En Marzo de 2010, como jefa jefaza de la extinta editorial NGC ficción!, y siempre pensando en innovar dentro de mi pequeño y recién nacido negocio, tuve la loca idea de rodar una cortometraje con la ayuda de un montón de amigos, y promocionar así el primer título que aparecería en mi editorial en el mes de Abril: la novela de ciencia ficción de Juan Antonio Fdez. Madrigal, Fragmentos de burbuja. En dicho corto, además de entretener y divertir, trasladando a un tiempo muchas de mis filias, también quise hacerle un pequeño homenaje a un lugar que, para mí, había sido mágico casi desde el primer momento en el que puse un pie en él. Efectivamente, tan mágico había sido Radar, que terminó convirtiéndose en mi segundo hogar, y Sevi, no sé si decir que se transformó en una especie de segundo padre, pero desde luego siempre fue un gran amigo; a veces mi confidente, y en cuanto a lo que a música se refiere, uno de mis grandes maestros.

Por otra parte, mi idea con aquel corto nuestro tan amateur, era algo así como decir: «Gracias, Sevi, por todo lo que nos has dado. Quiero que sepas que, vayas donde vayas, tanto tú como Radar siempre estaréis en mi corazón. Y deseo que, gracias a esta pequeña locura, un trocito del Radar físico siempre permanezca en nuestras retinas».
En cuanto a Sevi, por supuesto tuvo el valor de prestarnos Radar durante todo un día de rodaje. Cuando le conté mi idea, no dudó un momento en decir «SÍ», y creo que incluso se divirtió de lo lindo depositando las llaves del bar en mi mano; deseándome que todo saliese bien, para poder verme, una vez editado el corto, por una vez en la vida sirviendo alcohol.

Respecto a la experiencia, fue un auténtico lujo, y no solo porque descubrí que Sevi tenía piernas: fue curiosísimo verle al otro lado de la barra en el momento en el que me hizo entrega de Radar durante unas cuantas horas. También, fue alucinante todo lo que sentí estando detrás de la barra de un espacio tan mítico —efectivamente, yo fui Sevi en el corto—: Imposible describirlo de manera aproximada… y más sabiendo que en breve iba a cerrar sus puertas definitivamente.

Por ello no me extenderé más, salvo para añadir que aquel día me sentí grande, afortunada, al otro lado de aquella inolvidable barra de color naranja (mi preferida, para siempre). Y es que es demasiado significativa la impronta que ha dejado en mí la Era Radar; su decoración final recordándome siempre a una sala de hologramas, sus sonidos electrónicos, sus hipnóticas diapositivas, sus LiveActs… Ahora lamento que, por mi parte, el homenaje haya quedado solo en un pequeño y rarito cortometraje, porque en realidad, Radar (Electronic Sounds Bar) merece todo un documental.

[www.ngc3660.com]

 

 

 

 

 

Radar en el mundo
del cortometraje:
Fragmentos de burbuja

Pily Barba
Editorial NGC Ficción!, 2010