Hace más de cien años...
Aunque el Japón está formado por millares de islas é islotes, su superficie es muy reducida en comparación con la que ocupa la inmensa China, de la que parece una dependencia geográfica. El Japón, que sólo representa 13 centésimas partes de la superficie del globo, es uno de los países más curiosos de la tierra, por su naturaleza, sus habitantes, su historia, los acontecimientos que allí se desarrollan y la inmensa preponderancia que acaba de adquirir en Asia con sus rápidas victorias, asombro de Europa. Entre todos lo pueblos que existen fuera de Europa, América y Australia, el Japón ha sido el único en acoger con buena voluntad la civilización del Occidente, trabajando para asimilarse todas sus conquistas morales y materiales. Para esto no ha tenido, como otros pueblos, la desgracia de perder su independencia, ni de que otra nación victoriosa le haya impuesto por la fuerza sus costumbres. Tampoco el ascendiente de una religión extranjera lo ha agrupado como un rebaño bajo la voluntad de sus predicadores. Los japoneses son libres en política y en religión, y más como discípulos voluntarios que como súbditos entran en el mundo europeo, copiando sus ideas y sus costumbres. Al paso que los chinos, orgullosos de su antigua civilización, y desconfiados de los bárbaros extranjeros que bombardearon sus ciudades y quemaron sus palacios, sólo aceptan las doctrinas de Occidente después de muchas vacilaciones y bajo la presión de los sucesos políticos, los japoneses muestran un entusiasmo juvenil por transformarse en europeos, de igual manera que antes quisieron convertirse en chinos. Desde el punto de vista de los conocimientos científicos y de los progresos industriales, el Japón pertenece ya con derecho al grupo de naciones que tienen la civilización «occidental» ó «aria».
Texto e imágenes procedentes de la Novísima Geografía Universal de Onésimo y Eliseo Reclus. Editada en 1906 por La Editorial Española-Americana. Nouvelle Géographie Uuniverselle fue publicada en fascículos por la editorial Hachette entre los años 1876 y 1896 por Hachette. Posteriormente la obra se reunió en 19 volúmenes. La edición española consta de seis volúmenes y la traducción corresponde a Vicente Blasco Ibáñez, quien además es el autor del prólogo, fechado el 1 de mayo de 1906.
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