apoyados por MCA en su intención de contar con un sistema de vídeo con el que dar salida a la gigantesca colección de títulos cinematográficos de Universal Pictures y sus asociadas. Esto sucedió a finales de los ’60. A pesar de que MCA no era una empresa de electrónica, gracias a diversos acuerdos y un abultado presupuesto, logro presentar un prototipo de videodisco transparente en 1972 según las ideas de Gregg. A pesar de este hito aun quedaba un proceso largo de desarrollo hasta contar con un producto. Fue en aquellos años cuando conoció que Philips estaba trabajando en un sistema de videodisco de tecnología reflectiva -que difería de la suya- y entendió que para continuar necesitaba el impulso de una gran compañía experta en electrónica. Por eso, ambas compañías, MCA y Philips, firmaron un acuerdo de colaboración en 1974. Resumidamente, a través de este acuerdo MCA se hacía cargo de la fabricación de discos y Philips se responsabilizaba del desarrollo y fabricación del reproductor. Para ser capaz de fabricar en EE.UU. y contar allí con una marca reconocida, Philips adquiriría en 1974 la histórica Magnavox y trasladaría a sus viejas plantas de Knoxville, Tennessee, la responsabilidad de fabricar un producto de alta tecnología para aquella época. Los retrasos en la adaptación de la citada fabrica y algunos problemas de calidad obligaron a que miles de unidades de los primeros Magnavox 8000 fueran realmente fabricadas en Holanda y volaran en avión para atender los primeros pedidos a finales de 1978 y 1979.

Hacia 1977 MCA firmó otro acuerdo con la compañía electrónica japonesa Pioneer. Se pretendía que este fuera un acuerdo menor que, ante todo, sirviese de respaldo ante la posibilidad de que Philips decidiese abandonar el proyecto DiscoVision, además, también era una forma de atacar el mercado japonés. Por este motivo en el citado acuerdo se daba derecho a Pioneer a estampar discos, desarrollar reproductores y comercializarlos bajo su marca en Japón. Pioneer, en su aspiración de seguir la estela de fabricantes como Sony y JVC y así hacerse un hueco en el incipiente mundo de vídeo doméstico, empezó a planchar discos ópticos en 1980 y puso en el mercado el VP-1000 en 1981, ya comercializado con el sobrenombre de LaserDisc. A partir de aquí podéis intuir como sigue la historia, Philips-Magnavox van retrocediendo porque DiscoVision no terminaba de captar la cuota de mercado esperada y Pioneer va adquiriendo cada vez más control sobre la tecnología hasta convertirse en la cara visible en todos los mercados.

Si uno ojea la patente de Paul Grebb advierte que se citan dos elementos esenciales para reproducir vídeo y audio en un disco trasparente. Por una parte, al tratarse de sonido e imágenes, la densidad de marcas ópticas será muy alta y de un tamaño microscópico y solo será posible su lectura con una fuente de luz coherente: el recién inventado rayo láser (desarrollado en 1960 por Theodore Maiman). Por otro lado, conocedor de los requisitos de ancho de banda de un caudal de imágenes, Gregg estima que el disco debería girar a una velocidad comprendida entre 1800 y 3600 revoluciones por minuto.

Se podría concluir que aquí se encuentran las dos ideas originales sobre las que se asienta esta tecnología, no obstante, las aportaciones de Philips son esenciales porque avanzan en la codificación del vídeo y audio como una sucesión de microscópicos hoyos donde un láser de 632nm se refleja y sufre un desfase de 180º. Gracias al citado desfase de la señal láser es posible reconstruir una señal eléctrica donde la anchura de esta señal se corresponde con la detección o no de hoyo. Esta señal eléctrica ya es una representación en FM de señal de audio y vídeo.

Este planteamiento de disco óptico con lectura “reflejada” difería de la aproximación de Gregg donde se apostaba por discos trasparentes donde emisor láser y transductor estuvieran a cada lado del disco. Así, en la propuesta de Philips el disco giraba a 1800 revoluciones por minuto y tenía dos caras útiles, situando toda la electrónica y el láser a un lado del disco y con solo dar la vuelta a éste se continuaba la reproducción en la otra cara. También es de destacar que, en lugar de pensar en un único surco en espiral que se lee de fuera hacia dentro, Philips pensó en un disco con pistas concéntricas e independientes que se leen de dentro hacia fuera y donde en cada una de estas pistas solo hay grabado un cuadro o fotograma. Gracias a la tecnología CAV (Constant Angular Velocity) esto permitía congelar la imagen perfectamente y así conseguir registrar hasta 30 minutos de imágenes en cada cara.

En contra de lo que se podría pensar -y lo que le sucedió al CED-, LaserDisc no tuvo una muerte prematura y se mantuvo en el mercado hasta el año 2000. Su caída se aceleró a partir de 1996, momento en el cual apareció el DVD. En aquel año su cuota de mercado alcanzaba un 2% en EE.UU. y un 10% en Japón donde fue el formato preferido en los Karaokes. Durante todo el tiempo fue una tecnología que subsistió como una forma de poseer a nivel particular una videoteca con alta calidad de imagen. En este sentido es importante recordar que el hábito de comprar películas por los usuarios no despego hasta la llegada del DVD ya que en los años 80 y principios de los ‘90 lo normal era alquilar en un videoclub. También merece recordar el empleo del LaserDisc en el mundo de los videojuegos en 1983 en el clásico Dragon’s Lair. En la versión de este juego para máquinas recreativas se recurrió a una solución hibrida de LaserDisc y ordenador donde se presentaban imágenes de fondo logrando una videoaventura de una riqueza visual nunca vista.

En muchos sentidos el LaserDisc era un producto adelantado a su tiempo. Como habéis podido comprobar no tiene nada que ver con lo visto anteriormente, como la grabación magnética o los surcos del vinilo, y sienta las bases de lo que más tarde sería el Compac Disc y el DVD, especialmente en las técnicas de lectura láser y servocontrol porque, recordemos, en el LaserDisc el vídeo y el audio eran registros analógicos, aunque ya podía incluir una pista de audio digital PCM. Es un ornitorrinco de la tecnología.

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