Hace más de cien años...
Lo mismo que en China coexisten en el Japón tres cultos, y un mismo individuo puede practicar á la vez los ritos de las tres religiones. El más antiguo es el sintoísmo, verdadero culto nacional. En sus santuarios del «Camino de los Genios» se refugiaron los japoneses retrógrados que pretendían impedir la invasión de las ideas, costumbre, prácticas y la lengua de la China. Su Biblia es el Koziki ó «Historia de las cosas de la antigüedad», la obra más antigua é importante de la literatura japonesa. El confucionismo es solo una moral; pero el budhismo es á la vez una metafísica y una religión de sentimiento, que consuela de las miserias de la vida y ensaña la esperanza de la felicidad y el reposo de ultratumba. […] Primitivamente, los japoneses, como los chinos, coreanos y otros pueblos de Liberia, no tenían más divinidades que las fuerzas de la Naturaleza, á las cuales asociaban las almas de los muertos y los ocho millones de genios que vuelan por el aire ó corren por las tierras. No era posible viven en paz con esas infinitas legiones de espíritus sin ofrecerles continuos donativos. El jefe de la familia, en representación de todos lo suyos, podía alejar á los espíritus malos y conciliarse con los buenos hablándoles como si fueran simples mortales y convidándolos á sus comidas y á sus fiestas. Esta antigua religión de los antepasados, asociada á la de los genios ó kami y á las fuerzas de la Naturaleza, prevalece todavía en el Japón bajo en nombre chino de sinto. Su culto sólo pide á los fieles la pureza del espíritu y del ala, y sus ceremonias se celebran generalmente al aire libre, en los sitos más majestuosos, donde se alzan los miya o yasiro, santuarios consagrados á los genios, que encierran el espejo de crista, símbolo de la pureza y de la adivinación mágica. […] La moral de Kosi o Confucio, introducida en el Japón con todo el ceremonial chino hacia el siglo VI de la Era vulgar, ejerció preponderante influencia en la política, en la administración y en las instituciones policiales, aunque no tiene ninguno de los caracteres de una verdadera religión. Los seido ó «salas santas» no son templos, sino lugares de reunión de los literatos, y el gran seido de Suruga-dai, en Tokio, se ha convertido en biblioteca de de obras europeas, chicas y japonesas […] El culto de Budha, llamado «Chaka» en japonés, se introdujo en el Japón á mediados del siglo VI, según afirman algunos autores, en momentos en que pudo identificarse con los progresos de Occidente, porque llevaba consigo la escritura, las ciencias y las artes. Además sedujo al pueblo por la pompa de sus ritos, por los dogmas de la trasmigración y la redención final, por la infinita variedad de sus santos y sus dioses, entre los cuales se apresuró á incluir a todos los manes de los grandes hombres venerados por el pueblo. Desde aquella época, el budhismo japonés se fue alejando de su lugar de origen apenas mantuvo comunicación alguna con el budhismo del continente, y se dividió en muchas sectas, de las cuales unas pretenden conservar la pureza de la antigua fe y otras se han transformado apoyándose en nuevas relaciones.
El cristianismo tuvo en antiguos tiempos muchos prosélitos en el Japón meridional, pero en la actualidad quedan muy pocos. En 1549 San Francisco Javier desembarcó en la isla de Kiusiu, y poco tiempo después hacía rápidos progresos el culto de Yaso ó Jesús, en el que los japoneses sólo vieron en un principio una secta del budhismo. Los jesuitas fundaron un seminario de Funai, y treinta años después de los primeros ensayos de conversión se contaban ya más de 300 iglesias y 150.000 fieles. Un príncipe japonés, celoso de su nueva fe católica, se vanagloriaba de haber quemado en su feudo más de 3.000 monasterios y conventos bonzos y dirigía una embajada para ofrecer su homenaje de fidelidad al “Grande, Universal y muy Santo Padre del mundo entero, el señor Papa”. La imprudente respuesta de un piloto español, que naufragó en las costas del Japón, hizo cambiar de conducta al dictador Taikosama. «¿Cómo tu soberano ha podido apoderarse de tantas comarcas en el mundo?», preguntó un ministro al español. «Por las armas y la religión – respondió el marino. Nuestros misioneros preparan el terreno, convirtiendo la naciones al cristianismo, y luego vamos nosotros para reducirlas fácilmente á nuestra autoridad.» Inquieto por ver surgir una nueva potencia al lado de la suya, 1587 publicó Taikosama el decreto de expulsión de los jesuitas y lo llevó á efecto diez años más tarde, crucificando á todos los misioneros que encontró. Sin embargo, á pesar de las persecuciones, muchos cristianos conservaron su culto y los martirios se repitieron en diversas épocas.
Texto e imágenes procedentes de la Novísima Geografía Universal de Onésimo y Eliseo Reclus. Editada en 1906 por La Editorial Española-Americana. Nouvelle Géographie Uuniverselle fue publicada en fascículos por la editorial Hachette entre los años 1876 y 1896 por Hachette. Posteriormente la obra se reunió en 19 volúmenes. La edición española consta de seis volúmenes y la traducción corresponde a Vicente Blasco Ibáñez, quien además es el autor del prólogo, fechado el 1 de mayo de 1906.
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