Harakiri
Por último, nos ha llamado la atención la sala destinada al harakiri o seppuku. Esta sala es un espacio bastante sencillo, integrado dentro de un jardín. Allí, como marca el ritual, el suicida se abría el vientre con el fin de obtener una muerte gloriosa. Como curiosidad, la victima tenía que sostener la catana usando un paño para no salpicarse las manos, ya que morir con las manos manchadas de sangre constituía una deshonra. Mientras el guerrero efectuaba el seppuku, un compañero se mantenía a su lado de pie, y si veía a éste sufrir demasiado, le cortaba la cabeza.
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